2012-01-26 15:01 Real Madrid Por: Administrador

Teixeira evita la remontada blanca (2-2)



El Madrid salió a atacar, a morder, al juego que tiene acostumbrados a sus aficionados. Al gusto por la pegada, por la llegada, pero la suerte no estuvo de su lado. A los diez segundos ya tuvo la primera ocasión tras un estrepitoso fallo de Piqué que dejó vendido a Pinto, pero Higuaín cruzó en demasía ese balón. El Madrid avisaba de que no había venido de paseo a Barcelona.

El aluvión de jugadas de ataque blancas era constante. Este es el juego que gusta a los seguidores madridistas. Higuaín, Cristiano, Özil, Kaká, todo eran embestidas, pero la suerte parecía esquivar de nuevo al equipo blanco contra el Barça. La suerte, y el árbitro, porque Teixeira Vitienes volvió a hacer de las suyas. Si ya obvio un claro penalti de Víctor Valdés sobre Cristiano Ronaldo en la ida de la Supercopa de España, esta vez obviaría dos más, las dos por manos dentro del área culé. Primero Busquets y luego Abidal tocaban con sus extremidades dos balones dentro del área, pero el juez de la contienda se tapaba los ojos y no quería ver más allá. Ahí comenzó el declive.



El Madrid estaba de diez. El Barça no olía el balón, y todas las jugadas de peligro las generaban hombres de blanco. Özil estrellaba un balón contra la mismísima cruceta, y los merengues no aprovechaban los tremendos fallos de Pinto. La concatenación de oportunidades no se veía reflejada en el marcador, y cuando mejor estaba el Madrid, el Barça les mató, y más en un momento tan psicológico como los minutos finales de la primera mitad. Primero Pedro (min. 42) y después Alves (min. 46) firmaban dos goles que dejaban tocados a los blancos. La primera parte de los blancos se desvanecía en cinco minutos. Los azulgranas dinamitaban las ilusiones madridistas de la remontada, pero este equipo no se rinde y quedaban cuarenta y cinco minutos para soñar.

El Madrid no se amilanaba. Salía de la bocana de los vestuarios con las botas puestas, dispuesto a dejarse la piel por este escudo. Los jugadores no fallaban. Mourinho introducía un cambio, Granero por Lass. Mayor creatividad. Aún había tiempo para la remontada, pero Teixeira aparecía de nuevo para dinamitar las ilusiones blancas. En el minuto 53 el colegiado cántabro anulaba un gol a Sergio Ramos por un forcejeo con Alves en el área pequeña que el brasileño no dudó en exagerar. Pero él trencilla no podía con este Madrid, que se iba aún más al ataque y así encontraría su premio, el gol de Cristiano en el minuto 67. Pase maravilloso de Özil para el luso, que de nuevo aparecía en los momentos cumbres, algo que algunos se atrevieron a criticarle, y metía a su equipo en el partido.

Tres minutos bastaron para que Karim Benzema, que había entrado en el terreno de juego sustituyendo a Higuaín, anotara la igualada. Bellísimo tanto del francés que dejaba claro que le tiene cogida la medida al Barça (3 goles y 2 asistencias en los últimos ocho encuentros).



Había tiempo, sonaba la música de la épica, pero ahí estaba él, Teixeira, para aguar la fiesta a los blancos. El cántabro no acertó en ninguna de sus decisiones, expulsando injustamente a Sergio Ramos en los minutos finales por un salto con Piqué en el que no hubo nada. Teatro del bueno. Él fue el encargado de evitar la remontada, porque este Madrid se merendó por todos los lados a su máximo rival, aunque el marcador refleje un 2-2. Hay que estar orgullosos, este equipo ha dado una lección.


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