2013-09-17 18:09 Real Madrid Por: Administrador

Terim, Ancelotti y Gran Hermano



Ancelotti y Fatih Terim llevan ya unos años en esto del fútbol. Y han tenido algún vínculo. El italiano fue quien relevó a Terim en el banquillo del Milan en las primeras fechas de la temporada 2001-2002. Los rossoneri no carburaban con el preparador otomano y Galliani optó por un relevo en el banquillo. Este hecho sentó fatal en Turquía. La destitución del preparador provocó que dejaran de venderse en el país camisetas del conjunto lombardo durate un largo periodo, ya que Terim es una celebridad en su país.

Tras ese 'affaire', los dos se encontraron en la banda alguna vez, puesto que sus equipos de turno se enfrentaban. Pero poco más. Por eso, a Ancelotti le pareció muy extraño que ayer, con un macarrónico inglés, un periodista local le preguntara si tenía la conciencia tranquila para saludar a Terim y mirarle a la cara. Carlo no entendió nada; se quedó muy contrariado.



Hoy se ha sabido todo. El periodico 'Fanatik' ha publicado el extracto de la autobiografía de Ancelotti, que lleva el nombre de Preferisco la Coppa. Y es en dicho libro donde Ancelotti habla de la pasión que el turco tenía por la versión italiana de Gran Hermano. Llega a decir el transalpino que Terim abandonaba a Galliani en muchas ocasiones para meterse en su cuarto a ver si los de Gran Hermano se 'enrollaban' ('trombare' es el término que se utiliza en italiano, que viene a ser una manera vulgar de referirse a la práctica de relaciones sexuales). "Después, lo que pasó es que el Milan se lo ha 'trombato' a él", remata el italiano, conocido en Italia por su gran sentido del humor.

El caso es que en Turquía todo esto ha sido visto con recelo, puesto que en el país, la tendencia es cada vez más religiosa y moralista. Aunque a buen seguro que Terim, hombre de mundo, le ha quitado ya hierro al asunto. Antes de todo eso, Carlo y Fatih se han enfrentado tres veces, de las cuales el entrenador del Madrid no ha perdido ninguna: un triunfo y dos empates. Aunque dejando de lado las estadísticas, seguro que Ancelotti tardará en olvidar esta extravagante anécdota.


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