2016-04-20 17:04 FC Barcelona Por: Administrador

Se declara el estado de excepción en la directiva del Barça



Pedro Riaño Al departamento de Comunicación del FC Barcelona, que se ve desbordado por las salidas de tono de Piqué, Alves o Neymar o por los excesos verbales rayando la beligerancia de Luis Enrique contra la prensa, no se le ha ocurrido otra cosa para salir de la situación de crisis que vive el club, especialmente en el plano deportivo, que declarar el estado de excepción entre sus directivos. No es posible controlar a los jugadores ni al entrenador, que envían al socio el discurso que mejor les parece al margen de las directrices por las que se mueve el club en política comunicativa. Es mucho más sencillo controlar a los directivos, que estos sí se muestran dispuestos a seguir instrucciones, para evitar que alguien pueda echar más gasolina sobre el fuego que se ha declarado en el club a partir de la derrota en el Clásico, que tuvo continuidad con la eliminación en la Champions League y las dos derrotas posteriores ante la Real Sociedad y el Valencia.

Ley del silencio entre los directivos

Se ha impuesto la ley del silencio. Del tema deportivo sólo puede hablar el vicepresidente Jordi Mestre, que es el encargado de anunciar el mensaje institucional, que pasa por tratar de vender la situación actual del Barça como si fuera Disneylandia. Otro vicepresidente del Barça, y de mucho peso, se ha dejado ver por el Real Club de Tenis Barcelona, en donde está semana se está disputando el Torneo Conde de Godó. Requerido dicho directivo por una reportera de televisión para responder a tres preguntas ante la cámara, el vicepresidente en cuestión pidió permiso para llamar al Departamento de Comunicación del club con el fin de obtener la correspondiente autorización para realizar declaraciones, pero desde allí le negaron el permiso. No podía hablar. Es curioso porque se trata de un vicepresidente con facilidad de palabra y horas de vuelo suficientes como para responder con "las nubes amenazan lluvia" a cualquier pregunta comprometida sobre el primer equipo barcelonista. Pero no le dieron permiso ni para hablar del tiempo. ¿No se fiaban de él? No deja de sorprender que en un club en donde el discurso y la comunicación están tan despendulados, se produzcan situaciones de este tipo que recuerdan a un estado de excepción a la espera de que amaine la tormenta.

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