2017-03-10 16:03 FC Barcelona Por: Administrador

Pedrerol no fue el único al que le entraron las prisas por matar al Barça



Fede Peris Curioso: Josep Pedrerol, Eduardo Inda, Francisco Marhuenda. Dios los cría y ellos se juntan. Comparten amistad, cadena de TV, filias y fobias. Entre las fobias destaca el Barça, naturalmente, porque contra el Barça se vive mejor. Los tres tienen ahora algo más en común. Los tres, como siguiendo un guión caído del cielo y enviado por alguna divinidad sobrenatural, coincidieron en eliminar al Barça de manera precipitada de la Champions League. Los tres hicieron el ridículo por igual, aunque el de Pedrerol fue mayor por el impacto e incluso se ha visto obligado a parecer que es del Barça para rebajar el clima de crítica despiadada generado. También Francisco Marhuenda (La Razón) y Eduardo Inda (OK Diario), con plaza reservada en el palco de las influencias del Bernabéu, cayeron en el mismo error. Sus páginas digitales eliminaron al Barça cuando el partido que el enfrentaba al PSG aún no había acabado. Curioso. ¿Se habrían puesto de acuerdo los tres? Pensarían que su poder de influencia bastaría para que su deseo se convirtiera en realidad? ¿A tanto han llegado? El Barça les chafó la alegría y les dejó el champán sin abrir. Tanto Inda como Marhuenda retiraron rápidamente la información colgada en Internet en cuanto el Barça le dio la vuelta al partido. Pero se produjeron las suficientes capturas como para que su error se convirtiera en un   fenómeno viral en las redes sociales. Le tienen tantas ganas al Barça que hasta les entran las prisas por verle fuera de Europa. No pueden esperar. Este gran patinazo ha servido para darle una lección a la Caverna: Una cosa es el deseo y otra la información de la realidad. Habitualmente este tipo de personajes mezclan el deseo con la información y sus noticias no dejan de ser puro deseo: buenos augurios para el Real Madrid, catástrofes para el Barça. Y luego la realidad les deja con el culo al aire. Eso exactamente es lo que ha pasado ahora. Les ha podido el deseo. Y el deseo no siempre coincide con la realidad.

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