2013-10-09 17:10 FC Barcelona Por: Administrador

Roncero dixit: "La culpa de todo es de Guardiola"



Joan Tubau

Según la versión de Tomás Roncero los 14 títulos que consiguió Pep Guardiola durante los cuatro años que dirigió al FC Barcelona (8 nacionales y 6 internacionales) no fueron el producto de una filosofía de juego que ha maravillado al mundo y que todavía causa sensación, sino el resultado de las órdenes de Pep a sus jugadores para que se tiren.



La insidia no puede ser mayor. 14 títulos en 4 años ganándose la admiración del mundo entero se resumen en una orden: "¡al suelo!". Así cree Roncero que el FC Barcelona de Guardiola, de Tito y ahora de Martino se ha ganado el respeto del mundo, ha conquistado más títulos que nadie y ha marcado más goles que nadie. Tirándose. Para Roncero no existen las jugadas mágicas de Messi, las triangulaciones de Xavi, las croquetas de Iniesta... Eso es sólo una pesadilla para él. Eso no ocurrió. En realidad el Barcelona ganó esos 14 títulos tirándose al suelo y haciendo cuento.

Para marcar una época como ha hecho el FC Barcelona en los útlimos años con estos jugadores hace falta algo más que fingir. Tres años con Mourinho justifican que tipos como Roncero piensen que los demás también son tramposos, pero hay otro fútbol, que no precisa de patadas, pisotones ni dedos en el ojo. Y ese fútbol es ganador. ¡Que se lo pregunten a España!

Lo otro, lo de fingir, lo tienen que hacer los que quieren y no pueden, los que acusan de antideportivos a los demás mientras le meten el dedo en el ojo al entrenador contrario, los que tienen que justificar sus fracasos de alguna manera. A ellos les gustaría reducir la gloria de este Barça a una pura simulación. Pero es real. Tan real como que el Real Madrid, arreando garrotazos con Mourinho, ha ganado en tres años una liga y una Copa. Y, eso sí, ha llegado a tres semifinales de Champions después de una eternidad cayendo en octavos.  Poco es para compararse con Guardiola.



La conclusión que queda es que mientras unos zurraban, los otros caían. Y nada mejor para justficar el reparto indiscrimado de garrotazos que acusar a las víctimas de fingir. Nada mejor para el verdugo. Que se lo pregunten a Pepe, que se lo ha creído y va por la vida convencido de que él es un angelito y los malos son los demás, que se tiran.


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