2012-06-13 09:06 FC Barcelona Por: Administrador

Que pidan perdón y que rueden cabezas



Es momento de autocrítica. Ya no se pueden echar balones fuera y hay que afrontar la realidad, aunque sea muy cruda. En deporte se puede ganar y se puede perder. Pero siempre con dignidad. La camiseta y el escudo que representan obligan a mucho, a mucho más de lo que está ofreciendo un equipo que no es digno de un club ganador como el FC Barcelona. Sandro Rosell heredó un equipo campeón de Europa. En apenas dos años lo ha dejado morir. Los gestores de una sección con presupuesto millonario han echado a perder una súper plantilla despreciando la cantera y poblando el vestuario de mercenarios de medio pelo. Se han equivocado con las bajas de este año:  Lakovic, Morris, Basile, Grimau (cómo hemos echado de menos la garra y la vergüenza torera del ex capitán) y han errado gravemente con incorporaciones millonarias que lejos de aportar un plus de calidad han hundido al equipo en la miseria. La gestión no ha podido ser más nefasta mientras seguimos esperando el Palau prometido y el equipo se mantiene en la Euroliga por caridad y sin cumplir los requisitos de un pabellón que no reune los servicios mínimos.

Al entrenador le han ninguneado filtrando tratos con Zelko Obradovic, pero tampoco él, Xavi Pascual, se salva de la quema. Este Barça, el suyo, se ha convertido en Navarro y sus amigos. Si Navarro está afortunado el Barça gana. Si Navarro no tiene el día, no hay alternativas, porque este equipo no sabe jugar a otra cosa que no sea celebrar los triples de Navarro. Hay calidad sobrada en los hombres altos, pero no se juega para ellos. Porque no se quiere o no se sabe. Mickael es una sombra de lo que fue, Ingles y Wallace no tienen nivel para jugar en este equipo. Eidson ha sido un fiasco. Huertas y Sada pueden ser dos magníficos suplentes, pero nunca los directores de juego titulares. No se puede ir por la vida intentando ganar títulos sin un base de primer nivel. Es como si el Barça de fútbol quisiera ganar la Liga y la Champions con Pinto de portero. Desde que se fue Jasickevicius -y ya va para diez años- el Barcelona no ha vuelto a tener un base como Dios manda. Fichan a Perovic y luego resulta que no tiene calidad ni para dar de alta su ficha. Es decir, cobra, y mucho, solamente para hacer bulto en los entrenamientos. Fran Vázquez, un jugador con unas posibilidades extraordinarias, apenas tiene protagonismo y N´Dong aguanta el tipo después de que el pasado verano le dijeran que querían echarle. Y Lorbek ya no puede con todo. Él solo no puede tapar todos los agujeros que se producen cuando no entran los triples de Navarro.



El espectáculo ofrecido esta noche en Madrid es inadmisible. E imperdonable, aunque dudo que alguien se atreva a pedir perdón. Se suprimen secciones, se recortan presupuestos, se eliminan las fotocopias en color en las oficinas, pero en el baloncesto del Barça el derroche económico es una constante que no cesa y que empieza a ser preocupante. Alguien puede pensar que bienvenido sea el derroche si se traduce en títulos y gloria. Pero cuando el derroche sólo sirve para recibir humillaciones como la de esta noche, convendría que los responsables salieran por la puerta y se dedicaran a otra cosa dejando al Barça en paz y libre de su incompetencia. No lo han podido hacer peor. Y es que tampoco sería justo cargar las tintas sobre los jugadores. Hay lo que hay y no se puede pedir lo que no pueden dar. La culpa no es suya. La culpa es de quienes los han vestido de blaugrana y luego no los saben dirigir, los mismos que les exigen títulos desde la ignorancia de quien no sabe que para ser campeón se requiere un mínimo de calidad que este equipo no tiene.

Hacía años, muchos, muchísimos años que el equipo de baloncesto del FC Barcelona no proporcionaba una imagen tan patética. Se lo han cargado de manera miserable. Había que echar al capitán Grimau porque no daba la talla y nos tenemos que tragar a mediocres como Wallace o Ingles por la gracia de quienes toman decisiones a la ligera desde un despacho. Aquí sí que se ha acabado un ciclo, el ciclo de un Barça ganador, arrollador, espectacular y orgullo del barcelonismo. Ese equipo maravilloso que alcanzó la cúspide en la Euroliga y que Laporta dejó como legado es ahora un grupo desangelado e irreconocible que depende absolutamente de Navarro y que no da para más, porque quienes tenían que rodear de calidad a la indiscutible estrella blaugrana se han equivocado gravemente. Y ahora el ciclo es del Real Madrid, que tiene una plantilla con doce excelentes jugadores. Es normal que se pasee ante un Barcelona que apenas puede oponer a cinco o seis jugadores de primer nivel. Y luego pasa lo que tiene que pasar. Se pueden ganar partidos de forma milagrosa con un triple en el último segundo, pero la imagen que está ofreciendo este play off es la de un Madrid infinitamente superior al Barcelona. Nada hace pensar que este equipo pueda darle la vuelta a la eliminatoria y forzar el quinto partido en el Palau. Este Barça es un equipo pequeño. No es nuestro Barça, que nos lo han cambiado.

Y de la misma manera que en los bancos los desfalcadores se van de rositas, aquí no se irá nadie. Reclamaciones, al maestro armero. Para irse hay que tener vergüenza, y de eso no andan sobrados quienes han llevado al Barça a una ciénega de la que costará años salir. Son muchos, demasiados años disfrutando de un dominio insultante sobre el Real Madrid como para que de la noche a la mañana el barcelonismo deba despertar de su sueño y asumir algo que parecía imposible en las dos últimas décadas: el Real Madrid es superior al Barcelona en baloncesto.



¿Va a hacer algo, señor Rosell, o ya le está bien así?


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