2011-04-28 13:04 FC Barcelona Por: Administrador

No pueden ni con "Pepeman"



Ahora, sin embargo, las cosas han cambiado. Tanto que casi me reconforta ver al Real Madrid celebrando la Copa como las celebraba aquel Barça que apenas ganaba otra cosa, que se conformaba con el trofeo del KO. “No pasa nada, la Liga está ganada”, cantaban mientras tanto en Barajas los seguidores blancos del Madrid de Luis de Carlos cuando su equipo fracasaba, una y otra vez, en la Copa o en Europa. Aquel “no pasa nada, la Liga está ganada” era un recordatorio a los culés: “quedaos vosotros los trofeos menores, que los grandes son para nosotros”. Sentía admiración, pero también envidia e impotencia, debo reconocerlo. La misma que sienten ahora los ‘merengues’, aunque su endogámica arrogancia no le permita verabalizarlo. Están ‘cresiditos’, como diría ‘Mou’, pero ya se les pasará.

Ahora, 20, 30 años después de aquellos años oscuros para el barcelonismo y de los dos primeros clásicos domésticos de abril de 2011, estamos al cabo de la calle. La Liga será para el Barça y la Copa ya es del Madrid. “¿Dónde hay que firmar?” hubieran preguntado limpiándose la baba los hinchas azulgrana a principio de esta temporada, y de la anterior, y de la otra. Pero la Liga de Campeones es el trofeo que ha de decantar la alegría verdadera de un lado u otro. Porque la Champions es la Champions. De momento, dejemos que los madridistas celebren su bien merecida Copa y vayamos a lo nuestro, a los títulos verdaderamente importantes. Wembley espera.

Sin aspiraciones a pulpo Paul, sabía que el Barça no perdería en el Bernabéu en Liga y estaba convencido que el Madrid ganaría la Copa. Tanto como que la semifinal de la Champions tenía un dueño. El fútbol es tan grande que el favorito casi nunca gana las finales. Y ahora tengo el pálpito, después del festival del Bernabéu, de que el Barça, aún menguado, alcanzará la final de Wembley. Porque este Barça de ahora es el Madrid de antes, el que le gustaría a Roncero, Siro y cía. reeditar. El Barça del siglo XXI no se conforma con la Copa. Ni siquiera con la Liga. Sus objetivos son mucho más ambiciosos. Pero incluso siendo eliminado –que no es el caso- el Barça seguirá siendo un referente mundial con una base sólida y de futuro y el Madrid un elenco de estrellas sin rumbo, ni idea, ni filosofía, ni esquema fijo, al mando de un capitán mercenario que abandonará la nave en un futuro no muy lejano en busca de un mercado nuevo al que embaucar. El planteamiento en los dos partidos del Bernabéu no lo había visto en el Barça en el Camp Nou ni en tiempos de Zuviría o Periko Alonso.

Y aunque parezca contradictorio, me gusta Mou. También Fernando Alonso, por ejemplo, y ambos defienden los colores blancos. Tiene carácter.  No lo ficharía para el Barça –el sueño imposible del portugués-, pero creo que ‘the special one’ es un ‘self made man’, un tipo con estrella que podría retirarse hoy mismo para vivir setenta vidas sin trabajar pero que prefiere chulearle al mundo. A veces ha cruzado el Rubicón, como cuando entró en el cuerpo a cuerpo con el entrañable Manolo Preciado, pero en general suele hacer bien el trabajo por el que le pagan: ganar. Sus estrategias para conseguirlo vienen de serie con el personaje. Así era Stoichkov, y fue ídolo de los culés. Pero la flor de ‘Mou’ se ha marchitado. Al menos este año. Antes de irse a montar pollos en otro campeonato le toca darse de bruces con la justicia, porque la prepotencia es un inapelable boomerang y porque, al final, la inteligencia supera a la fuerza, como la pluma supera a la espada. Las semifinales de Champions son las de Villa, Pedro, Xavi e Iniesta, esos ‘locos bajitos’ que jubilaron a la casposa ‘furia’ para darle a España una Eurocopa y un Mundial gracias al tiki-taka que tanto critican en Concha Espina y que –respetando cualquier vía futbolística para alcanzar el éxito (‘Pepeman’ incluido)- volverán a poner las cosas en su sitio después del sueño madridista de una noche valenciana. Y Messi, que como Maradona come aparte, volverá a reivindicar su condición de doble Balón de Oro. Las urgencias son blancas. ¡Cómo hemos cambiado!, querido Raimon.


Santi Trubat


Deja tu Comentario