2012-07-23 08:07 FC Barcelona Por: Administrador

Rosell negoció mal la venta de Ibrahimovic



Cuando Adriano Galliani viajó a Barcelona hace dos años para materializar la contratación de Zlatan Ibrahimovic por el Milan, las negociaciones se prolongaron por espacio de diez días. Comidas y cenas en los restaurantes más lujosos de Barcelona se sucedieron para negociar los flecos que permitieran cumplir el deseo de Guardiola de sacarse de encima al delantero sueco.

Finalmente se pactó un precio de 24 millones pagadero en tres plazos de 8 millones, el último de los cuales vence en los próximos días. Fue una negociación ardua y laboriosa entre las tres partes: Sandro Rosell, Adriano Galliani y Mino Rahiola, el respresentante del jugador. Llegó a pensarse, incluso, que la operación no podría cerrarse porque las partes no conseguían ponerse de acuerdo. Finalmente llegó el pacto y se consumó una venta que suponía para el Barça la pérdida de casi 50 millones de euros.



El Milan sabía que jugaba con ventaja porque era pública y notoria la intención de Guardiola de deshacerse del jugador. El Barça estaba obligado a vender al precio que fuera y Galliani supo aprovecharse de la situación. Sin embargo sorprende que después de tanta negociación, de tanta discusión de los flecos, nadie del FC Barcelona se tomara la molestia de añadir al contrato de venta una cláusula mediante la cual el club blaugrana pudiera resultar beneficiado de una posible venta del jugador en el futuro, como así ha sucedido. Dicha cláusula es habitual en muchos de los contratos que se firman actualmente. El Milan ha vendido ahora al jugador por 21 millones al París Saint Germain y el Barça no ha visto un euro por esa operación, lo que dice muy poco de la capacidad negociadora de los que en ese momento defendían los intereses del FC Barcelona.

En los tiempos de crisis que azotan a la sociedad española, sorprende que el FC Barcelona, que ahorra hasta en fotocopias, se desprediera tan alegremente de una de sus estrellas sin garantizarse un ingreso en el caso de que el Milan, que se llevó al jugador a un precio inferior al de su cotización en ese momento, pudiera hacer negocio con él en el futuro. A esta directiva no le tiembla el pulso cuando decide retirar del abono de los socios el partido de la supercopa para hacer caja a costa de perjudicar a los propietarios del club o recortando el presupuesto de las secciones a costa de debilitarlas. Sin embargo, cuando debe luchar por la defensa de los intereses económicos del club parece comportarse como un nuevo rico al que le sobra el dinero.


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