2014-11-16 08:11 FC Barcelona Por: Administrador

Toda la verdad sobre la vuelta de Mourinho al Barça con Laporta



Pedro Riaño

Las posibilidades de que Jose Mourinho vuelva al FC Barcelona son remotas. Ni como entrenador ni como traductor. Y las posibilidades de que vuelva de la mano de Joan Laporta son nulas. Cero. Y no por falta de ganas del interesado, el mismo que gritó en el Palau de la Generalitat, festejando la Recopa de 1997: "Ayer, ahora y siempre, con el Barça en el corazón". No ha faltado a su palabra. Desde ese día lleva al Barça en el corazón y le importaría bien poco traicionar a sus incondicionales radicales del Real Madrid. Entrenar al Barça ha sido siempre su sueño desde que aterrizó en el Camp Nou para ejercer de traductor de Bobby Robson primero y de ayudante de Louis Van Gaal después.



Pero Jose Mourinho no volverá al Camp Nou sencillamente porque la afición barcelonista le ha puesto la cruz. Si ya se convirtió en un personaje odioso y antipático para el Barcelona a miles de kilómetros (Londres y Milán), a sólo cientos de kilómetros, durante su trienio blanco, consiguió convertirse en non grato para la afición barcelonista.

Es cierto que Joan Laporta intentó contratarle durante su presidencia en el FC Barcelona. Fue cuando el proyecto Rijkaard se agotó y había que buscarle una alternativa. Envió a Portugal a Marc Ingla y Txiki Bergiristain para convencerle. Y el resultado de la entrevista fue espectacular. Mourinho les entregó un dossier de 200 páginas sobre los males del Barça y las soluciones para remediarlos. Y mostró un conocimiento muy exacto de la realidad blaugrana. Pero las encuestas tumbaron el fichaje. Laporta no se atrevió a contratarle por miedo a perder la escasa popularidad que entonces todavía le quedaba entre la afición barcelonista.Y desde esa época ha presumido en todo momento de haber apostado por Guardiola y haber despreciado al técnico portugués.

Y entonces nació el guardiolismo. Y el Barcelona se sometió a una línea opuesta a los principios fundamentales del mourinhismo. Guardiola era más barato que Mourinho y disponía de un crédito entre los aficionados del que no hubiera gozado el técnico portugués. Era la apuesta fácil. Y salió bien. Y la ascensión a los altares de Guardiola entre el barcelonismo se produjo de forma paralela al descenso a los infiernos del técnico portugués entre la masa social blaugrana.



Pero Guardiola se fue. Y también Laporta. Y ahora parece que, en pleno proceso de desintegración del rosellismo, las opciones de un eventual regreso del expresidente son muy altas. Y desde Madrid enredan con la posibilidad de que Laporta vuelva de la mano del "as" Mourinho. Nada más lejos de la realidad. Entre otras razones porque Laporta defiende un modelo de club, que se inicia con el equipo sobre el césped, que resulta antagónico con las formas y el fondo de Mourinho. El barcelonismo no aceptaría jamás a un entrenador guerrillero, grosero y mezquino que antepusiera el mùsculo al talento, como quedo demostrado en su etapa en el Real Madrid. Además, el Barça se mantiene fiel a un estilo desde hace más de veinte años que es contrario a la doctrina que sigue el técnico portugués.

Laporta ahora mismo no necesita sacar de la chistera ningún conejo para ganarse el aprecio de los suyos. En su momento necesitó recurrir a la mentira del fichaje de Beckham. Ahora le basta con su presencia, sin trucos, para salir elegido presidente. No necesita a Mourinho para nada. Por otra parte, Laporta es exclavo de dos referentes a los que se ha ligado de forma voluntaria: Johan Cruyff y Pep Guardiola. Ninguno de los dos aprobaría el retorno de Mourinho al Barça. Y Laporta no emprendería su vuelta a la presidencia sin contar con la bendición de sus dos gurús, a los que admira y de los que presume. Fichar a Mourinho significaría tanto como poner en peligro la calidez del manto protector de sus dos gurús.

La carta Mourinho podria ser válida para algún candidato con opciones mínimas de ganar la carrera electoral. Pero nunca para Joan Laporta, que se basta con el recuerdo del Barça que construyó y que no osaría traicionar sus propios principios para colar con calzador al técnico portugués en el Barça. El tren del Barça ya pasó para Mourinho. Y más después de comportarse zafiamente con el club que un dia le dio de comer. Laporta sabe que su asociación con Mourinho sólo le serviría para perder el crédito que está empezando a recuperar entre la masa social blaugrana después de su controvertido y polémico mandato presidido por espionajes, fiestas, comidas, viajes, novias, cuñados y dimisiones, muchas dimisiones. 

Mourinho no sería un buen compañero de viaje. Y Laporta no es tonto y sabe que con Mourinho tiene poco a ganar y mucho que perder. Presentarse a las elecciones con Mourinho sería tanto como perderlas de antemano,


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