2012-09-07 10:09 FC Barcelona Por: Administrador

Rosell prepara un pelotazo con el Camp Nou



 "Autorización para la convocatoria de un referéndum para el proyecto inmobiliario del estadio". Es el punto quinto del orden del día de la asamblea de compromisarios que celebrará el FC Barcelona el próximo 22. Es el único punto que se aparta de la rutina habitual de cada asamblea: informe del Presidente, liquidación del ejercicio económico 2011/2012, presupuesto del ejercicio económico 2012/2013, presentación del Plan Estratégico 2012-2016, propuestas de socios y socias, informe del Síndico de los socios y socias. turno abierto de intervenciones...

Parece evidente que esta junta directiva tiene un fundado interés en mover el tema del Camp Nou. De pronto el estadio blaugrana se ha hecho viejo y urge abrir el debate sobre su restauración o directamente su demolición para construir otro nuevo. Sin embargo, ese debate no está en la calle. La junta no somete el punto quinto a la aprobación de los compromisarios porque los socios lo hayan reclamado. Se trata de una decisión unilateral que nada tiene que ver con la voluntad mayoritaria de los verdaderos dueños del club.



Si el proyecto Foster, auspiciado por Joan Laporta para remodelar y embellecer el Camp Nou, estaba presupuestado en 300 millones de euros, la construcción de un estadio nuevo podría alcanzar un coste aproximado de 600 millones, una cifra que está fuera del alcance de la tesorería del club atendiendo a las cifras oficiales que esta misma directiva explica sobre la deuda. A partir de esta realidad irrefutable, está de más plantear al socio la alternativa de un campo nuevo que no se puede pagar o que, de hacerlo, pondría en serio peligro la estabilidad financiera de la entidad.

El referéndum planteado no deja de ser una propuesta demagógica porque si se le pregunta al socio si prefiere seguir en el Camp Nou o cambiar a un nuevo estadio moderno y maravilloso que cuenta con todas las comodidades, no es difícil adivinar cuál será el resultado de la consulta. Sucede que si se realiza el referendum y el socio vota campo nuevo, habrá que comprar unos terrenos que, automáticamente, se habrán revalorizado. Otra cosa sería adelantarse a la jugada adquiriendo ahora un solar aprovechando el momento de caída de precios, pero eso sería jugar con ventaja y enseñar unas cartas que a día de hoy parecen marcadas.

Lo cierto es que el socio del Barça está contento con su estadio y que espera de su directiva que lo mantenga en el mejor estado posible. Sólo eso. Da la sensación de que el debate artificial que se ha abierto pretende justificar movimientos ingentes de dinero al tiempo que esparce la sombra de la duda sobre beneficiarios colaterales de lo que tiene el aspecto de ser un auténtico pelotazo inmobiliario.  Uno espera equivocarse, pero detrás de tanta prisa por llegar a un referéndum veo la sombra alargada de Florentino Pérez, ávido por llevar sus grúas ociosas al nuevo Camp Nou de su amigo Sandro Rosell. No será ACS quien se encargue de la obra, pero la sombra de Pérez es alargada.



 


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