2012-11-17 13:11 FC Barcelona Por: Administrador

Sandro Rosell, el vicepresidente (VI)



Los que se quedan sí son honestos
Seguía Joan Laporta con sus explicaciones en El Periódico:
-“Los que han demostrado responsabilidad, espíritu de sacrificio, aguante y honestidad han sido la mayoría de la junta (…) Ellos han actuado guiados por una estrategia diseñada desde hacía meses, con asesores de imagen y jefes de campaña incluidos. Es imposible que alguien pueda estar conspirando y confabulando de esta manera mientras está en un órgano colegiado. Por eso tengo claro que constituirán una candidatura en las próximas elecciones”. A día de hoy no consta por ningún lado una rectificación de Laporta ante tanta intoxicación. Ni asesores de imagen, ni jefes de campaña ni candidatura en las próximas elecciones. Otra mentira. Y qué triste debió resultarle luego que muchos de los que habían demostrado responsabilidad, espíritu de sacrificio, aguante y honestidad le dejaran también tirado y, además, exigiendo su dimisión. Estaban todos, todos equivocados…menos él.
-“No sólo en noviembre de 2003 y en junio de 2004. Rosell, durante todo el año pasado y, peor aún, hace dos meses, iba diciendo que no ganaríamos la liga”. Dando por hecho que eso fuera cierto, y sin que sirva de precedente, Rosell se expresaba en los mismos términos que el amiguete Johan Cruyff, que iba por ahí diciendo que la plantilla estaba desequilibrada y que así no iban a ninguna parte. “Porque, según él, los técnicos no tenían nivel para conseguirlo. ¡Es muy fuerte! No seamos hipócritas”. Tiene gracia que fuera Laporta quien diera lecciones de transparencia acusando a los demás de hipocresía.

Txiki, sin protagonismo
-“A Txiki no se le ha concedido más protagonismo porque Rosell no quiso. Desconfiaba de ellos. Intenté hacerle ver que sus fantasmas y sus historias sobre Cruyff no eran ciertas. Pero no había manera. Que alguien me cite alguna imposición de Cruyff. Nos aconsejó los fichajes de Txiki y Rijkaard y está claro que acertamos. Además es una gran persona”. Sólo faltaría que Cruyff, desde fuera, se dedicara a imponer. Sin embargo, Monés podría explicarle, tal y como apuntó en su despedida, en qué consistían las interferencias de Cruyff en los servicios médicos.
Y le preguntaba el periodista de El Periódico por la llave de oro de la ciudad que recibió de manos de Gaspart, el mismo al que le iban a levantar las alfombras y con quien se abrazó ante los fotógrafos.
-“Lo más fácil, pensando en mí mismo, hubiera sido decir: no voy. Tenía más a perder que a ganar. Pero pensaba que la daba Turismo de Barcelona y quien conoce a Gaspart sabe que estas cosas le entusiasman y le hacía una ilusión especial darme la llave de la ciudad”. Pensando en sí mismo, como siempre, lo lógico era que Laporta acudiera corriendo a recibir el presente. Los homenajes y baños de masas, como se pudo comprobar durante todo su mandato, le fascinan.

Las alfombras
Y sobre su promesa de levantar las alfombras, ahora más tímido, respondía: “Hay muchas maneras de levantar las alfombras. Por ejemplo poniendo a 20 expertos a analizar profundamente las cuentas y los papeles del club. Conclusión: déficit de 164 millones, deuda de 150 millones. Pero de documentación que acredita alguna irregularidad que pudiera ser presuntamente constitutiva de delito: cero, ni una. No hay nada denunciable. Es muy fácil hacer demagogia con esto. Pero el presidente del Barça no puede actuar con temeridad”. Efectivamente, era muy fácil hacer demagogia. Lo sabía por experiencia. El presidente del Barça no podía actuar con temeridad, pero ¿el opositor y candidato Laporta sí podía hacerlo? ¿Era demagogia lo que empleó para hacerse con el poder cuando auguraba poco menos que el fin del mundo si él no resultaba elegido para salvar al club del caos? ¿Por qué entonces dudaba de todo, presumiendo de ser el único que se atrevería a levantar las alfombras y ahora se echaba atrás incapaz de cumplir su promesa? ¿Fue demagogia lo que empleó cuando sembró la duda sobre la honestidad de los anteriores gestores? ¿Por qué desde fuera se atrevía a lanzar acusaciones temerarias sobre presuntas irregularidades que luego no pudo o no se atrevió a demostrar? ¿Cuándo mentía? ¿Cuándo lanzaba las acusaciones o luego, cuando negaba la existencia de irregularidades? Ahora era demagógico hablar de alfombras. Cuando era él quien tiraba la piedra y esparcía porquería contra la honestidad de los anteriores gestores, estábamos ante un acto de patriotismo blaugrana. Hablaba de demagogia el mismo que utilizó el argumento del levantamiento de alfombras para ganar las elecciones.



Transparencia
Hablando de demagogia, Laporta quedó bien retratado con la crisis de Rosell y el resto de dimisionarios. Las diferencias en el seno de la directiva estaban al cabo de la calle, los medios de comunicación informaban día sí día también de la división de la junta. Y Laporta respondía, echando mano de su habitual demagogia carente del más mínimo atisbo de transparencia, que allí no pasaba nada. La transparencia convertida en ocultismo escondió un cisma que duró año y medio echando mano de la pantalla de las falsas decisiones colegiadas y aprobadas por una unanimidad que nunca existió. ¿Tanto costaba admitir que no había unanimidad? ¿Qué necesidad había de mentirle al socio? ¿Por qué no se ejercía la transparencia con los dueños de la entidad? Parecía que al socio no se le podía mentir…más. Sin embargo, el laportismo siguió flirteando con la mentira hasta el final de su existencia.

El libro de Rosell
Superada la marejada de la crisis y dejando en evidencia las sentencias apocalípticas de Laporta, Sandro Rosell aseguró que se convertiría en un socio más y que renunciaría a hacer declaraciones. Y lo cumplió hasta que vio la luz su libro. Fue su única intervención en el debate blaugrana desde su condición de socio de a pie. Y ocasiones no le faltaron para denunciar irregularidades y erosionar la figura del presidente. Contrariamente a lo que Laporta pensaba y anunciaba, irresponsable y demagógicamente, Rosell no tenía ningún interés en perder el tiempo con esas batallitas.
Sin embargo el presidente no estaba dispuesto a responder con el mismo tono conciliador y actuando en clave “Primer el Barça”. Contra el enemigo se vive mejor, y Laporta ya había demostrado a lo largo de los últimos años del nuñismo que su juego era más ofensivo que defensivo y que lo que a él le iba era el ataque. En Sandro Rosell tenía a ese enemigo ideal que servía para justificarlo todo. Era su Bin Laden particular. El malo, malísimo a quien recurrir cuando se trataba de desviar atenciones. Mientras Rosell callaba, Laporta hablaba por los codos y no perdía la oportunidad de crucificarle en cualquier entrevista que le diera pie a ello.  Por tanto, no debe extrañar que en la asamblea del 20 de agosto de 2005 se explayara a gusto contra su ex compañero de directiva favorito. Leído en La Vanguardia: “Las únicas actitudes que no son posibles en la junta son las deslealtades y los egoísmos e intereses personales. La única lealtad que nos mueve, el único egoísmo e interés que nos guía es el del FC Barcelona”. El discurso de la deslealtad, repetido machaconamente, era el resultado de un detenido estudio de sus asesores de imagen -¿quizá en clave electoral?- para contrarrestar la evidente ventaja que le concedían a Rosell las encuestas en cuanto a nivel de popularidad. Y pensando en el Barça, claro, nunca en sí mismo, tenía que actuar y lo hacía.
Rosell permaneció callado hasta la presentación de su libro en marzo de 2006. Evidentemente, la corte mediática del laportismo intervino con rapidez para tildar de oportunista a la obra y al autor, posiblemente siguiendo las consignas del presidente, que antes de que la publicación viera la luz ya hablaba de desestabilizaciones, quizá porque de eso él sabía más que nadie.

La obra, titulada “Bienvenidos al mundo real”, explicaba entre otras cosas:



-“Laporta se cerró en un despacho del hotel Avenida Palace con Gaspart. A algunos les extrañó la reunión y, sobre todo, que durase 45 minutos y acabasen abrazándose. Alguien llegó a apuntar si estaban pactando algo, pero yo entonces di por hecho que no era así”.

-“Txiki y Rijkaard querían fichar la columna vertebral del Valencia. Lo que se conocía como la triple A: Aimar-Albelda-Ayala. Esta opción a mí no me gustaba. De prosperar, Ronnie no hubiese sido jugador del Barcelona”.

-“Sandro, ya puedes preparar un plan B, esto es inaguantable. La petición de Laporta me cogió por sorpresa. Una cosa es lo que decía en público, incluso a Rijkaard, y otra en privado. Sandro, ¿tú crees que podemos traer a Scolari? “.

-“Laporta introdujo a su cuñado en la junta “aprovechando el clima de inseguridad en el que se nos aseguraba vivía el presidente. El alta de Alejandro como directivo creo que fue la noticia que la web oficial del club dio con mas rapidez”. “Ahora difícilmente se mueve una piedra en el Barça sin que él lo sepa”. “El suyo es un barcelonismo reconvertido sin ningún tipo de tradición”.

-“Badía fue colocado personalmente por Laporta, no ha estado nunca al servicio de la entidad, actúa groseramente y está enemistado con buena parte de los profesionales de la ciudad, actúa en beneficio de quien tiene la presidencia y sus adláteres”.

-“Cruyff no valoraba el juego de Ronaldinho y Rijkaard acabó la noche mostrando su enfado porque no sabía qué hacer con él

-“Pasamos del 4.2.3.1 que proponían Cruyff y Txiki al 4-3-3 que prefería Rijkaard y a partir de entonces el equipo funcionó”.

Y el 20 de abril de 2006 Rosell se despachaba a gusto en El Periódico en plena promoción del libro.

-“Sé que Cruyff sólo leerá mi libro si alguien se lo regala y en la edición castellana”.

-“Si Txiki lee el libro con humildad quizá le sirva para aprender sobre gestión deportiva la primera parte. La segunda ya la conoce”.

- “Laporta tiene un conflicto consigo mismo. Y lo demuestra con hechos, porque también es el presidente de los calzoncillos y de Echevarría”.

-“Laporta ha creado un sistema de pensamiento único en el Barça en donde no se acepta la critica”.

“En el Barça mandan al 50% Echevarría y Cruyff”.

“Si se refieren a mí como una persona del entorno, y ese entorno es como el de Cruyff, yo no quiero estar en ese entorno”.

-“Laporta presentaría una moción de censura contra el actual presidente del Barça”.

-“Badía llamaba a periodistas para que escribieran mal de mí”.

-“Ahora Laporta está más relajado porque sólo hay un pensamiento único”.

-“Queríamos hacer un club más democrático y no está siendo así”.

-“Laporta quería ser vicepresidente deportivo. Y eso se demuestra con que desde que me fui no ha puesto a nadie para sustituirme”.

-“El cargo de Txiki necesita una formación ejecutiva que nunca tuvo”.

Y justificaba la aparición del libro, cuyos beneficios fueron destinados a la ONG Special Olympics, en base a que “en el Barça existe un sistema de pensamiento único que no acepta la crítica ni la divergencia. Es bueno que los socios tengan ahora otra versión para decidir con cuál se quedan: si con la mentira repetida mil veces y convertida en verdad o con la versión no oficial”.
A Rosell le coincidió la salida del libro con la consecución del título de Liga, la Champions y la crisis del gobierno Maragall y sus seis ceses. Si para alguien fue inoportuna la aparición del libro fue para él.

Presenta el libro y da su versión
El 20 de febrero de 2006 Rosell presentó a la prensa “Bienvenidos al mundo real”. "Este equipo también es mío", dijo en el acto. Más perlas: “No era real aquella relación de amistad que se encargó de publicitar Joan Laporta. Nos conocimos hace muchísimos años, coincidimos en un equipo regional, el Sant Andreu, pero lo dejamos porque no éramos buenos jugadores. Después perdimos el contacto, me fui a Brasil y no lo volví a ver hasta que coincidimos por medio de un encuentro propiciado por Jordi Moix”. O sea, que esa maravillosa amistad de la que presumía Laporta, esa que no podía romperse por nada, sólo había existido en la imaginación del presidente.
Sobre el detonante de su traumática ruptura, Rosell no encontraba otra explicación que “los celos, seguramente por mi presencia en los medios”. Ricard Huguet, ex del extinto Grup d´Opinió, próximo al Elefant Blau, respondió a las manifestaciones de Rosell definiéndole como “el Tejero de la democracia barcelonista”. Otro experto en conspiraciones quejándose de conspiraciones y utilizando la más desagradable y barriobajera de las comparaciones. Para él, sólo un golpista podía estar en desacuerdo con Laporta. Con el paso del tiempo, la masa social blaugrana se llenó de “Tejeros”.

El presidente transparente, en Gol a Gol
El 24 de abril de 2006, Sant Jordi, el Barcelona se encontraba en Sevilla para jugar un partido de liga mientras Rosell triunfaba con su obra en la Diada del Llibre y la convertía en una de las más vendidas de la jornada. Lluís Canut, entonces responsable del programa de TV3 Gol a Gol, entrevistó al presidente en directo en los momentos previos al partido que el Barça iba a disputar en el Sánchez Pizjuán. Laporta respondió con suma amabilidad a sus preguntas hasta que a Canut se le ocurrió decir que “como sabrá, hoy se ha celebrado el día del libro en Barcelona…” En ese momento, como movido por un resorte, Laporta se sacó la orejera para decir que lo sentía mucho, pero que le estaban esperando. Y dejó al periodista con la palabra en la boca. Otra muestra meridiana de transparencia, tolerancia y educación del presidente.

De Sandro a Alejandro
Poco antes Enric Bañeres había establecido una curiosa comparación en Mundo Deportivo entre Sandro y Alejandro. Rosell y Echevarria: “La reiterada presencia de Alejandro Echevarría en las comitivas oficiales del Barça, tanto en Chelsea como en Zaragoza, en la sala de prensa del Camp Nou o en los homenajes a Eto'o y a Albertini, son una clara muestra de que el cuñado de Laporta hizo tantos amigos o más en el mundo del fútbol de los que podía tener en la Fundación Francisco Franco. La naturalidad con que se acepta su asidua presencia resulta chocante en alguien que desencadenó una fuerte crisis directiva y por quien el presidente Laporta dio la cara comprometiendo seriamente su crédito ante la asamblea. La ostentación pública de Alejandro Echevarría contrasta con el discreto mutis que hasta ahora ha hecho Sandro Rosell, el hombre que trajo entre otros a Ronaldinho, Deco y Márquez”.

MAÑANA, PRÓXIMO CAPÍTULO

Sandro Rosell, el vicepresidente (VII)

La purga de las minorías / Sólo se salva uno / Vía libre a los intermediarios / 15 a 4 / No a Cristiano Ronaldo / “Yo lo veo bien” / Sin vicepresidente deportivo / El Barça, un cachondeo en la cúpula / “Yo hubiera vendido a Ronaldinho” / El fichaje de Henry


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