2012-11-16 20:11 FC Barcelona Por: Administrador

Sandro Rosell, el vicepresidente (II)



La cumbre del Speakeasy
Presidente y vicepresidente trataron de reconducir la situación y pactaron una reunión “secreta” en la trastienda del restaurante Speakeasy con docenas de periodistas apostados en la puerta a la espera de noticias. La reunión duraría seis horas y al término de la misma, sobre las cuatro de la madrugada, Laporta informaba de que “nos hemos divertido mucho. ¿Si ha sido una reunión muy larga? Lo que se merecía una persona a la que aprecio”. Una nueva oportunidad para dudar de la palabra de Laporta. Curiosamente, en su época de encarnizado opositor del nuñismo, Laporta censuró a Núñez que utilizara las oficinas de su negocio para tomar decisiones trascendentales. Laporta no usó su despacho en el club. Prefirió afrontar la realidad en un bar y con un gin tonic en la mano. Las oficinas del Camp Nou, por lo visto, no estaban a la altura de la reunión.
La cumbre no le hizo ninguna gracia a Albert Vicens, el primer directivo de peso que se había atrevido a lanzarle a Rosell una andanada públicamente: “La junta es el único fórum de debate y es allí en donde se tiene que hablar”. Y allí hablaron. Rosell y su grupo afín, formado por Bartomeu, Moix y Monés, pusieron sobre el tapete su desacuerdo por la política de comunicación, además del caso Valero y su pérdida de protagonismo en los fichajes. Allí también el grupo de Laporta recordaría a Rosell que había presionado para destituir a Rijkaard y Txiki.

Soluciones a base de gin tonics
La versión de La Vanguardia sobre la reunión del Speakeasy  del 1 de febrero de 2005 hablaba de “Pacto de no agresión”. Rosell reconocía que “hacía demasiado tiempo que no nos sentábamos a hablar y espero que este debate acabe radicalmente hoy (…) Mi voluntad es cumplir el mandato de 4 años y no marcharme dentro de un año (…) Nunca haré oposición a esta junta”. Y mientras mantenía que “le tengo a Joan Laporta un aprecio personal igual que al inicio” (?), añadía  que no conocía a Maxi López, el último fichaje, lo que anunciaba el tormentoso futuro que se avecinaba.
Rosell afirmaba que ”no podemos permitir que nuestro ego perjudique la voluntad que nos une y que es el bien del Barça (…) Debíamos habernos reunido antes”. Y en El País un directivo soltaba off the record: “Las divergencias en la junta no se arreglan con unos gin tonics”. No había voluntad de arreglo en algunos casos. El protagonismo de Rosell molestaba, y mucho.

Crisis cerrada “por unanimidad”
El 2 de febrero, en El Periódico, Laporta ofrecía su versión, la definitiva: “Damos por cerrada por unanimidad la crisis interna (…) Y por unanimidad manifestamos una confianza absoluta en los técnicos, en el proyecto deportivo y en las incorporaciones del mercado de invierno. En la junta hay un respeto absoluto por todas las decisiones que se adoptan por mayoría (…) Hemos superado todas las pequeñas y grandes diferencias. Tenemos la voluntad de recuperar la confianza y hoy salimos reforzados (…) Todos hemos reconocido que lo podíamos haber hecho mejor, pero se ha de respetar a la mayoría (…) Todos los miembros de la junta estamos en un plano de igualdad. Todos avalamos, todos respondemos (…) Rosell tendrá el papel preponderante que le toca a una figura de su magnitud, respetando el plano de igualdad respecto a los otros (…) Hemos parado a tiempo la crisis. Se ha reforzado la cohesión de la junta”. Bla, bla y bla… El tiempo, y en breve, pondría en su sitio a Laporta. Ni se paró la crisis a tiempo, ni se reforzó la cohesión de la junta ni una figura de la magnitud de Rosell tendría un papel preponderante en la directiva, pues si a Bartomeu le levantaban la camisa tomando otros por él decisiones en su parcela del baloncesto, esos mismos días el FC Barcelona fichaba a Maxi López, el futbolista que no conocía el responsable de la parcela deportiva. La realidad superó a la ficción virtual que quiso vender Laporta. Las crisis ni se superan con la ya manida mentira de la unanimidad ni a base de gin tonics en un bar de moda, como sostenía el directivo anónimo. Era una paz fingida, un paño caliente pensado de cara a la galería para salir del paso.



Bartomeu, “traidor”
Lluís Mascaró abría a su manera las hostilidades sobre el caso Valero-Flores-Bartomeu en Sport: ”La presentación de Manolo Flores se convirtió ayer en un acto de ‘alta traición’ de un directivo, Josep Maria Bartomeu, hacia el presidente del Barça, Joan Laporta. Una traición pública con los medios de comunicación como testigos atónitos de la escenificación del terrible cisma que vive la junta blaugrana desde hace demasiados meses.
La historia del desencuentro nace de las divergencias sobre la forma de dirigir el club que tienen Laporta y Sandro Rosell. Bartomeu, íntimo amigo de este último, se alineó descaradamente con el vicepresidente deportivo y entró en una guerra que jamás tenía que haber estallado.
El nombramiento de Valero Rivera como director general de secciones –tal vez el único gran error que ha cometido Laporta– fue aprovechado por el trío Rosell-Bartomeu-Moix para iniciar un acoso y derribo que hizo insostenible la situación. La famosa cena del ‘Dry Martini’ tenía que cerrar todas las heridas. Pero en realidad sólo sirvió para poner una pequeña tirita en la hemorragia.
Ayer, Bartomeu aprovechó su minuto de ¿gloria? para rebatir, papel en mano, todas y cada una de las afirmaciones que sobre la sección de basket hizo Laporta. Le desmintió hasta cuatro veces cuando, minutos antes, había pactado trasladar un mensaje de unidad y tranquilidad. Su boicot es tan sorprendente como inadmisible. Si no congrega absolutamente en nada con el presidente, ¿por qué sigue al frente de un basket que entre todos han dinamitado?
Ahora que el fútbol va bien, ahora que somos felices viendo al Real Madrid a 8 puntos, resulta que el enemigo está en casa. Bartomeu, que es muy buena persona, debería reflexionar y, en un acto de barcelonismo, irse a casa. Como hará en junio Sandro Rosell”.

Uno se pregunta ¿por qué había que trasladar un mensaje de unidad y tranquilidad si en el seno de la directiva no se respiraba ni unión ni tranquilidad? ¿Por qué en el basket, que según parece lo habían dinamitado entre todos –y todos quiere decir todos los directivos de Joan Laporta- no se permitía al responsable adoptar decisiones y se le obligaba a aplaudir en público las medidas tomadas a su espalda por el presidente y una junta de ignorantes supinos de lo que eran las secciones? ¿Podría imaginarse Mascaró al responsable de patrimonio decidiendo los fichajes del fútbol entre los vítores de todos los directivos? Bartomeu reflexionó, como se le pedía, y en un acto de barcelonismo que le honró acabó yéndose a casa por no “congregar” con el presidente, a diferencia de otros grandes “barcelonistas”, como Johan Cruyff, que se pasó ocho años sin “congregar” con su presidente y no abandonó el club hasta que recibió una patada en el trasero. Para el “admirable” Johan una cosa era no “congregar” y otra ser tonto y dejar escapar la oportunidad de mover los hilos del Barça en beneficio propio. Hay clases y clases.
Laporta decidió ante las salvas de sus más fieles palmeros degradar a Bartomeu y limitar sus funciones a las de simple vocal sin cartera; es decir, que a partir de ese momento su ocupación sería calentar un asiento en  el palco incordiando lo menos posible. Le habían reservado el papel de figurante que ya estaban desempeñando orgullosos otros muchos compañeros de junta.

Encuentro “secreto” de la directiva
Según La Vanguardia. “Un directivo planteó la dimisión en pleno si no había unidad total”. La información añadía que “Rosell recibió duras críticas por su peso mediático y por cuestionar a Rijkaard”. La noticia salía a la luz apenas horas después de que Rosell pidiera encarecidamente a Laporta lavar los trapos sucios en casa y de que la propia La Vanguardia lo reclamara públicamente. El diario del grupo Godó explicaba con todo lujo de detalles lo que se habló en la junta  y del papel de cada directivo uno por uno. “Rosell pidió respeto para las minorías y recordó que se había sentido apartado en las negociaciones del mercado invernal. Rosell habló con ardor, sin achicarse, aunque según una fuente del club “también tuvo que encajar mucho y hasta envainar un poco la espada (…) Rosell vio cómo buena parte de los directivos le echaban en cara su presencia mediática y que cuestionara la continuidad del cuerpo técnico. “No hay derecho a que algún nombre y apellido de la junta haya salido más en la prensa que el de los jugadores”. Echevarría apostó firmemente por la cohesión. Casi cinco horas de reunión dieron lugar a un pacto de no agresión hasta final de temporada y a un acuerdo tácito para dosificar la presencia de los directivos en los medios”.
Al día siguiente El Periódico se arrimaba a la causa laportista y hablaba de que el Barça se revalorizaba, que el club había ingresado ya 100 millones de euros y que la venta de entradas había aumentado un 20%, que el club ascendía del 13º al 6º lugar en el ranking de clubs por ingresos y que el Chelsea perdía dinero. Todo positivo, nada negativo. El aparato de propaganda del club sabía muy bien lo que había que filtrar para distraer la atención hacia otros temas.

Reunión en casa de Laporta por Ronaldinho y sin Rosell
Apenas unos días más tarde se supo que Laporta se había reunido en su domicilio con los hermanos de Ronaldinho para negociar la mejora del contrato del astro brasileño. Al ágape asistieron también su cuñado, Alejandro Echevarría, y Ferran Soriano. ¿Hacía falta una prueba más clara del nulo interés de Laporta y sus directivos incondicionales por reconducir la situación con Rosell? Estaba claro que el presidente trataba de ganarse el aprecio del futbolista que Rosell había traído al Barça.
Un conflicto de intereses particulares acababa con el valor de la amistad entre ellos. La idea del grupo de jóvenes cohesionado, que sirvió como baza electoral tanto como la farsa Beckham, se convertía también en otra mentira. Sandro Rosell, el único que podía controlar desde dentro las maniobras de Johan Cruyff en el exterior, había recibido ya su sentencia.



Le empujan hacia la puerta de salida
En El Rondo de TVE aseguraban que la junta le negó a Rosell que Laporta, Soriano y Echevarría se reunieran con Ronaldinho y su hermano para ofrecerle un nuevo contrato hasta el 2014. Mientras oía esto, Rosell ya tenía en su poder el famoso contrato con cifras mareantes que poco después saldría a la luz pública y que no llegaría a firmarse nunca.
Laporta trataba de demostrar que no necesitaba a Rosell para renovar a Ronaldinho, como tampoco le hacía ninguna falta para dialogar con el agente de Van Nistelrooy en la cafetería del hotel Princesa Sofía a la vista de todo el mundo. Rosell era invitado a delegar sus funciones en Txiki, pero Laporta no estaba dispuesto a dejar de pisarle el terreno a quien hiciera falta con tal de mantener su cuota mediática. A Rosell le estaban empujando hacia la puerta de salida a base de codazos. Desde arriba se los propinaba el presidente, desde abajo Txiki y por la espalda Johan Cruyff.

Provocaciones de Txiki…
El 26 de marzo de 2005 el empleado Txiki Begiristain le metía el dedo en el ojo a su jefe, el vicepresidente Rosell, manifestando en Mundo Deportivo que “Rijkaard y yo decidimos qué fichajes van a venir (…) Si Rosell ya tenía a Deco el primer año, ¿por qué no vino? ¿No decía la calle que ya lo tenía Rosell? En nuestro primer año ya pudo venir Deco y entre Frank y yo decidimos que no viniera. Y al año siguiente, después de verlo un año y estar más seguros de su fichaje, vino por decisión técnica”. Una provocación en toda regla. Ninguna de las plumas manejadas por el aparato de propaganda se escandalizó ni se planteó calificar el tema como “alta traición” de Txiki hacia su superior. “Estar más seguros”. De haber estado seguros el primer año, el precio de Deco habría sido inferior al que se acabó pagando cuando acabaron de estar seguros. Los profesionales que entienden de esto según Cruyff perdieron un año –uno de los mejores- de Deco lastimosamente porque “no estaban seguros”.
Y seguía el secretario técnico aconsejado por Cruyff en su cruzada: “El vicepresidente o quien sea (¿quien sea?) debe negociar con los clubs, porque con los jugadores ya lo hago yo”. Lo que no decía era qué conocimientos reunía él en su persona para desarrollar esa actividad. “Si queremos fichar a jugadores brasileños, lo que no podemos hacer es no aprovechar que tenemos un vicepresidente deportivo que tiene una gran relación con el fútbol de Brasil. Yo creo que Sandro ha hecho el trabajo que le correspondía por sus relaciones. Pero si hay que fichar a un sueco o a un francés, ya no hace falta que intervenga”. Y si, además, Sandro dimite y abandona el club asqueado por las injerencias externas, mucho mejor para él y para Johan Cruyff, naturalmente. Y así, sin ningún control, podrían aterrizar en el club, sin que nadie pidiera explicaciones, fichajes inexplicables como Maxi López, Albertini,  Ezquerro, Gudjohnsen, Thuram, Zambrotta, Hleb, Martín Cáceres, Henrique o Keirrison…

…y de Laporta
El 17 de mayo de 2005 Laporta se sinceraba en La Vanguardia: “Se han producido divergencias puntuales a la hora de tomar decisiones que a veces se han magnificado, pero son irrelevantes porque el Barça está por encima de personalismos. Lo que es importante es que hay una mayoría estable que gobierna (…) Tenemos un funcionamiento democrático interno muy bueno”.  Laporta seguía escondiendo la cabeza debajo del ala, como cuando no quiso enterarse de que Valero Rivera y Pesic no se entenderían jamás. Las divergencias puntuales que se habían magnificado seguían vivas, entre otras razones porque él mismo se había encargado de azuzar la llama de la discordia haciendo uso de esa maravillosa mayoría estable que gobernaba pasando por la cara a la minoría todas sus decisiones democráticas adoptadas siempre por “unanimidad”.
Tres días después, en Sport, Laporta iba más lejos: “El tema Rosell se ha magnificado de forma interesada. Para mí, lo más importante es que haya una mayoría estable en la junta que pueda gobernar el club sin interferencias. Las cuestiones que puedan afectar al terreno personal son irrelevantes porque el Barça está por encima de personalismos. Lo que no puede hacer un directivo es provocar desestabilización porque técnicos y jugadores deben trabajar con tranquilidad”. Ahora la magnificación de la crisis se había producido de forma interesada. Es decir, las ocultas fuerzas del mal debían estar detrás de la operación. Como si volviéramos a los tiempos del Elefant Blau. El presidente seguía insistiendo en que las “interferencias” no impedían a la mayoría estable gobernar a su antojo, incluso en terrenos que competían a la minoría. La disensión era rebajada al grado de simple “interferencia”.
En El País del 21 de mayo Laporta abundaba en el tema: “Por encima de cualquier personalismo, la lealtad al proyecto del Barça es fundamental (…) Muchas decisiones hay que dejárselas a los técnicos y nosotros tenemos que dedicarnos a la gestión del club y de las emociones fuera de personalismos. Si sólo se piensa en uno mismo se genera desestabilización”. O lo que es lo mismo, mientras Laporta, Soriano y Echevarría continuaban “gestionando las emociones”, los demás debían limitarse a aplaudir y delegar… sin interferir. Por “lealtad al proyecto” 15 directivos optarían por abandonar a Laporta en los años posteriores.

Rosell sale al paso
Demasiadas provocaciones juntas. Así, el 26 de mayo, después de seis meses de silencio autoimpuesto, Rosell respondía en TV3 a las continuas andanadas del presidente y los suyos una vez garantizado el título de liga: “Hay algunos procesos internos e influencias externas que no son como yo había entendido o que no se me habían explicado bien”. Admitió que en los últimos cinco meses no había tratado cuestiones deportivas con Txiki ni con Rijkaard. “¿Si los técnicos me puentean? Eso es lo que está pasando desde el invierno (…) En la vida todo puede arreglarse y en una empresa como el Barcelona no hace falta que todos seamos amigos. La cosa está en respetarse y hablando se entiende la gente, pero siempre con independencia y libertad. Creo que, en la otra parte, hay influencias externas que no son buenas (…) Durante la última junta pedimos información de las actuaciones que se han llevado a cabo durante los últimos meses, porque hay falta de información (…) A mí no me llega la información de la parcela deportiva, de la que soy vicepresidente y por eso me quejo. Me siento puenteado, pero el motivo del puenteo tendría que preguntárselo a los que me puentean (…) Es verdad, desde el pasado invierno no influyo para nada en los fichajes y este es uno de los motivos a aclarar a final de temporada y para que hablemos muy seriamente entre todos, porque no era este el proyecto inicial (…) Por encima de todo yo soy leal al FC Barcelona. Muy leal. Y estaría muy bien que los 17 directivos que formamos la junta recordásemos el eslogan de campaña, que era ‘Primer, el Barça’ y que por encima de todo pusiéramos por delante la lealtad al FC Barcelona”. Luego le recordarían que no se trataba de ser leal al proyecto ni al FC Barcelona sino al presidente.
También recibió Johan Cruyff: “Mi interés por jugadores brasileños por encima de los holandeses, por ejemplo, es meramente deportivo. Holanda es un país que no ha ganado nada en los Mundiales y Brasil ha ganado cinco. Los brasileños tienen una mentalidad ganadora que les falta a los holandeses”.
“Cruyff es muy grande y tiene un peso específico muy grande en el barcelonismo. Desde el día en que llegó ha estado a favor o en contra del presidente de turno, y esto es muy difícil de hacer durante tanto tiempo. Evidentemente, ahora está al lado del presidente. Son amigos y además tengo entendido que Joan Laporta es su abogado y es lógico que uno esté al lado del otro (…) Hay influencias externas que no son buenas ni para la otra parte ni para el club”.
Sobre el misterioso sponsor chino señaló: “Si esta propuesta cuaja será fantástico. No obstante, no puedo hablar, porque los miembros de la junta sabemos únicamente lo que ha salido publicado (…) No sé quién me ha llamado desleal, pero me gustaría saberlo. Si desleal es decir lo que uno piensa, tenemos un problema. Si alguna cosa puedo decir es que soy muy leal al Barça”,
E insistía en que “el proyecto no es el que explicamos a los socios”, dejando caer que “hay que ser transparente con las comisiones, si las hay”, lamentando que “muchas decisiones se han tomado sin pasar por la junta directiva”. Rosell admitía que “soy el perdedor, pero si me voy el presidente se sentirá más relajado. Y tampoco quiero ni perjudicarlo ni forzarlo a destituirme. Yo no pierdo frente a él. Pierdo frente a mí mismo por haberme equivocado al invertir tiempo en un proyecto que él ha desvirtuado”.
Rosell también se acordó de Joan Patsy, que solía visitar a Txiki en las oficinas del club: “Sé que la persona que trabaja para Cruyff también trabaja mucho para Txiki, pero espero que esta relación no sea ejecutiva”. Y añadía que “algunas personas tenían interés en enfrentarme con Rijkaard”.

Interviene Rijkaard
Al día siguiente, el 27 de mayo de 2005, Frank Rijkaard entraba en escena molesto porque, “según le habían comentado”, Sandro Rosell solicitó en su día en dos ocasiones su sustitución, primero en enero de 2004 y después en julio, al concluir la temporada. El técnico azulgrana explicó en Catalunya Ràdio que “tuve una reunión con Sandro y hablé con él de todo esto cuando las cosas no marchaban bien. Pero a partir de ahí seguimos la temporada con una buena racha. Nos despedimos por la vacaciones y después Sandro pidió otra vez cambiar el entrenador. En la primera vuelta lo acepto, porque había preocupación, pero luego me sorprendió y eso me molesta, aunque este tema no me ha condicionado nunca (…) Sandro nunca ha confiado en nosotros y si no hay confianza, ¿cómo podemos trabajar juntos". El empleado Rijkaard planteaba un “o tú o yo” a su directivo. Algo parecido a lo que protagonizó Cruyff en su etapa de jugador cuando en 1976 obligó al presidente Montal a elegir entre el entrenador Hennes Weisweiler y él.
Rosell había admitido previamente que hubo un plan B, por si el equipo no acababa de enderezar el rumbo, para sustituir a Rijkaard por Pere Gratacós, el técnico del filial, y no por Scolari. Mundo Deportivo explicaba que “cuando ayer se le comentó este hecho a Rijkaard, éste se limitó a sonreír irónicamente, dando a entender que no acababa de creérselo.”
Mientras Rosell se quejaba por sentirse apartado de la dirección deportiva de un club en el que nadie le comunicaba el estado de los fichajes, Ten Cate, el que había negado haber realizado unas declaraciones en Holanda contrarias a Rosell, se sacaba ahora la careta y respondía que era el propio directivo el que nunca acudía a las reuniones donde se exponían y planteaban esos asuntos. Rijkaard corroboraba sus palabras: "Cuando no se está nunca, no te puedes comunicar con él. El nunca ha confiado en nosotros y si no hay confianza, ¿cómo podemos trabajar juntos? Pero no tengo nada contra él.  El técnico echaba más leña al fuego advirtiendo que el radio de acción de los problemas de Rosell era muy amplio: “Sandro ha tenido problemas no sólo con los entrenadores, sino con otra gente del club, y no es mi culpa”. Estaba claro que la estrategia conjunta era presentar ante la opinión pública la figura de Rosell dentro del Barça como un problema, un nido de conflictos. “Yo no tengo problemas para trabajar con Sandro, pero el problema tal vez está en el otro lado”.
Rijkaard, un empleado del club y no de Laporta o de Cruyff, tomaba partido en la refriega y, lejos de utilizar las ruedas de prensa para hablar de fútbol, como otras veces había reclamado, aprovechaba para explayarse en contra de uno de sus vicepresidentes: "Yo no tengo problemas con Sandro, pero él conmigo...". Frank Rijkaard acabaría triplicando su ficha. Se lo había ganado.
El día que el técnico holandés habló sobre Sandro Rosell Laporta, casualmente, estuvo antes en el vestuario, recinto sagrado de deportistas en otros tiempos. “No sabía que el presidente estaba aquí. Luego me lo dijeron”, aseguró Rijkaard. Y había que creerle, como tantas otras cosas. Seguramente el presidente bajó a comprobar el estado de la instalación del aire acondicionado.

MAÑANA, PRÓXIMO CAPÍTULO

Sandro Rosell, el vicepresidente (III)

El presidente sigue chinchando / Interviene Scolari / Cruyff dixit / Sandro, haz el favor de marchar / Los equivocados son los demás / Barça TV no se entera / Monés, el primero / El pueblo opina / Se impone el pensamiento único / La inevitable dimisión de Rosell / La mayoría, contra el levantamiento de alfombras / Encuestas favorables / Contraataque de Laporta.

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