2012-11-17 13:11 FC Barcelona Por: Administrador

Sandro Rosell, el vicepresidente (V)



Mayoría organizada
En 3 de junio de 2005 Sergi Pàmies planteaba una curiosa reflexión en El País: “Cuando Albert Vicens habla de minoría organizada, parece como si la mayoría no estuviera organizada”. Pamies resumía con una buena dosis de ironía la intervención del presidente ante la prensa: “La comparecencia de Laporta fue una admisión de su incapacidad para armonizar voluntades”. Lo cierto es que no supo cohesionar a un grupo de amigos tan ambicioso como dispar, apostó por su capacidad de liderazgo y en cuatro casos fracasó. Luego llegarían más desengaños. Muchos más.
El Crack titulaba el tema ese día con grandes alardes tipográficos: “Laporta, único culpable (…) Paso al pensamiento único (…) Esta junta no es la que votó el socio azulgrana (…) Sólo quedan 11 directivos de la lista inicial”. Verdades irrefutables.

Cruyff ha influido
Santi Nolla escribía en Mundo Deportivo que “no ha sido el fracaso de una generación, ha sido el fracaso de las personas… El Barça también perdió ayer porque ha perdido a personas válidas como las que han dimitido (…) La confección de la plantilla no la han hecho sólo Txiki y Rijkaard, como se ha intentado vender últimamente”.
La quiebra se ha producido dentro de la propia junta, ha sido de orden interno, pero es innegable la influencia que ha tenido en la separación la figura de Johan Cruyff (…) La crisis no ha nacido de una oposición desde fuera, sino del descontento desde dentro (…) Laporta ha reconocido que a los dos técnicos se les fichó por recomendación de Cruyff (…) El problema es que en algún momento se ha llegado a pensar que Rosell podía ser un candidato opositor”. Así las cosas, a un Rosell relegado y sin influencia alguna en la política de fichajes, le iba de maravilla que llegaran al club Maxi y Albertini sin su certificado de garantía.

Reacciones
Ronaldinho admitía estar “muy triste por esta decisión de Sandro, que ha sido muy importante para el renacer del Barcelona y me disgusta lo sucedido porque es un gran amigo. Es la persona que más me ha ayudado y hubiera preferido que las cosas no hubiesen terminado así”, Xavi sostenía que “están haciendo un flaco favor al club” y Carles Rexach ponía el dedo en la llaga en TV3: “Me da miedo que no se acabe la fractura social. Durante las elecciones Núñez y Cruyff han callado, pero ahora parece que Cruyff forme parte de la junta de Laporta. Los seguidores pensaban que se había acabado el nuñismo y el cruyffismo. Que Cruyff tenga un papel protagonista puede hacer que algunos votantes se sientan engañados”. No andaba desencaminado, como se vería más tarde. Belletti, el que luego sería héroe de París, no ocultaba su desasosiego: “Sabía que la situación era complicada y estaba preocupado. No puedo ocultar que me entristece la marcha de Sandro”. Y Deco añadía que "los amigos podemos escogerlos y Rosell sigue siendo mi amigo". Los tres brasileños saltarían del club en la primera oportunidad que se planteó de hacer limpieza.
Pep Guardiola, por su parte, señalaba que “hay poca paz para trabajar, por eso sólo tenemos una copa de Europa”. Y en el primer partido jugado por el Barça tras la tormenta, en Lleida, pudieron leerse en la grada varias pancartas que reflejaban el sentir del pueblo: “Sandro, president”, “Força Sandro”, “Sandro=Sambateam”, “Núñez+Gaspart=Laporta”, “Laporta, dimissió, Johan fora de Catalunya”. Acostumbrado a manipular a la opinión pública desde su escondite en la oposición, creía Laporta que lo de Lleida no era más que el resultado calculado de una estrategia. Sin embargo, las encuestas de los medios de comunicación acabarían por desautorizar sus teorías. En Sport, un medio nada sospechoso, podía leerse: “Rosell gana en las encuestas (…) Las encuestas en la red favorecen de mucho al directivo dimitido”. El 56% de los internautas de Sport creían que a Rosell le asistía la razón, mientras que sólo el 26% se decantaban por el presidente. En Marca el 78% consideraba culpable de la crisis a Laporta, mientras que en El Larguero, de la Cadena SER, el 77% creía que Rosell es más fiable que Laporta. En la encuesta de Mundo Deportivo las culpabilidades, según los lectores, se repartían así: Laporta 41%, Cruyff, 31%, Rosell, 11%, Rijkaard 6%, el entorno 7%, y otros, 4%.
Hasta Jordi Juan, de La Vanguardia, admitía el 4 de junio que “la calle es un clamor a favor de Sandro Rosell. Chapeau para la estrategia comunicativa de Rosell y cero patatero para Laporta”.



Las razones de un desencuentro
Se habían producido cuatro bajas en la junta y ninguna de ellas obedecía a una estrategia estudiada. La adversidad había unido a cuatro miembros que aterrizaron en la junta de Laporta desde posiciones muy diferentes. Sólo Bartomeu llegó al Barça de la mano de Rosell. Moix fue una aportación de Laporta, con quien compartió duras batallas contra el poder desde su militancia en el Elefant Blau, junto a Godall, Vicens y Castro. Monés, por su parte, pertenecía al grupo de los Pinyols, de marcado cariz catalanista, junto a Rovira, Cambra, Ferrer y Cubells. La teoría de la conspiración desde dentro carecía, por tanto, de base. Les unió el flagrante desvío de Laporta de su ilusionante programa electoral. De hecho, el primer desencuentro llegó en la primera reunión de la junta. Rosell, Bartomeu. Monés y Moix votaron a favor de que se levantaran las alfombras de la gestión de la anterior directiva. Los trece directivos restantes se opusieron a instancias del presidente y contraviniendo las promesas electorales. Luego vendrían las interferencias de Johan Cruyff encumbrando a sus recomendados Txiki y Rijkaard en detrimento del vicepresidente deportivo, a quien se propuso convertir en una figura decorativa. Y también influyó el ocultismo con el que se llevaron las negociaciones del sponsor chino, el polémico nombramiento de Valero Rivera como director general de secciones, las decisiones unilaterales del presidente en la sección de baloncesto y finalmente el ascenso a la cima del poder de Alejandro Echevarría.

Venden Can Rigalt sin quorum
La junta quedaba reducida a once miembros tras la posterior dimisión de Xavier Faus, que tampoco encajó bien el hecho de ser ninguneado en el tema del sponsor chino en beneficio del papel mediático ascendente del “delfín” Soriano. Los estatutos no permiten un número tan bajo de directivos y la junta corría el riesgo de ver impugnadas sus decisiones si no sustituían rápidamente a los dimitidos. De cualquier forma, no se dieron mucha prisa y, entre otras, se tomó en esos días de provisionalidad la decisión de vender un tercio de los terrenos de Can Rigalt.
El 4 de junio SPORT informaba de que “Rosell pidió a los empleados apoyo a Laporta. A través de un e-mail se felicitó por haber podido trabajar con ellos (los empleados) durante estos dos años y les pidió apoyo para el presidente y la junta en la búsqueda del camino correcto para situar al Barça donde se merece”. Y luego, en un confidencial, desvelaba: “¿Sabía que Joan Laporta fue el primero en decirle al dimisionario directivo Jordi Moix que ya no confiaba en él y luego, a excepción de un dirigente, todos los demás miembros validaron la impresión del presidente?”. ¿Hacen falta más pruebas que confirmen por qué en esa junta las decisiones se adoptaban por unanimidad?

Ayuda mediática para el presidente
La credibilidad del presidente estaba seriamente cuestionada. Necesitaba todo el auxilio mediático del mundo para rehacerse. Y La Vanguardia, el 5 de junio, le echaba una mano a Laporta y a su asesor Cruyff (en nómina entonces en el buque insignia del grupo Godó) censurando de paso a Rosell. Hasta se le ofrecía una tribuna periodística al prestigioso chef Fermí Puig para explayarse en defensa de su fiel cliente: “Albergo pocas dudas de que nos encontramos en el inicio de una larguísima campaña electoral. La formidable plataforma mediática de la que ha dispuesto Sandro Rosell durante más de un año, a base de erosionar por activa y por pasiva la figura del presidente más votado de la historia del club, difícilmente será desaprovechada”. El afamado cocinero, un número uno en lo suyo, demostraba que como adivino no tenía futuro. Una larguísima campaña electoral no se programa desapareciendo del primer plano mediático, como haría Rosell, con el único paréntesis de la publicación de su libro.
El presidente más votado de la historia del club hasta entonces contaba con el apoyo del chef de su restaurante preferido, que añadía en su artículo: “Haría bien Laporta, que hasta la fecha ha ejercido el cargo con extraordinaria dignidad, en proporcionar a Txiki y Rijkaard toda la munición que precisen para asegurar los mayores éxitos deportivos en el futuro. Quizá así pueda conseguir que la deslealtad quede sin premio”. Otro que a la discrepancia le llamaba deslealtad. ¡Viva el pensamiento único! De lo que no hablaba Puig es de la deslealtad de Laporta hacia el socio que votó un programa con Beckham, sin subida de cuotas, con alfombras levantadas, con un equipo directivo unido, con un obligado respeto a los estatutos, sin mentiras en las asambleas, sin numeritos en el aeropuerto, con un sponsor millonario, con una cantera poderosa, con unas secciones triunfadoras... Txiki y Rijkaard no debieron recibir la munición solicitada por el cocinero, porque a ese equipo triunfador sólo le quedaban meses de vida y un penoso camino de dos años de fracasos. Tuvo que aparecer Guardiola para poner orden en el caos interminable organizado desde la cúpula del club.
Y concluía Fermí Puig: “¿Qué se hace cuando una minoría de directivos, sistemáticamente discrepantes del criterio claramente mayoritario, se convierte de facto en la oposición del club?”. A diferencia de Laporta, quien en su etapa de ¿leal y minoritario opositor? negaba su intención de convertirse un día en candidato, ni Rosell, ni Bartomeu, ni Moix ni Monés se convirtieron en asiduos de las tertulias ni aparecieron día tras día en los medios con el fin de erosionar la figura del presidente sacándole punta a lo que fuera ni movieron un dedo para acceder al poder. Si ellos eran la oposición, tanto Laporta como Fermí Puig podían dormir tranquilos, porque con Laporta se rompió el molde de la discrepancia -¿o deslealtad?- salvaje.



Laporta se explaya
El presidente debió comer el día anterior en el Drolma, porque el arículo de Puig y las manifestaciones de Laporta el mismo día en El Periódico coincidían de forma pasmosa. ¿Habría que hablar de estrategia predeterminada de la mayoría para erosionar a las minorías?
El Periódico aportaba su granito de arena en la reconstrucción de la imagen del presidente con una extensa entrevista repleta de perlas deliciosas. Por ejemplo:
-“El objetivo era erosionar el proyecto, desprestigiarme personalmente en perjuicio, por supuesto, de la institución. También hay una estrategia personal de presentarse a las elecciones. Estoy absolutamente convencido”. Sostiene un viejo refrán: “piensa el ladrón que todos son de su condición”. Rosell no se presentó a las elecciones de 2006 contra Laporta, quien con buen criterio admitía que su desprestigio personal perjudicaba a la institución. Pero para desprestigiarse no necesitaba de ningún contubernio externo. Se bastaba él solito con sus actos.
-“Ahora cada uno está en su sitio. Nosotros gobernando y ellos en una posición crítica fuera de la directiva, que es lo que tocaba, porque cuando estás en minoría y no estás dispuesto a respetar las decisiones de la mayoría lo que has de hacer es irte. Por dignidad. Ellos han sido desleales y han mantenido una actitud muy reaccionaria”. ¿No tendrían los “reaccionarios” de esa época el mismo derecho que se arrogó él años atrás para discrepar de otros proyectos que no coincidían con el suyo desde la minoría? ¿Por qué los de ahora tenían que irse por no comulgar con su pensamiento único mientras él pretendía en el pasado entrar en el club con los mismos argumentos y desde su posición minoritaria? ¿Por qué no abandonó él su causa y se fue cuando no estaba dispuesto a respetar las decisiones de una mayoría refrendada democráticamente por los socios? ¿Por qué no se fue él cuando la mayoría de los socios le demostró en la moción de censura que no le quería? Otro ejemplo más de coherencia y de talante democrático.

La candidatura fantasma de Rosell
Le preguntaban: Habla de una futura candidatura. ¿Cree que con Rosell como líder?
Respuesta: “Me da igual quien la lidere, porque ahora tendremos suficiente calma para poder gobernar el club con serenidad. Ya veremos cuándo hay elecciones y quién se presenta”. Lo vimos. Las elecciones se convocaron cuando él no quería por orden del juez y ahí de Rosell nada se supo. ”Durante los últimos meses Rosell ha ido preparando una estrategia muy clara para abandonar la junta con la intención de elaborar una candidatura. No compartía la forma de gobernar. Su forma de gobernar era el tú y yo. Esta fue su intención desde el primer día. Eso del tú y yo creaba unas tensiones tremendas. Exigía, por ejemplo, que Ferran Soriano dejara de ser director general porque, según él, no podía ser vicepresidente y director general a la vez. Y como ésta, un montón de exigencias basadas en el tú y yo”. Soriano debía compaginar sus funciones de vicepresidente y director general. En cambio, Rosell debía renunciar a sus competencias como responsable deportivo en favor de Txiki Begiristain. Se le entendía todo.

Inmaduros
-“Hemos dado una muestra de responsabilidad, sobre todo los que continuamos en el proyecto. Los que se han ido han actuado con una gran inmadurez. Tanto, que no les ha importado perjudicar a la institución”. Mayor perjuicio le causaba a la institución quien resultaba elegido presidente utilizando una serie de argumentos que luego incumpliría sistemáticamente. De todas formas, el nuevo mensaje de Laporta sonaba a chiste después de oírle tantas y tantas alabanzas dirigidas a Rosell. Mentía. O antes o ahora. Y habrá que recordarle que el mundo está lleno de inmaduros. Ocho de los “responsables” que se quedaron le dejarían luego en la estacada. También podía ser que él mostrara su torpeza buscando compañeros de viaje suficientemente maduros. 15 inmaduros optaron por abandonarle en 7 años. Muchos eran.

 Amigotes y amiguetes
-“En el Speakeasy me propuso pactar. Le dije que no tenía nada que pactar, que el problema, y serio, lo tenía él con la junta. Le dije: “has tensionado tanto con el tú y yo, con esta historia de no aceptar las personas que están dirigiendo el proyecto deportivo que ya es muy difícil arreglarlo. Yo no tenía ningún problema para arreglarlo, pero él tenía un problema con nuestros compañeros de junta y no quiso arreglarlo. Siempre nos decía que éramos una junta de quinta división. Me dijo muchas veces que para tener una junta de más nivel teníamos que poner a otras personas, amigotes suyos. Y estos amiguetes no tenían nada que ver con el proyecto ni con los actuales miembros de la junta. Eran otra historia. El se refería a que debía haber gente más potente. Gente de antes. Dijo algunos nombres que no nos gustaron”.
Amigotes, amiguetes… Eso sí que no. En todo caso, cuñadotes o cuñadetes. Y primotas o primitas Y compañeros del cole. Y Perrín y Borrás y Sala i Martín y Magda Oranich y Joan Oliver… Esos no eran amiguetes. Quizá sólo amigachos.

MAÑANA, PRÓXIMO CAPÍTULO

Sandro Rosell, el vicepresidente (VI)

Los que se quedan sí son honestos / Txiki, sin protagonismo / Las alfombras / Transparencia / El libro de Rosell / Presenta el libro y da su versión / El presidente transparente, en Gol a Gol / De Sandro a Alejandro

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