2012-11-17 12:11 FC Barcelona Por: Administrador

Sandro Rosell, el vicepresidente (III)



El presidente sigue chinchando
El mismo 27 de mayo de 2005 Sport titulaba: Laporta acusa a Rosell de irresponsable… por airear sus discrepancias”. Es decir, por ejercer la transparencia. “Laporta aprovechó hoy una comparecencia para manifestar su malestar con Rosell, con el que había firmado una tregua hace meses cuya principal consigna era la de que cualquier debate se llevase a cabo únicamente en el seno de la directiva”. “Ha roto "el momento de felicidad que vive el barcelonismo". Al final acabarían intentando mostrar a Rosell como el enemigo público número uno del club. En cualquier caso, de eso, de romper momentos de felicidad en el barcelonismo, Laporta podía explicar muchas cosas, por ejemplo a qué se debía su actitud hostil contra todo lo que se moviera cuando el club disfrutaba del doblete liga-copa con Núñez en la presidencia.
Y Ferran Soriano, el delfín en aquella época, no podía desaprovechar la ocasión para hacer uso de su cuota mediática en el asunto: “Tuvimos una junta el martes y habría sido bueno que eso se debatiese entonces, no el jueves en un acto externo a la directiva”. El vicepresidente añadió que “todas las decisiones de esta directiva se toman en junta y por mayoría. No es bueno hablar de temas personales en un momento bueno. Hay que dejar de lado los personalismos”.
Cuando gana el criterio mayoritario, los que forman parte de la mayoría y la minoría tienen que aceptar la decisión democrática y no hacer más ruido”. La mayoría era la que estaba en la inopia en el tema de la publicidad, la que decidió nombrar y luego descabalgar a Valero Rivera como director general de secciones, la que apostaba por fichajes de relumbrón tipo Maxi López o la que celebraba con su desidia la destrucción de la cantera y las secciones. ¿La obligación de la minoría era cruzarse de brazos?
Mientras tanto Laporta, en El País, exigía silencio mediático a Rosell, “todas las desavenencias hay que tratarlas en la junta y no en los medios de comunicación”, y al mismo tiempo aplaudía públicamente, en un ejemplo de coherencia, las explicaciones ofrecidas por Rijkaard a los mismos medios de comunicación.

Interviene Scolari
Había que conocer la opinión de Luiz Felipe Scolari, parte afectada involuntariamente en este vodevil. Preguntado sobre el tema respondió: “Sólo he recibido en mi vida una oferta del FC Barcelona y el presidente era Gaspart”.



Cruyff dixit
Y faltaba, claro, el punto de vista del asesor Cruyff. Leído en El País: “Es cierto que en su momento le dije a Laporta que Rijkaard sería un buen entrenador para el Barcelona y que me parecía una buena idea que contara con Txiki. Nada más”. El nada más debía referirse a que en este escenario idílico Rosell sobraba. “Que se callen los que hablan y dejen trabajar”, decía. Es de suponer que en ese deseo quedaba excluido él, un profesional de hablar y escribir, y no necesariamente bien, acerca de los que trabajan. El Maestro tenía licencia para decir lo que se le antojara. Los demás, a callar. “Los directivos están para ejecutar las ideas que marcan los técnicos. En mi vida no he visto nunca que los fichajes los decida alguien de la junta”. Quizá por eso dejó de ser entrenador del Barça. Sus últimos fichajes, los Kodro, Pablo Alfaro, Prosinecki, Hagi, Jose Mari, Escaich, Eskurza, Korneiev y compañía seguramente los hubiera mejorado cualquier directivo espabilado con dos dedos de frente. Rosell apostó personalmente por Ronaldinho, y Cruyff aún no se lo había perdonado. Qué desfachatez, fichar a Ronaldino sin pedirle permiso al experto Txiki, un maestro de la negociación. El entorno Cruyff se la tenía guardada a Rosell. Y al propio Ronaldinho. “El Barça juega con diez”, solía decir en las tertulias uno de los miembros de la cuadrilla del gurú holandés mucho antes de iniciarse el declive de Ronaldinho.

Sandro, haz el favor de marchar
El 31 de mayo de 2005 Sport titulaba: “La junta presiona a Sandro para que dimita” Y ofrecía tres argumentos: “1. Debe rectificar y compartir el proyecto para seguir. 2. El club funciona a pesar de su automarginación. 3. Rijkaard, Laporta y Cruyff ya le han censurado públicamente”. Curioso, se hablaba de “automarginación” y se valoraban las intervenciones “públicas” de Rijkaard, Laporta y, sobre todo,  Cruyff como argumentos convincentes que justificarían su dimisión. Y luego decían que Cruyff no “estaba”.
Y llegó el momento de que la mayoría ruidosa hiciera sonar su voz. Tras la dimisión de Monés y los inminentes anuncios de Rosell, Bartomeu y Moix, los otros cuatro vicepresidentes de la directiva, Vicens, Godall, Ingla y Soriano, convocaban a la prensa para eso que tan poco le gustaba a Laporta  (“todas las desavenencias hay que tratarlas en la junta y no en los medios de comunicación”). Ahora sí tocaba. Se trataba de hacer pública su versión, que obviamente pasaba por remarcar el carácter democrático de la directiva. Vicens anunciaba solemnemente que “la Junta nunca ha desactivado a nadie; las decisiones siempre son democráticas”. Ingla expresaba su “desconcierto por estas dimisiones encadenadas y estos avances de dimisión” y recalcaba que “nos estamos ciñendo a las líneas de nuestro programa”. Soriano lamentaba que “parece que hay una estrategia de ir anunciando dimisiones que obedece a intereses individuales” y negaba que hubiera “influencias externas en esta Junta Directiva”, mientras que Godall se resistía a admitir que “haya presidencialismo en el club” y aseguraba que “es imposible tener un régimen interno de junta más democrático y transparente”. En el comunicado leído por Vicens se negaban, por mayoría democrática, claro, las acusaciones de Monés acerca de las interferencias de Cruyff en el apartado médico.
Los cuatro vicepresidentes pedían a Rosell “y al resto de sus partidarios que acepten las decisiones de la mayoría o que dimitan”. Soriano sacaba a relucir su mejor punto demagógico y ventajista: “Se ha logrado devolver a la primera línea al Barça, pero hay una minoría que no lo ve así”. Y Vicens echaba mano de las palmas: “Laporta es muy generoso y agradecido con quien trabaja en beneficio del club”.
En la nota recitada por Albert Vicens se decía: “Los problemas existentes han surgido por culpa de una minoría organizada que no ha sabido respetar el juego democrático”. Justo lo que había escrito 24 horas antes Lluis Mascaró en el diario Sport. Casualidad.

Los equivocados son los demás
“La deslealtad aparece cuando no se respeta la opinión de la mayoría y se actúa en contra”.
Si las minorías estaban organizadas, las mayorías no se quedaban atrás echando mano de todos sus recursos mediáticos. Resultaba cuando menos grotesco que eso lo firmara Albert Vicens, cualificado activista del Elefant Blau, minoría organizada que siempre se opuso a la voluntad de las mayorías expresadas democráticamente en las urnas. Además, Vicens abandonaría el club tres años después por motivos muy similares a los que empujaron a Rosell a dejar la junta.
En la nota se negaba cualquier desvío al proyecto inicial y se mostraba satisfacción por cómo hacía las cosas la directiva. Ni la más mínima intención de reconocimiento de un solo error. Nada de autocrítica. Que la hagan los otros. Los equivocados siempre son los demás.
Soriano sostenía que “la minoría organizada puede responder a “determinados intereses”, como si el Elefant Blau siguiera vivo. Vicens le apoyaba: “La estrategia de dimisiones programadas perjudica gravemente la estabilidad del club, está hecha en beneficio individual y puede responder a determinados intereses”. Y es que de eso, de intereses ocultos, sabía mucho Vicens de su época de opositor. De todas formas, Vicens no quiso entrar a valorar las críticas de Rijkaard y Ten Cate a un vicepresidente. De haberlo hecho alguien podría haberle recordado los trompazos lanzados por su Elefant contra Van Gaal por meterse donde no le llamaban. En algo coincidían los cuatro vicepresidentes: “Todo lo que han hecho ha sido en clave electoralista”.  En realidad, ni Rosell ni ninguno de los directivos dimitidos hicieron el más mínimo gesto electoralista cuando se convocaron las elecciones en 2006. Aunque, eso sí, en 2010 cuatro vicepresidentes, unidos contra Laporta y Rosell, encabezaron una candidatura que fracasó estrepitosamente en su intento de asalto al poder topando con Rosell.



Barça TV no se entera
Jordi Monés, el directivo responsable del área médica e integrante del sector crítico en el seno de la junta, fue el primero en dimitir, luego Jordi Bartomeu anunciaba su inminente renuncia. El sarao era ya de considerables proporciones. Directivos que dimiten, vicepresidentes que emiten un comunicado, Rijkaard, Cruyff y el presidente rajando contra un vicepresidente. Más noticias morbosas en menos tiempo, imposible. Pues para Barça TV, controlada con mano de hierro por la directiva de la transparencia, no había noticias ese día. De hecho los disidentes convocaban a los medios de comunicación y Barça TV no se daba por enterada.  Ingla dijo que fue “porque la rueda de prensa de Monés fue fuera de las instalaciones del club”, en el Top City del hotel Princesa Sofía, a 200 metros del Camp Nou, como si fuera norma del canal barcelonista emitir únicamente imágenes y noticias que se producen en suelo blaugrana. La defensa de Echevarría en rueda de prensa en las instalaciones del club tampoco fue noticia para el aparato de propaganda de Laporta. Barça TV ni siquiera ofreció la rueda de prensa de los cuatro vicepresidentes. “No tengo detalles sobre esto” fue la respuesta de Marc Ingla, el responsable. Es difícil encontrar otra etapa en la historia del club con una política oscurantista tan pronunciada.

Monés, el primero
Jordi Monés manifestó en su despedida que “ahora no reconozco al Jan que conocí hace dos años (…) Sé quién es el presidente, pero no sé quién manda (…) En la junta hay directivos más informados que otros (…) Cruyff ha influido en mi área de actuación desde el primer día (…) Había muchas presiones para hacer las cosas a su manera mediante personas ajenas al club (…) Nos llenamos la boca diciendo que daríamos otro estilo. Nos llenamos la boca de democracia… de ética, de catalanismo… (…) Para esta junta la discrepancia se convierte en disidencia y la disidencia en deslealtad. El presidente confunde la institución con su persona y en esta junta no se puede trabajar en equipo (…) Abandono por coherencia con el proyecto inicial”.
Reconocer errores honra al que los reconoce. Bartomeu hizo un acto de opinión muy loable que no podía ser censurado por una junta que tuvo en la disidencia máxima su origen (…) Nunca pensé que las opiniones discrepantes se tratarían así. Hace dos años criticamos esta manera de actuar y ahora el presidente dice que hay que ser fiel al proyecto. Por eso mismo me voy. Ahora este no es mi proyecto (…) Mi asistencia a las juntas era un hecho testimonial. Como en las juntas no se decidía nada, prescindí de presentar la dimisión en junta directiva (…) Los trabajadores y los ejecutivos del club han vivido presionados, por no decir una palabra más fuerte, por parte de la directiva para saber de qué lado están (…) El personal médico no podía hablar de la intensidad de los partidos, de los calentamientos y del cambio de césped mientras el resto de la gente se permitía opinar sobre medicina (…) A mí me trataron de puentear la semana pasada en una reunión en la que se tenía que planificar el funcionamiento de los servicios médicos de cara al año que viene. La reunión se suspendió. Ya no me puentearán”.

El pueblo opina
Sport publicaba ese día el resultado de una encuesta en la que se buscaba la identidad de los culpables de la crisis. Según sus lectores, la responsabilidad estaba repartida así: Laporta, 50%, Cruyff, 24%, Rosell, 20%, Rijkaard, 0%, otros, 4%. Y Josep Maria Casanovas escribía: “A Laporta le han faltado reflejos para adelantarse a los acontecimientos antes de que explotaran”. Y recordaba que “en la victoria de Laporta se dijo que se habían acabado los ismos en el Barça, nuñismo y cruyffismo”. Era evidente que un ismo era ya historia y que el otro estaba más vigente que nunca.

Se impone el pensamiento único
El 1 de junio de 2005 Monés explicaba a La Vanguardia que “no me han considerado, ni respetado ni consultado (…) Si hubiese pensado que había una posibilidad de regeneración, no hubiese dimitido. Pero esto no es posible. Se ha ido demasiado lejos”. Ese mismo día denunciaba en El País “importantes desviaciones respecto al proyecto original. Me embarqué en el proyecto de Laporta no sólo para ganar títulos, sino para dar otro estilo, otra imagen de la gestión del club. Entonces hablamos de renovación total (…) Hay que ser fieles al proyecto, pero a aquel proyecto, el que explicamos en la campaña electoral, el que nos dio la confianza de los socios para cambiar al Barça”.  Y acusó a la mayoría de directivos de someterse a la voluntad de Laporta, al que tildó de “presidencialista”. “Ser presidencialista es un modelo que existe y es respetable, pero pensábamos que veníamos a luchar contra cosas que se daban en el pasado”. Monés insinuó que Rijkaard recibió presiones para que replicara a Rosell y volvió a insistir en que “Cruyff está influyendo en el club y, desde el primer día en el área medica intentando que hubiese gente de su entorno”, en referencia a Antoni Tramullas, ex médico de la sección de baloncesto y desde enero del fútbol. “El pensamiento único preside ahora el espíritu de la junta (…) En las decisiones importantes se ha aceptado mal no estar de acuerdo. Se ha confundido discrepar del presidente con no respetar la institución”.

La inevitable dimisión de Rosell
El 2 de junio de 2005 Sandro Rosell convocaba a los medios de comunicación y hacía pública su renuncia sin resistirse a apuntar contra quienes le habían buscado las cosquillas durante su periodo en la vicepresidencia. Recibió Cruyff: “Lleva 30 años al lado del que manda, actuando a su favor o en contra. Por el bien de todos, que se aparte y no presione más al presidente. Por favor, que se aleje un poco y deje al presidente que se relaje, porque necesitamos un presidente más relajado”.
También Txiki salió retratado: “Está haciendo el trabajo que le manda el presidente” y recordó que “la persona que trabaja para Cruyff también trabaja para Txiki”.
Respondió a Rijkaard. “Es mentira que yo propusiera su destitución dos veces. En enero, y en presencia de Laporta, Txiki y Cate, le comunicamos que si los resultados no cambiaban tendríamos que tomar decisiones drásticas”. Y aprovechó para recordar que de aquella reunión salió un cambio de sistema de juego y se pasó de un 4-2-1-3 a un 4-3-3 y ello propició que mejorase el juego de Ronaldinho. “Si no iba a las reuniones con Rijkaard es porque no me las comunicaban”.

La mayoría, contra el levantamiento de alfombras
Pero el objetivo claro de sus críticas era Laporta: “Del plan inicial ha desaparecido la independencia, la transparencia y la democracia en el seno de la junta (…) Las diferencias no son nuestras, son de la gestión de Laporta con su programa electoral (…) Si se mantuviera el espíritu de Primer el Barça, yo no dimitiría (…) Joan, no te olvides de que el club es de los socios, ellos te eligieron y debes rendirles cuentas. El Barça ha de ser un club democrático siempre (…) Me he equivocado al invertir horas y esfuerzos en un proyecto que Laporta ha desvirtuado (…) Espero que con mi marcha el presidente se relaje, dé un golpe de timón y vuelva al origen, reencontrándose a sí mismo, solucionando su verdadero problema, que no es otro que haber traicionado la vocación de servicio al Barça (…) Se ha olvidado de cumplir puntos básicos del programa. ¿Ejemplos? La falta de transparencia. Me parece inaudito que un compañero de junta me diga que no puede explicar las negociaciones en China amparándose en una cláusula de confidencialidad. Espero que se vaya a China y vuelva con el dinerito. Me gusta que el Barça salga en el Financial Times, pero no para decir que hemos hecho un numerito (…) ¿Más razones? Prometimos levantar las alfombras y no lo hicimos porque en la junta se decidió por votación no hacerlo, pero lo prometimos (…) Nunca se levantaron las alfombras. Así se decidió desde una parte de la junta. La votación dio el resultado de siempre”.

Encuestas favorables
Admitió que su primer desacuerdo con Laporta partía de su política de comunicación. “Lo dije en la junta y en presencia del responsable (Jordi Badía). Un compañero me echó en cara que no me iba tan mal cuando las encuestas de popularidad encargadas desde la junta me valoraban más a mí que al presidente. Por eso mismo, le contesté: “señal de que lo hace mal, pues el presidente debe ser el primero”.
Es Laporta quien lidera y toma las decisiones. Es él quien debió gestionar mejor las discrepancias en la junta para que no acabara imponiéndose el pensamiento único. La democracia es respetar a la minoría no imponerse sistemáticamente por mayoría (…) Sabes que siempre habrá la misma votación. No aceptan las opiniones (…) Ahora ya puede haber un pensamiento único y estarán más relajados”.

Contraataque de Laporta
Laporta respondió inmediatamente convocando otra rueda de prensa: “Ha quedado muy claro que Rosell tenía un enfrentamiento encubierto y sistemático con los técnicos Txiki y Rijkaard. Ha sido una constante. He intentado que diera marcha atrás, pero no ha sido posible”.
El presidente reveló que Rosell le insinuó la conveniencia de gobernar el club entre los dos. “Eso no lo podía permitir porque hay compañeros de junta a los que hay que respetar. Tengo la absoluta tranquilidad de conciencia de haber respetado el principio de democracia”. Luego Laporta gobernaría en un mano a mano con su cuñado y luego con su primer delfín, Ferran Soriano. Y más tarde con su director general, Joan Oliver, con más mando en plaza que los propios vicepresidentes y con licencia para espiarlos. Ese no era el problema.
Los directivos dimitidos llevaban adelante un proyecto que manifestaba una clara defensa de intereses particulares. Entraron en una dinámica de deslealtad. Si no aceptas a la mayoría sólo te queda una solución: dimitir. De lo contrario se entra en una dinámica de deslealtad”. Echando mano de su dudoso concepto de la transparencia, Laporta tiraba la piedra y escondía la mano. ¿En qué consistían esos intereses particulares que defendían los dimitidos? ¿Y en qué se diferenciaban esos intereses particulares de sus continuos viajes a China que jamás han sido explicados a quienes los pagaron? ¿Sería también un ejercicio de transparencia el escandaloso suceso de los vicepresidentes espiados con el dinero de los socios? Y si llevamos el tema al terreno de la deslealtad, nadie la ha ejercido con mayor descaro que el propio Laporta, quien, como minoría y desde fuera del club, se negó sistemáticamente a aceptar los resultados democráticos –y amplios-  que arrojaban las urnas en su contra y a los que respondía desestabilizando con su tristemente famosa actitud incendiaria que, es de suponer, respondía a su interés particular de hacerse con el poder del club.

MAÑANA, PRÓXIMO CAPÍTULO

Sandro Rosell, el vicepresidente (IV)

No había alfombras para levantar /Lecciones de lealtad“El club no puede depender de una persona”¿Se tienen que ir o deben quedarse?Directivos sin medallaLa opinión de sus amigosLos fuera de serie se convierten en resentidosEl mundo se llena de traidoresA Moix lo echanLe castigan por sus ideas

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