2011-04-02 13:04 FC Barcelona Por: Administrador

Pep empieza a preparar su asalto a la presidencia



El “feeling” que mantiene el entrenador con el presidente no es lo suficientemente intenso como para que Pep se comprometa con el Barça hasta que los socios se cansen de él, que es lo que querría Sandro Rosell y todos los barcelonistas. Pero Pep no está dispuesto a hacer concesiones a nadie y al presidente no le queda más remedio que aceptar su voluntad y aplaudir eso de renovar de año en año, algo que por no entender no entiende ni él.

El rapapolvo público que Pep le dedicó a su jefe por su resbalón a lo Mourinho, unido a esas declaraciones a la RAI, ante un micrófono y mirando a la cámara, en las que anunciaba su final en el Barça dan pie a pensar que Guardiola puede acabar en el Barcelona como entrenador igual que como jugador, marchándose a Italia sin dar opción al presidente a negociar su continuidad. Hay algo que no acaba de funcionar bien entre las dos grandes figuras institucionales del club: “yo no lo hubiera dicho”, “se lo podía haber ahorrado”, “no le conozco demasiado”. ¿Pep no conoce demasiado a su presidente? ¿Y qué esperan para presentarse mutuamente?. “Un error de este tipo hace que aprendas”, “es imposible que ganemos 5-0”, “estas declaraciones van contra la filosofía del club”, “si les ha sentado mal al Real Madrid, pido perdón”. Demasiadas indirectas. Más bien directos a la mandíbula. Si Pep quería tensar la cuerda, lo ha conseguido. Y Pep no deja nada a la improvisación. Le ha salido así porque así tenía que ser. De la misma manera que lo de las declaraciones a la RAI tampoco es casual. Ha salido ahora porque tenía que salir ahora.

El barcelonismo pensaba  que el presidente circulaba en la misma dirección que Pep. Pero el propio Pep se ha encargado de desmarcarse a la primera oportunidad que se le ha presentado. Es difícil imaginar una situación parecida en el Real Madrid. Y eso que allí está el incendiario Mourinho. Ese coscorrón que Pep le ha propinado  a su presidente ha venido a confirmar que quien marca la línea es él y que cuando alguien desobedece sus consignas se va directo al banquillo. En el caso de Rosell, al banquillo de los acusados y señalado con el dedo del nuevo gurú del barcelonismo. No es extraño que Rosell haya dicho que si Pep se presenta a presidente, él le votará. Por ahí van los tiros. El barcelonismo tiene cada vez más claro en quién se puede confiar y en quién no.

Pero antes de que Pep se plantee lo de la presidencia, tiene que salir del club, iniciar una nueva aventura en otro lado y esperar a que el barcelonismo llame a su puerta para volver como un salvador. De momento, va buscando argumentos para justificar su marcha. Y los encuentra.




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