2014-03-20 11:03 FC Barcelona Por: Administrador

Pep Guardiola mostró su lado más cobarde huyendo del Barça



Pedro Riaño

Parece ser, ahora,  que Pep Guardiola no se vació en el Barça ni necesitaba experimentar nuevas culturas. El propio Guardiola ha rectificado a sus escribanos, apóstoles y arcángeles sin más misión en esta vida que comunicar sus buenas nuevas, y ha admitido que se fue del Camp Nou en un arranque de cobardía. No ha empleado esta palabra, pero se le entiende perfectamente cuando admite que no se veía capaz de motivar a sus futbolistas y reconoce problemas con las primeras espadas de la plantilla. Guardiola, que es más listo que nadie, también fue cobarde. Y no se atrevió a protagonizar la transición cortando cabezas de futbolistas que han escrito páginas brillantes en la leyenda del club. Mejor que venga otro y lo haga por él.



Guardiola no quiso ser tan torpe como su maestro Johan Cruyff que, en lugar de irse del Barça en el sexto año de su etapa como técnico, prefirió, en un ataque de genialidad, seguir cobrando de Núñez y afrontar el desmantelamiento del Dream Team de los Zubi, Bakero, Txiki, Laudrup, Stoichkov, Romario, Koeman, Salinas, Eusebio y compañía sustituyéndolos por su hijo, su yerno, Eskurza, Escaich, Korneiev, Jose Mari, Pablo, Kodro, Prosinecki, Hagi o Arpón. El hostión que se pegó fue morrocotudo. Y de la historia hay que extraer conclusiones. Guardiola lo ha hecho y ha preferido que sea otro el que se exponga al batacazo emprendiendo una tarea tan impopular como es abrir la puerta de salida a los históricos mitos para dar entrada a otros nuevos que ni han ganado tres Champions, ni seis ligas ni están presentes en el corazón de los aficionados culés. Y él ya tenía el cupo de errores cubierto con Chygrynskyi, Ibrahimovic, Martín Cáceres o Hleb.

Es un tema delicado. A Cruyff le costó el puesto creerse que el Barça ganaba por él y no por la excelencia de sus jugadores. Pep Guardiola ha superado en talento a su maestro y no cometerá el mismo error. Él sí sabe que sin Messi, sin Iniesta, sin Xavi, sin Puyoil y sin Valdés su milagro no habría sido posible. Pero es ley de vida y hay que sustituirles. Y él ha optado por echarse a un lado, en Múnich, que está lo suficientemente lejos, para que otro cualquiera haga el trabajo sucio. El Tata Martino, por ejemplo. Que se estrelle él, que se lleve los malos rollos de la prensa y de los aficionados, y que le limpie el terreno para su vuelta. Porque Pep volverá para empezar de cero y arreglar el trabajo mal hecho que los demás habrán desarrollado en su ausencia.

Y volverá como un mesías. De entrenador, de director general, de presidente o de adjunto a Dios. Pero volverá. Y nadie se acordará de que un día fue cobarde y no se atrevió a encarar la tarea de arreglar el club de sus amores desde dentro. Perdió su magia con los jugadores y no quiso sustituirlos. Fue cobarde entonces, como cobarde fue marchándose del Barça en su época de futbolista para arrastrarse en el Valladolid italiano, que le motivaba entonces mucho más que el club de sus amores, especialmente a final de mes.



A muchos se les habrá caído un mito escuchando a Guardiola reconocer que no era capaz de motivar a sus jugadores. Curiosamente, a Martino, que todavía no ha acabado de entender dónde está, se le exige que en unos meses sea capaz de conseguir lo que para Guardiola era imposible. Mucho recuerda la situación de Martino al linchamiento en vida que recibió Bobby Robson. El pecado de Martino es que su sola presencia cuestiona la historia de Guardiola y además se sienta en un banquillo que el purismo tiene reservado en exclusiva a catalanes y holandeses (exceptuando a Van Gaal, claro). El pecado de Robson fue, simplemente, que le tomaron por un "okupa" en un banquillo que parecía ser propiedad exclusiva de Johan Cruyff.

El tiempo acaba poniendo a cada uno en su sitio. También a los que se fueron del Barça sin explicar los motivos a sus socios y luego acaban descubriendo sus secretos a la audiencia alemana en una confesión comercial. Es la hora de los valientes en el Barça, toda la temporada está en juego. Y que nadie cuente con Pep. Está fuera. Ha salido.


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