2012-11-16 20:11 FC Barcelona Por: Administrador

Sandro Rosell, el vicepresidente (I)



No puede decirse que, al menos públicamente en su etapa de vicepresidente, Sandro Rosell le buscara las cosquillas a Johan Cruyff y su cuadrilla, entendida como tal todo lo que cuelga de él. El 7 de febrero de 2004 el vicepresidente deportivo del Barça explicaba a Sport que "comparto totalmente con Cruyff la idea de que el papel de Rijkaard debe ser más relevante (…) Rijkaard es muy buen técnico, hace que la gente se sienta en familia”. El que esto defendía era el mismo que luego sería acusado de intentar hacerle la cama al técnico para colocar a su amigo Scolari en el banquillo del Camp Nou.

Las relaciones entre Joan Laporta y Sandro Rosell, número uno y número dos del nuevo orden blaugrana, empezaron a deteriorarse muy pronto por las injerencias de Johan Cruyff en la dirección del club desde fuera. Así se entiende que el presidente aprovechara una ausencia de su vicepresidente -de viaje acompañando a Ronaldinho con la selección brasileña- para reunirse a la vista de todos en la cafetería de un hotel con el representante de Van Nistelrooy y también para negociar directamente con Del Nido la posibilidad de vestir de blaugrana a Reyes. Apenas consumido un año de mandato Laporta jugaba ya a ser vicepresidente deportivo preocupándose de que se supiera.  La luna de miel entre los dos amigos (?) tocaba a su fin porque el presidente tenía que elegir entre “Dios” Cruyff y su querido “Sandrusco”, y no le importó dar por concluida la amistad interesada mantenida hasta entonces con el amigo Sandro, el mismo que dio consistencia a una candidatura sin apenas argumentos para salir vencedora en 2003. El traumático divorcio protagonizado por Laporta y Rosell, el hombre que trajo al Barça a Ronaldinho, fue la crónica de un desencuentro anunciado, el choque de dos personalidades de alto voltaje. Rosell fue el primer efectivo que perdió Laporta, el primero en bajarse de su autobús. Le seguirían 14 más.

“Es un fuera de serie. Muy buena persona”
En su primera etapa Laporta jugaba al despiste, como casi  siempre, explicando sus medias verdades o lo contrario de lo que pensaba y desmintiendo tensiones ya evidentes en su directiva: "Rosell es un fuera de serie. En ningún caso existe una mala relación porque es muy buena persona".
No tardaría mucho el vicepresidente en cambiar su condición de “buena persona” por la de “rencoroso, resentido e inmaduro”. Más tarde hasta sería acusado por el presidente de “pijo”. ¡Lo peor de lo peor! Pero entonces tocaba disimular. A José Ramón de la Morena le dijo Laporta el 18 de mayo de 2004: "Mi relación con Rosell es inmaculada, perfecta, ideal, porque por encima de todo somos muy amigos. Esta ha sido una de las claves de esta junta: coherencia, capacidad de resistir y un punto grande de afecto personal que nos mantiene muy unidos". Coherencia, sobre todo coherencia. Cómo le gustaba a Laporta intoxicar al personal con sus medias verdades…o medias mentiras. O mentía entonces o mintió luego.



Ten Cate, el primer aviso
La banda de Johan Cruyff utilizó a Ten Cate para incomodar a Rosell y dar por iniciada la operación “acoso y derribo”. En declaraciones a una revista holandesa lamentaba que “constantemente Scolari aparece como alternativa. Cuando las cosas vayan mal dirá que es el técnico ideal. Eso es responsabilidad de Sandro Rosell, que espera la primera derrota para volver a extender la alfombra roja a Scolari. ¿Qué puedo saber de Rosell si a duras penas nos vemos? Tenemos un contacto normal, como el de un jefe y sus empleados." Luego Cate negaría muy diplomáticamente sus palabras. Con la perspectiva del tiempo se entiende que el segundo de Rijkaard se limitó a expresar lo que pensaba el entorno del técnico, que no descansaría hasta sacarse de enmedio al directivo. El ayudante de Rijkaard pidió disculpas y Rosell aceptó hacerse con él la foto de la reconciliación. Pero la herida estaba abierta y el vicepresidente ya sabía cómo las gastaba el grupo de presión de Cruyff. Era el primer aviso.
Y Laporta, el mismo de la autocomplacencia, el que creía que todo tenía solución sin necesidad de aplicarla, apuntaba el 16 de noviembre de 2004 en El Periódico que “las pequeñas divergencias existentes no se concretan en la relación personal con Rosell ni suponen una situación insalvable". Otra mentira.

La crisis de Valero
Entrevistado en COM Ràdio con motivo de la crisis suscitada por el nombramiento de Valero Rivera como director general de secciones, Sandro Rosell, vicepresidente deportivo y el socio más antiguo de toda la directiva, no escondía su contrariedad y revelaba lo que había expuesto a la cara al interesado. “Le dije que pensaba que ya había acabado una etapa en el Barça y que si quería seguir, tenía que ser con algo ligado estrictamente al balonmano”. Paralelamente, Ferran Soriano negaba que en el conflicto Pesic-Valero Rivera una parte de la junta impusiera su criterio “pues si una votación queda 14 a 3, eso es democracia y un funcionamiento correcto de una junta directiva”. Así ponía de manifesto que la “táctica rodillo” del núcleo duro de Laporta podía pasar incluso por encima del responsable y experto de la directiva en asuntos de secciones, en este caso Josep Maria Bartomeu, afín a Sandro Rosell. Soriano añadía que las decisiones “se adoptan de forma democrática” y que todos han de ser “leales al socio, al club y al presidente”. La lealtad al socio y al club era cuestionable. Lo que no admitía fisuras era la sumisión al presidente.

Rosell-Cruyff: es la guerra
La suerte estaba echada. Salió a relucir la lealtad relacionada con Sandro Rosell y había que entender que sus días en la junta estaban contados. Ya ni él ni Johan Cruyff guardaban las formas ni se esforzaban por disimular su pésima sintonía: “Si Cruyff habla mal de mí en uno de cada tres artículos que firma en La Vanguardia, me hace más grande’’, decía el vicepresidente, harto de que el amigo de Laporta se dedicara a lanzarle chinitas. “Si Cruyff es coherente en sus comentarios, me parece perfecto, pero no vale decir una semana que hay muchos brasileños y a la semana siguiente afirmar que el equipo está fenomenal. O todo el año está mal o todo el año está bien”, sostenía en una entrevista concedida a COM Radio.  “No hace ninguna ilusión que tu ídolo te tire con bala. Cuando tienes una persona idealizada, te gustaría poder seguir idolatrándola y que esté a la altura. Y lo dice alguien que de pequeño tenía un póster de Cruyff en su habitación”.



Y aprovechaba para sacar pecho por el fruto de su trabajo: “Deco recupera más balones que Davids y es más creativo, y Edmilson mejora a Cocu, tanto en calidad como por edad”, mientras aseguraba que “Ronaldinho se debe al Barça y no a Sandro Rosell. Si un día yo me marcho, él seguirá aquí porque quiere al Barça”. Y aún elogiaba públicamente en 2004 a Rijkaard porque “ha sabido conjuntar un equipo de estrellas sin ser protagonista”.

Ninguneado
El 16 de diciembre de 2004 As titulaba: “Los fichajes se deciden sin consultar con Rosell. El vicepresidente está apartado de la campaña invernal”. Y Fabián Ortiz razonaba que “Sandro Rosell no sabe lo que se cuece en torno a los refuerzos de invierno del Barcelona (Albertini y Maxi López). Pese a ser el vicepresidente del área deportiva del club y de haber dado muestras de su acierto con fichajes como los de Ronaldinho o Deco, ahora está marginado de la actividad relacionada con los fichajes. En estos días, desde que regresó de un viaje por motivos personales a Argentina, ha concedido numerosas entrevistas, pero los periodistas no han podido sonsacarle ninguna información. Y no porque no supieran interrogarlo, sino porque Rosell no dispone de información para dar. El vicepresidente perdió, además, en la pugna con Joan Laporta y Txiki Begiristain a la hora de proponer sus nombres para reforzar la plantilla en enero. Edú Gaspar, del Arsenal, era su elegido para el mediocampo, pero no prosperó la moción. Rosell ha quedado al margen de casi todo”.
Ramón Besa, en El País, añadía el nombre de Costinha al de Edu, pero los técnicos fueron por libre e intentaron el fichaje del italiano Iaquinta antes de decantarse por Maxi López.

Luz verde a los ejecutivos
Laporta decidió a finales de 2004 que los directivos debían delegar sus funciones en los ejecutivos del club. Es decir, “los mejores años de nuestras vidas” se convertían en “el mejor año”. Rosell tenía que asumir con Txiki y Rijkaard una relación parecida a la que Soriano mantenía con la directora general, Anna Xicoy. Pero, a diferencia de Soriano,  Rosell no podía apoyarse en personas de su total confianza y debía entenderse, y no imponerse, con dos hombres de la cuerda de Johan Cruyff, su enemigo declarado. Y mientras a Rosell se le obligaba a delegar en Txiki Begiristain, Soriano seguía acaparando todo el protagonismo de su parcela, relegando a la directora general a funciones domésticas internas y reservándose para sí todo lo que guardara relación con el exterior. Un ejemplo: en la asamblea extraordinaria Soriano seguía tomando la palabra y desglosando las cifras de las finanzas del club mientras que la parcela deportiva debía ser expuesta por el secretario técnico.

Laporta traiciona a su propia candidatura
Entre tanto, Laporta traicionaba al ideario de su candidatura apostando por personas no convenidas, como su cuñado, y protagonizando comportamientos extraños, como los del apoyo a Ángel Villar en la Federación y sus abrazos con Joan Gaspart. Nada de eso estaba escrito en el guión del grupo de jóvenes entusiastas dispuestos a ofrecer los mejores años de sus vidas a un club al que deseaban cambiar de arriba a abajo.
La junta no quiso reconocer a Sandro Rosell que avalara con su patrimonio, que aportara directivos, ejecutivos, técnicos del fútbol base y que trajera a jugadores del nivel de Ronaldinho, Deco, Márquez o Edmilson. Y es que en la doctrina de Johan Cruyff no había lugar para un directivo en el puesto de mando deportivo. Eso era cosa suya y sólo él podía mangonear ahí colocando a su gente de confianza a través de sus “sabios consejos”. Era cuestión de tiempo. Rosell caería como fruta madura porque el organigrama mostrado por Laporta en la campaña electoral no era más que otra mentira ideada para embaucar a los electores.

El cisma se abre con Bartomeu
Era cuestión de tiempo. Sólo hacía falta que se dieran una serie de circunstancias para propiciar la marcha de Rosell. Y eso no tardaría en producirse. Se trataba de preparar el terreno predisponiéndole contra el resto de la junta en base a votaciones cuyo resultado era muchas veces absurdo. En esas consultas se perseguía que su opinión y la de los pocos que le apoyaban quedara silenciada de forma abrumadora por el rodillo aplastante de una mayoría dispuesta a votar lo que el presidente deseara. Un ejemplo, el nombramiento de Valero Rivera como director general de secciones y el de Manolo Flores como responsable del basket sin contar con la opinión del directivo responsable, Josep Maria Bartomeu. Los mismos que votaban a propuesta de Laporta que Valero Rivera se ocupara de todas las secciones menos de la de baloncesto, que seguiría dependiendo de Bartomeu, decidían unos días después, también a propuesta de Laporta, que no, que Valero se ocupara de todo, incluido el baloncesto, dejando a Bartomeu de oyente, como la mayoría del resto de directivos. La misma mayoría votaba una cosa u otra en función de la voluntad del presidente. Les daba lo mismo lo que votaban. Lo único que había que saber es lo que el presidente esperaba de ellos. Así nació el rodillo del 13 a 4, la justificación democrática de un esperpento. Así nació la lealtad al presidente, que nada tenía que ver con la lealtad al club.

Ronaldinho pide paz
El 15 de enero de 2005 Ronaldinho se veía en la obligación de pedir paz en las altas esferas del club: “No me imagino el club sin Rosell, porque yo vine con él. Deseo que los problemas se solucionen. No sé si están peleados, pero el mensaje que los jugadores podemos dar es dentro del campo, transmitiendo a la afición que estamos bien, pero que necesitamos una directiva fuerte junto a nosotros”. Ya era triste que los jugadores tuvieran que pedir orden y paz en la directiva.
Ese mismo día Joan Laporta, en un ejemplo más de oscurantismo o de cinismo, negaba cualquier asomo de crisis con Sandro Rosell en Sport: “La historia cada vez se está retroalimentando más y tiene muy poco contenido”. Palabra de Laporta. Motivo suficiente para desconfiar. Mentira.

Vicens ataca…
Sin embargo, por mucho que Laporta quisiera ocultar la realidad a los socios, la suerte estaba echada y el escándalo a punto de destaparse. Una semana después del llamamiento a la concordia de Ronaldinho, el 22 de enero de 2005, Albert Vicens, por esa época uno de los cabecillas del núcleo duro del pensamiento único laportista,  se dirigía a Rosell en La Vanguardia en dos ediciones. En la primera, con el título: “Sandro Rosell tendría que clarificarse”. Y en la segunda: “Rosell debería hacer un esfuerzo de clarificación”. No hay que ser muy espabilado para intuir presiones desde el club en este cambio de titular. La clarificación debía matizarse: “El presidente, antes de tomar una decisión, telefonea a sus directivos y les consulta (…) Cuando Laporta ofrece a Valero el cargo de director de secciones, ya conoce la opinión de casi todos los directivos. Esta acusación de presidencialista la encuentro totalmente falsa (…) Una persona sería presidencialista si no consultara (…) A mí no me consta que Rosell esté incómodo. El Barça tiene una tendencia innata a crear problemas donde no los hay y tenemos que hacer todos un esfuerzo porque venimos de una época muy convulsa y ahora es necesario que este proyecto llegue hasta el final para no romper la confianza e ilusión que ha generado (…) El proyecto se apoya en una estructura profesional con Txiki y Rijkaaard a la cabeza y esto garantiza que no se generen disfunciones (…) La junta ha dado siempre el apoyo mayoritario al cuerpo técnico. Ha sido nuestro mayor éxito, lo que nos ha permitido superar los momentos difíciles (…) Deseo que Rosell siga aportando sus conocimientos hasta el final (…) Nos comprometimos a gobernar con un nuevo estilo, a profesionalizar el club y a funcionar colegiadamente”.
Al día siguiente de estas declaraciones podía leerse una pancarta en el Camp Nou: “Que n´aprengui, però de Rosell”. El mismo Vicens abandonaría el club cuatro años después harto del presidencialismo de su amigo Laporta.

…Rosell responde
Sandro Rosell daba cumplida respuesta a su colega, esta vez en El Periódico: ”Creo que ya basta. Estamos dando un mal ejemplo (…) No sería sincero si dijera que no tenemos opiniones diferentes, pero por lo que a mí respecta haré todo lo posible por solucionarlo. Laporta pone muchas ganas, muchas horas, mucha dedicación. Probablemente está muy presionado y a veces toma decisiones que no comparto. Él hace lo que puede y yo le ayudaré en todo lo que me pida siempre que vaya a favor de los intereses del Barça (…) Yo me siento útil aunque es probable que algunos puedan pensar que no soy necesario ni imprescindible. Y estoy de acuerdo. Nadie lo es. Pero aún puedo aportar muchas cosas al club. Si algún día dimito será porque es lo mejor para el Barça y lo haré sin hacer ruido, sin hacer daño a nadie, a la catalana (…) Nuestro lema en la campaña fue PRIMER EL BARÇA y esta es la idea que tenemos que defender todos y a veces no lo estamos cumpliendo. Por eso creo que ya es bastante y estamos dando un mal ejemplo. Los miembros de la junta tenemos la obligación de dar ejemplo (…) Hemos perdido la humildad en las formas y el contacto con la realidad. Si no rectificamos, el ego y la vanidad pueden hacernos morir de éxito (…) Hemos cometido errores, como el del caso Valero, la forma como se gestionó, que acabó perjudicando a todos: la junta, el equipo y el mismo Valero, que no merecía salir así del club. Y Bartomeu, que es el hombre que más sabe de basket en la junta, tuvo un trato injusto (…) Ahora que el entorno que Cruyff siempre criticaba ya no existe, sus palabras están creando tensión y debate (…) Le pediría a Cruyff que fuera mas prudente, que pensara más en el Barça. Los barcelonistas no queremos malos rollos, ya no queremos entorno, todo eso forma parte de la historia más negra del Barça. Por eso le digo: “venga Johan, que eso ya lo hemos superado. Vamos todos juntos (…) Hemos de tener confianza en el equipo técnico. Para Txiki todo esto es nuevo, pero todos le hemos de dar tiempo y confianza. Es un tío inteligente y seguro que acaba saliéndose (…) No tengo ningún problema con ellos y tanto Txiki como Rijkaard saben que pueden contar conmigo. Cuando me necesiten siempre me tendrán”.
Tras la entrevista, trascendió el malestar instalado en buena parte de la junta directiva por la constante presencia mediática de Rosell. Su protagonismo generaba celos en los demás y el propio Laporta empezaba comprobar en las encuestas que su vicepresidente no sólo le estaba comiendo terreno en el apartado de popularidad, sino que ya le superaba ampliamente.

MAÑANA, PRÓXIMO CAPÍTULO

Sandro Rosell, el vicepresidente (II)

La cumbre del Speakeasy /Soluciones a base de gin tonics Crisis cerrada “por unanimidad”Bartomeu, “traidor”  Encuentro “secreto” de la directivaReunión en casa de Laporta por Ronaldinho y sin Rosell / Le empujan hacia la puerta de salida / Provocaciones de Txiki… / …y de Laporta / Rosell sale al paso / Interviene Rijkaard /

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