2012-10-07 23:10 FC Barcelona Por: Administrador

Y el Camp Nou pidió la independencia del árbitro, del lamentable Pepe, de Mourinho...



Pero Mourinho no conoce la vergüenza. Sería pedir demasiado que se avergonzara de empatar así. Afortunadamente, el entrenador de nacionalidad portuguesa ha encontrado en Tito Vilanova a alguien que le va a parar los pies. Mourinho se ha creído que es el rey del fútbol en España y que todos debemos rendirle pleitesía y Tito le ha dejado claro que con él no cuente.

Como es habitual en todos los clásicos, Xabi Alonso salió a hacer daño y no vio la tarjeta amarilla hasta la cuarta jugada en la que se pasó tres pueblos. Luego campó a sus anchas sin que el tímido Delgado Ferreiro se atreviera a enviarle a la caseta. Delgado no se atrevió porque él y sus colegas le tienen miedo a Mourinho. A que les saque los colores enseñando un folio con sus errores o a que les espere directamente a la salida del parking para llamarles sinvergüenzas. Como los árbitros saben que el entrenador de nacionalidad portuguesa gobierna en España como si fuera el rey del fútbol, no se atreven a llevarle la contraria, de ahí que en los tiempos que corren sea tan difìcil ver a un futbolista del Madrid expulsado. Ni aun que se llame Pepe y se comporte como un energúmeno.



Pepe mereció la roja directa por una entrada salvaje sobre Alexis. Nos recordó el inició del intento de hacer daño, por decirlo finamente, que protagonizó sobre Casquero, que afortunadamente sigue en el reino de los vivos. Sólo vio la amarilla. Para ver Pepe la roja tiene que hacerla como con Casquero. Es decir, tiene que haber evidencia de sangre, fracturas y contusiones. Como ese no fue el caso de Alexis, que sigue vivo como si nada hubiera pasado, para Pepe sólo hubo amarilla. Pero además de Xabi Alonso, un reincidente en los clásicos, y de Pepe, un reincidente en la vida, también Arbeloa y Ramos hicieron méritos más que sobrados para ser expulsados, pero no. ¿Por qué? ¿Será por Bwin? ¿Por qué no hay justicia en el fútbol español? ¿Tanto duelen los ocho puntos? ¿Por qué, por qué, por qué?

Delgado Ferreiro hizo un arbitraje muy sibilino. Repartiendo las tarjetas para que nadie fuera expulsado. Se lo permitió todo a los jugadores del Madrid. A Özil no le sancionó por fingir un penalty. Esas cosas están reservadas a Pedro. Y permitió a los jugadores madridistas protestarlo todo. Era igual, había licencia. Era un árbitro amigo. Por eso, porque era un árbitro amigo, con alma blanca, intimidó a Busquets en el minuto 16 advirtiéndole que no le iba a pasar una. Como si la benevolencia sólo la tuviera para regalarla a manos llenas con los jugadores del Real Madrid.

Por eso el Camp Nou pidió la independencia. Sí, también la independencia sobre tipos como Delgado Ferreiro, gente capaz de desvirtuar una competición para que ganen los que han ganado toda la vida y ahora han dejado de ganar.



Messi, 2 - Cristiano Ronaldo, 2

El partido fue un capicúa. Empezó marcando Cristiano Ronaldo y acabó cerrando el marcador el portugués. Entre medio dos goles de Messi. Se esperaba muchísimo más de un Real Madrid que jugaba ante un Barça sin centrales y que a los 25 minutos se quedó sin Alves. El Madrid no fue ganar a un Barça con una defensa compuesta por Montoya y Alba en los laterales y Adriano y Mascherano en el centro. Es buena señal que el Barça, sin haber alcanzado su mejor nivel de juego y con la enfermería a tope, le lleve ocho puntos al Real Madrid. Aunque Delgado Ferreiro hoy ha indicado el camino que seguirán los árbitros, el camino señalado por un dedo maléfico que prefiere ganar los partidos ante los micrófonos que sobre el terreno de juego. Porque hoy un Real Madrid valiente, con toda la artillería que posee, le podría haber hecho un siete al Barça. Sin embargo, empate y contando con la colaboración arbitral. Alguno pensará que eso hay que agradecérselo a Mourinho, lo cierto es que por su culpa el Madrid no salió vencedor del Camp Nou y debe proseguir con la pesada mochila de los ocho puntos como penitencia a su arrogancia.

Cristiano Ronaldo marcó el 0-1 a los 23 minutos. Le faltó tiempo para sacar lo peor de su repertorio dirigido al público. Alguien, de los muchos chupópteros que le rodean, debería advertirle que estas chiquilladas restan y no suman en el Balón de Oro, que es una votación subjetiva en la que es difícil imponerse cuando uno le cae mal a todo el mundo. Bueno, a todo el mundo menos a esa porción de población que habita en el centro de la piel de toro. Poco es para ganar una votación en la que votan las nacionalidades de todo el mundo.

Al 0-1 respondió el Barça con la lesión de Alves y apenas siete minutos después Messi puso las cosas en su sitio con un gol de pillo, atento a la jugada. El Barça parecóa reaccionar. Y fue entonces cuando el colegiado se dedicó a influir en el juego con su sibilina manera de juzgarlo. Cortó el juego blaugrana constantemente y permitió que el Madrid sobrepasara los límites del reglamento. Era lo que Mourinho esperaba de él. Y lo hizo muy bien. Por ejemplo cuando le enseñó tarjeta a Pedro en un balón dividido. Podía enseñársela a Pedro o a Ramos o a los dos. Tiró por el camino más fácil. Poco después Di María y Özil intentaron hacer valer la antideportividad simulando teatro en el área. Lo que para otros es tarjeta, para Delgado Ferreiro es nada. El teatro en el Madrid no sólo está permitido. También es aplaudido por la clase arbitral. Quizá por eso al Camp Nou le salió del alma aquella canción que dice: "Vete al teatro, Mourinho, vete al teatro...." Y es que no hace falta insultar para sacarle los colores al cuentista Mourinho.

Mourinho estará contento. Seguro que Özil no ha corrido en su vida más que esta noche, además como un loco detrás del balón y sin rascarlo. Era lo que quería de sus jugadores, que se comportaran "como animales". Y todos, empezando por Pepe, le tomaron la palabra. Corrieron como quería el míster.

Y llegó el minuto 66. Iniesta se interna en el área y es derribado con claridad por Pepe, que no toca el balón pero se lleva al blaugrana por delante. Eso en el área del Barça hubiera sido penalty. Pero era el Madrid, ese equipo que jamás comete faltas en su área por definición, y era Pepe. Ni penalty ni expulsión. Y el Camp Nou pidió la independencia del árbitro, la independencia de Pepe, de Mourinho y de todo lo que huela a pasteleo, malos modos y chanchullos. Porque esos valores no son los que gustan al público catalán. ¿Por qué, Mourinho? ¿Por qué aceptas empates teñidos de vergüenza? ¿Será por Bwin? ¿O por Pito? ¿Por qué? Lo peor de la alevosa entrada de Pepe sobre Iniesta, un héroe del españolismo puro, no es que el árbitro no haya pitado penalti. Es cómo se ha dirigido el mercenario portugués a la gloria nacional de España para intimidarle como un energúmeno mientras Don Andrés estaba en el suelo. El tal Pepe, que así se le conoce, fue hasta allí para amedrentarle como si tuviera alteradas sus facultades psíquicas, como intenta acongojar un matón de barrio a un chico asustado.

Realmente daba miedo. Es normal que los árbitros no se atrevan a llevarle la contraria y prefieran mirar hacia otro lado en lugar de expulsarle. Lo cierto es que en esta jugada Delgado Ferreiro falseó el partido y quién sabe si la Liga. No pitó el penalti ni expulsó al agresor. No tuvo dudas. Como tampoco las tuvo para enseñarle tarjeta amarilla a Busquets por acercarse a Cristiano Ronaldo. A estas alturas -ya le había avisado de forma ostentosa- Busi ya debía saber que a Cristiano Ronaldo no sólo no se le puede tocar, no se puede ni acercarse a él. Luego llegó el agarrón de Özil, cortando un contragolpe blaugrana, que no recibió castigo y la agresión de Arbeloa a Iniesta. Muy profesional este árbitro.

En cambio Xabi Alonso, con una tarjeta, sí tenía licencia para segar el césped en el preciso instante en que pasaba Messi por ahí. ¿Por qué, Mourinho, eso no fue expulsión? ¿Será por Bwin? El Barça jugaba contra 12, pero aún así Leo Messi se inventó un golazo de Pichichi de Oro, de Balón de Oro y de Bota de Oro para enseñarle a Casillas el camino de la portería por decimoséptima vez. En esta ocasión fue en el lanzamiento de una falta. Y después del 2-1, penalti a Pedro que tampoco es señalado. Y el público cantando "Ole, le, Ola, la , ser del Barça es lo mejor que hay". Ni Puta España, ni Puta Madrid, ni subnormal nadie. Aquí la gente es de otra manera. Cómo mucho, "madridista el que no bote" o un "Tonto" dirigido a Cristiano Ronaldo por un remate en el que no llegó a tocar el balón. El público entendió que quien se define como "el mejor, más guapo y más rico del mundo" no puede cometer estos fallos. Bueno, y también hubo un tímido "¡Asesino!" dirigido a Pepe que apenas duró 20 segundos. Y bien haría Pepe en preguntarse por qué le grita eso la gente.

Por lo demás, ambiente de gala. Ni encerrona política ni gaitas. Se habían escrito muchas tonterías desde Madrid en las últimas horas. El Camp Nou vivió un partido de fútbol con una expresión de catalanidad en el mosaico inicial y gritos de independencia en el minuto 17 de cada mitad, una inquietud que forma parte de la vida social actual de Catalunya. Guste o no guste en el centro neurálgico de la piel de toro. Pero ni encerronas, ni reivindicaciones políticas. Sólo se vio en el Camp Nou un partido de fútbol que acabó empatando el Madrid. Los goles del Barça, de Messi. Los del Madrid, de Cristiano Ronaldo.

 

 
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