2011-05-11 15:05 FC Barcelona Por: Administrador

Rosell vuelve a fallar: 3.621 compromisos bajo sospecha



De entrada suena a chiste que tratándose de un estadio cuyo aforo es de 90.000 plazas, sólo 48.720 vayan a parar a manos de los dos clubs que protagonizan la final de la Champions. Casi la mitad. ¿Qué hará la UEFA con las 41.280 entradas que no pone a disposición de las aficiones de los dos finalistas? Es un tema que huele mal y ya viene de lejos, pero nadie pone solución. Ni los de antes ni los de ahora.

Pero es lo que hay. El FC Barcelona dispone de 24.360 entradas, de las cuales 220 han sido reservadas para socios con movilidad reducida. De las 24.140 restantes, únicamente 16.415 han entrado en el bombo del sorteo de hoy (7.940 entradas menos de las que la UEFA ha enviado al club). Desde el club aseguran que 4.104 irán a parar a las penyes, con lo que el cupo de entradas reservadas a socios se reduce porque los peñistas no son necesariamente socios del club.



Restadas todas estas asignaciones, queda un 15% (3.621 entradas) que la directiva se queda para sus compromisos. Algo parecido a lo que ya hacía con total impunidad Joan Laporta, con la diferencia de que Sandro Rosell siempre criticó las formas poco o nada transparentes del anterior presidente en este asunto. Pues bien, Sandro Rosell no lo está haciendo mejor. Tranquiliza su conciencia afirmando que si Laporta se quedaba el 20% de las entradas para sus compromisos, él "sólo" se aparta el 15%. Pero la sombra de la duda, del mal uso de esas localidades no se disipa porque a nadie le interesa hacer público su destino.

Al socio no le costaría nada comprender que cada jugador se lleva, por ejemplo, 50 entradas. O que Qatar Foundations se queda mil. O que Audi se reserva 200. O La Caixa 300. También el socio entendería que cada directivo se meta en el bolsillo 5 entradas, como sucedió en el precedente de Wembley en la época de Núñez, aunque parece ser que serán más. Pero no hay transparencia, existe miedo a explicar las cosas y las dudas crecen y crecen. Cuando no se informa es porque no interesa informar. Y si no interesa es porque hay gato encerrado. Y si no lo hay, lo parece.

Esta directiva está obligada a dar explicaciones sobre cómo administra el club a sus auténticos propietarios. 96.267 dueños del FC Barcelona quisieron viajar a Wembley y entraron en el sorteo. 80.852 se han quedado con las ganas para que 3.621 amigos, amiguetes, amigachos, clientes, primos, cuñados y otras gaitas ocupen sus localidades. Para esta directiva es una obligación moral, ética y estética dar las explicaciones que merecen los dueños del club, a los que no se les puede dejar una vez más en la ignorancia sobre un tema tan serio en el que ya llueve sobre mojado. Una cosa era que el pintoresco Joan Laporta, fiel a su estilo, fuera a las finales con los bolsillos llenos de entradas repartiéndolas entre los suyos a diestro y siniestro, y otra que este presidente que se autodefine como el "presidente-socio" ningunee a sus consocios negándoles una información a la que tienen derecho.



No sólo está faltando Rosell a sus promesas electorales. Está defraudando a esos socios que hicieron de él el presidente más votado de la historia y ha convertido en papel mojado ese famoso Código Ético del que presumía y que no sirve para nada si su primer mandamiento no es el del respeto absoluto al socio. Es hora de dejar de abusar del socio. Se le quitan partidos del abono, se le esconden entradas para las finales... ¿Qué más? Rosell parece empeñado en poner obstáculos al ejercicio del barcelonismo al culé de a pie mientras los compromisos de la directiva viajan a donde no deben y aparcan donde no corresponde.

Mientras esa lista de compromisos no se haga pública desde la más absoluta naturalidad, Sandro Rosell y su junta estarán bajo sospecha. Lo tienen fácil. Sólo hay que explicarle al socio la verdad. Facilísimo. Insisto en que el socio lo entiende todo, pero es hora de dejar de ningunearle y explicarle las cosas como son. Los abusos son tema de otras épocas. Y esto es un abuso. Lamentablemente, Sandro Rosell sigue el camino marcado por Joan Laporta: "Primer, jo".


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