2016-05-01 16:05 Opinión Por: Administrador

¿Debe pedir perdón el Barça por la violencia de sus rivales?



Pedro Riaño A falta de mejores argumentos, desde la Caverna se atiza al Barça con la intención de desprestigiar su liderato en la Liga BBVA recurriendo a las expulsiones en los equipos contrarios y a la facilidad de los árbitros paa señalarle penaltis a favor. Parece como si el FC Barcelona debiera pedir perdón por la violencia con la que se emplean algunos rivales con el fin de frenar a las estrellas de su equipo. La expulsión de Westermann en el Betis-Barça es un claro ejemplo. Salió al campo dispuesto a frenar al Barça como fuera. Se ganó a pulso la tarjeta amarilla  agarrándo a Messi y poco después frenó un avance de Rakitic con una entrada brutal. Era el minuto 35 y el Betis se quedó con diez hombres. ¿Y qué? Ni el propio Westermann, consciente de su torpeza, se atrevió a protestar su expulsión. ¿Qué culpa tiene el Barça de contar con los mejores jugadores y que los rivales no encuentren más salida que la violencia para frenarles? ¿Debe disculparse el Barça por las entradas fuera de lugar de sus rivales? Es un problema de ellos, no del Barcelona. Lo mismo sucede con los penaltis. Es cierto que al Barça le han señalado muchos penaltis a favor: 19. Tan cierto como que deberían haber alcanzado la treintena si los árbitros hubieran aplicado el reglamento con justicia para sancionar todo lo que ha sucedido en las áreas rivales. En la anterior jornada, ante el Sporting, el colegiado señaló tres penaltis. Pero es que hubo dos más. ¿Parece excesivo? Si son penaltis, hay que pitarlos. Es normal que al equipo que más pisa el área le piten más penaltis a favor que a los demás. No en vano, el cuadro de Luis Enrique lleva anotados 104 goles. El Real Madrid ha marcado un gol más, pero vive del contragolpe y sus delanteros pasan poco tiempo en el área contraria. Los delanteros del Barça viven allí. Tratan de ensuciar los méritos del Barcelona por el pánico que produce que llegue el doblete mientras otros se puedan quedar en blanco. Otra vez. Es la historia de siempre, la que deja retratados a los perdedores. A los malos perdedores.

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