2011-12-27 13:12 FC Barcelona Por: Administrador

Sala i Martín, culé de conveniencia I



"Yo votaré a Laporta", escribió en La Vanguardia en 2003 Xavier Sala i Martín. Y fundamentaba su decisión en que en su candidatura iba un vicepresidente deportivo con experiencia universal, Sandro Rosell. Un buen motivo, sí señor. Así pensaba en 2003 este economista nacido en Cabrera en 1963 y conocido por el dudoso gusto de las americanas que viste y que utiliza para diferenciarse de "los borregos intelectuales”.

Fan de Sandro Rosell
Durante las elecciones de 2003 Sala i Martín no ocultaba su admiración por el luego "traidor" Sandro Rosell en un artículo publicado en La Vanguardia el 11 de junio de 2003: "Ya sabemos quiénes serán las figuras claves de la estructura deportiva del club. Joan Laporta cuenta con Sandro Rossell. Lluís Bassat propone a Pep Guardiola. Sandro Rossell fue un alto ejecutivo a nivel mundial para los temas de fútbol de la empresa Nike. Para desempeñar ese cargo, tuvo que mantener una red global de observadores de deportistas, pelearse con empresarios, futbolistas y representantes, tuvo que estar metido en el mismo mundo en el que deberá actuar como responsable del área deportiva del Barça. Se trata, pues, de una persona con mucha experiencia en el complicado mundo del negocio futbolístico". Seis años después diría de él en El País: “Lo curioso es constatar que en el lado equivocado de todas esas decisiones capitales estaba Rosell, que no puede ver a Txiki, que quería a Scolari, que no quería fichar a Eto'o para no irritar a Florentino Pérez y apostaba por Adriano, como si el presidente del Barça tuviera que claudicar ante el del Madrid”. Una espectacular mutación en un hombre que o no sabe de qué habla o miente (antes o después) o defiende lo que le dicen que defienda.

No cree en Guardiola
Pero las contradicciones no se acababan aquí. En el mismo artículo sostenía en 2003: “Pep Guardiola fue un gran jugador. Uno de los mejores. Pep siempre demostró serenidad, prudencia y sentido común. El problema es que Lluís Bassat no quiere contratar a Pep como jugador, sino como director deportivo, cargo en el que no tiene ninguna experiencia. Es verdad que uno aprende trabajando. Pero también es cierto que, en el proceso, uno comete errores de calado. Ninguna empresa multinacional contrataría a un estudiante recién graduado para ejercer de director general. Y el Barça tampoco debería hacerlo. El Barça necesita profesionales consagrados, que conozcan el mercado ahora (no el año que viene) y que den resultados inmediatos. Cuando Bassat nombra a Guardiola para una posición tan importante demuestra que antepone la “publicidad electoralista” a la “eficiencia económica”. Sí, Pep le puede dar votos, pero el paso de Gaspart por la presidencia nos demuestra que lo realmente importante es la gestión tras las elecciones”. Sala i Martín no quería becarios, despreciaba a Guardiola y apostaba por Rosell. Luego acabaría rindiéndose incondicionalmente a otro becario, Txiki Begiristain, que no aportaba la experiencia que él reclamaba para su función. Guardiola no servía, por inexperto. Txiki, con las misma horas de vuelo (cero) en cambio luego fue el secretario técnico ideal. Quiero pensar que las argumentaciones macroeconómicas de este caballero ofrecen más consistencia que sus frágiles sentencias futbolísticas.

¿Payaso?
Recién nombrado presidente de la Comisión Económica y Estatutaria del club, Xavier Sala i Martín manifestaba a Mundo Deportivo: “Cuido de que el club no se gaste todo el dinero ni haga 'trampas', como ha sucedido en otras ocasiones y con otros presidentes”. La suya, sin duda, fue una acertada designación a dedo. Éste no le saldría rana a Laporta, como Rosell, Soriano y tantos otros. Éste también era de los que pensaban que la honestidad en el Barça no existió hasta que él y sus amigos aterrizaron en el Camp Nou. Sin embargo, Laporta le dejó con el culo al aire en este tema. Mientras Sala i Martín denunciaba “trampas” de otros gobernantes, el presidente no era capaz de encontrarlas. ¿Mentía quizá el mediático economista famoso por sus americanas? “No volverán a repetirse situaciones sospechosas porque creo ciegamente en esta junta, en Laporta, en Soriano… Son gente honesta. No los conocía antes de nada pero si no me fiara de ellos no habría aceptado nunca este cargo ya que, si ellos engañan, yo quedaría como un payaso, sería un suicida teniendo en cuenta mi prestigio en el mundo. Yo vivo de mi nombre, de mi reputación y no puedo permitirme que en el Barça haya un desfalco”. Insistía en la denuncia de las “situaciones sospechosas” que se dieron en el pasado con la misma energía que Laporta empleaba echando tierra sobre las alfombras. No iban coordinados. Interesante, por otra parte, la afirmación: “Si ellos engañan, yo quedaré como un payaso”. Lo decía él. Se fue del Barça anunciando un superávit de 11 millones que luego se vio que eran casi 80 de pérdidas. El panorama económico que él dejó exigió de un nuevo crédito por valor de 150 millones y obligó a Rosell a malvender a Chygrynskiy deprisa y corriendo para pagar las nóminas de junio de 2010. Su prestigio, su nombre y su reputación, en entredicho. Y no permitió un desfalco, permitió el uso indebido del dinero de los socios en los caprichos inconfesables del presidente.

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Evitar el despilfarro
Para ganarse el privilegio de convertirse en presidente accidental del club cuando se produjera un vacío de poder o se convocaran elecciones, Sala i Martín tuvo que acumular méritos haciendo la pelota hasta límites insospechados: ”Soriano tiene grandes ideas, es un hombre muy inteligente y dedica más de diez horas diarias al Barça sin cobrar un euro cuando en una multinacional estaría cobrando una millonada. Lo que hace es de admirar (…) Mi misión es evitar que el club se hipoteque y asesorar en todos los gastos para que no ocurra lo de años anteriores”. Por eso miró hacia otro lado cuando sus amigos mejoraban año a año caprichosamente los contratos en vigor de los jugadores, cuando se derrochaba el dinero en el baloncesto y las secciones, se hinchaba la nómina de empleados injustificadamente, se cogían aviones sin medida o se invitaba a amigos y enemigos al restaurante Drolma del fiel Puig a 250 euros el cubierto y a la salud del socio. Quedaba claro que, a diferencia de Soriano, Sala i Martín no le dedicaba ni una hora ni diez minutos al Barça. De lo contrario no hubiera permitido que se iniciara el laportismo bajo la mentira de una deuda que fue hinchada interesadamente.

Se acabó la división
La nueva junta no ha querido remover el pasado y creo que ha hecho bien, no valía la pena. Se venía de muchos años de odio, de Nuñismos, Cruyffismos y Vangaalismos y hacía falta esta calma actual en el club para trabajar tranquilos”. Para no querer remover el pasado, el tema de la mochila en boca de Soriano fue demasiado recurrente. Como sus constantes referencias a la dudosa honradez de anteriores gestores. Aunque, realmente, teniendo en cuenta que no levantaron ninguna alfombra ni censuraron ningún aspecto de la gestión anterior después de los resultados de una Due Dilligence que no quisieron comunicar al socio, hay que admitir que ciertamente la junta de Laporta no quiso remover el pasado. Sin embargo, conviene recordar que en esos años de odio mucho tuvieron que ver quienes se encargaron de crispar el ambiente para hacer del Barça un club ingobernable. Y en eso tuvo buena parte de responsabilidad el amigo que le nombró a dedo presidente de la Comisión Económica y Estatutaria y luego le ofreció un cargo en la directiva. En lo que hay que darle la razón es en lo de que “hacía falta calma para trabajar tranquilos”. Para ello nada mejor que la retirada del nuñismo y la entrada a saco en el club del cruyffismo con el objetivo de influir en la toma de las decisiones trascendentes. Se acabaron los años de odio. Gracias a Laporta ya no había división. Ahora sólo existía el laportismo-cruyffismo. Los otros, efectivamente, supieron ofrecer la calma necesaria para que la junta de gobierno trabajara tranquila. Justo lo que nunca supo ni quiso hacer Laporta, un experto en remar en dirección contraria cuando el que mandaba no era él.

Socio por interés
No tiene sentido que uno de los espacios más privilegiados de Barcelona, junto a la Diagonal, esté vacío 13 de cada 14 días. Esto no nos lo podemos permitir. Es una pérdida de recursos para los socios y para los ciudadanos. Se podía hacer un gran negocio con este espacio: construir restaurantes, tiendas, centros de ocio o aprovechar las instalaciones para celebrar convenciones”. Se podía, se podía… Pero la imaginación de Ingla, el talento de Soriano y el ingenio de Laporta no daba para más. Ni siquiera para cumplir los sueños de este barcelonista de nuevo cuño que se sacó el carnet de socio un año antes de las elecciones de 2003, quizá porque alguien le informó de que ese formulismo era imprescindible para acceder a la presidencia de la Comisión Económica y Estatutaria. El suyo no era, de todas formas, un caso aislado en el entorno de Laporta, que convirtió al barcelonismo a muchos a quienes el Barça les había importado un rábano hasta el momento en que su amigo o familiar se hizo con el poder.
Avui explicaba que “aceptó de buen grado ser el presidente de la comisión cuando Laporta se lo pidió. Tenía que ser un culé (socio 91.284) muy preparado y de gran confianza”. Sería muy culé, pero no lo suficiente como para ser socio sin necesidad de que Laporta se lo pidiera en 2003. Por eso no pudo postularse como presidente de la Comisión Económica hasta 2004, una vez consumido el año de antigüedad como socio exigido por los estatutos. Su incorporación tardía y repentina al barcelonismo sonó a unión de conveniencia. De su preparación no se dudaba, aunque existieran interrogantes fundados acerca de su buen gusto y estilo. Y nada que objetar a la confianza que pudiera generar en la junta de Laporta. Era uno de los suyos, el que se encargaría de validar sus cuentas y de defender sus intereses cuando ellos no estuvieran. Eso merecía que irrumpiera en el Barça con una localidad de tribuna de excelente ubicación, el sueño inalcanzable de muchos socios en lista de espera durante años, y plaza fija en el palco de autoridades. A fin de cuentas, ¿no era él una autoridad competente en el régimen de Laporta?

Conexión con el PP
En este club uno no gana para sorpresas. Todavía no superado el shock de la militancia del cuñado directivo del presidente en las filas del franquismo del siglo XXI, en julio de 2006 nos enterábamos de que Xavier Sala i Martín sacaba a la luz un ensayo editado por la FAES y prologado por Esperanza Aguirre, la controvertida presidenta de la Comunidad de Madrid.
El contenido de la obra se basaba en una conferencia pronunciada por Sala i Martín en el Campus FAES de Navacerrada en julio de 2005. Hay que recordar que el presidente e ideólogo de la Fundación FAES no es otro que José Maria Aznar. Es de suponer que este buen rollo con el PP de uno de los personajes más emblemáticos del laportismo responde al ideario del presidente, ese que le llevó a decir el 2 de junio de 2006: ”El Barça camina en España al lado de los sectores progresistas y en defensa de los valores democráticos”. Quedaba claro que el Barça de Laporta y sus amigos caminaba al lado de quien hiciera falta en función de las circunstancias. Y es que Sala i Martín tiene amigos hasta en el infierno.

MAÑANA, PRÓXIMO CAPÍTULO

Sala i Martín, culé de conveniencia II

Su retrato de Laporta / No concede entrevistasElecciones a la medida de su amigoFoto en la ONUEl pseudoentrevistador la lía con Montilla“Los votantes tienen derechos”Análisis de la entrevista 



 

 

 

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