2015-07-08 15:07 FC Barcelona Por: Administrador

Víctor Valdés no quiere saber nada de la afición del Barça



Pedro Riaño

Para Víctor Valdés el Barça es sólo historia. Historia desagradable, seguramente. Eso al menos es lo que se desprende de sus formas al marchar y de su nulo interés por saber nada del que en su momento dijo que era el club de su vida. Para él desapareció desde el momento en que optó por descubrir nuevas culturas, la cultura del banquillo en Manchester. La directiva de Bartomeu contactó con él y con Carles Puyol para intentar repetir con ellos el emotivo adiós que el Camp Nou tributó a Xavi Hernández. El ex capitán tuvo la fortuna de poder despedirse sobre el césped, recibiendo el calor de una afición que le idolatra. Con Carles Puyol y Víctor Valdés quedó el mal sabor de boca de que las lesiones impidieron el contacto directo en su despedida con su afición, con la que fue su afición durante tantos y tantos años.



La idea de la directiva era convertir el Gamper -que probablemente se jugará frente a la Roma- en una fiesta de despedida para Puyol y Valdés a la que también estaba invitado Xavi, que sí había confirmado su presencia para aplaudir en el homenaje a sus compañeros. Pero Víctor Valdés no ha querido saber nada. No ha querido saber nada de su antigua afición, ni de su antiguo club, ni de sus antiguos compañeros. Se marchó cargado de soberbia, convencido de que sin él en la portería el Barça se hundiría. Han llegado dos nuevos porteros que no sólo han superado la prueba sino que le han relegado a él al baúl de los viejos recuerdos. Y sin Valdés el Barça ha ganado el triplete, como en los buenos tiempos. Mientras tanto, él chupando banquillo de De Gea en el Manchester United. Y ahora que parece que De Gea se va al Madrid, Van Gaal busca portero. Así es la vida. De la gloria a la miseria sólo hay un paso.

Víctor Valdés se equivocó. Un zafio adiós por carta no es lo que se merece la afición del Barça de alguien que le debe al club todo lo que es. Y sigue equivocándose ahora. No aprende. La vida le ha enseñado la cara B. La cara A la vivió con el Barça. Pero ni así reacciona. Víctor Valdés no tendrá el reconocimiento de los que fueron los suyos porque él no reconoce a los suyos ni a nadie.Pasará a la historia como el portero de una época brillante. Pero también como el portero que no se dejó querer.

Que le vaya bonito por Manchester, que disfrute de las nuevas culturas y, a ser posible, que juegue algo algún día. De haber seguido en el Barça no habría tenido necesidad de mendigar la titularidad. Pero esa ha sido su elección. Se cansó del Barça.




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