2017-09-01 20:09 Real Madrid Por: Carlos Muñiz

No tiene perdón: La violenta entrada de Luis Suárez a Otamendi

Si no le ponen freno a Luis Suárez, acabará generando una desgracia sobre un terreno de juego.



Hay que decirlo claramente: Luis Suárez será una bellísima persona, pero es un peligro sobre un terreno de juego. Lo de menos son sus mordiscos, que eso queda en anécdota. Lo más grave es su obsesión por hacer daño al contrario, de palabra u obra. El partido de ayer de Uruguay ante Argentina es un claro ejemplo.

Luis Suárez se lanzó a por un balón dividido con el defensa argentino Otamendi y fue con todo. Fue en el partido que anoche enfrentó a Uruguay con Argentina valedero para la fase de grupos clasificatorios del Mundial. Su pie impacto sobre el tobillo del central argentino de manera violenta y pudo haberle enviado directamente al hospital. Sin embargo, quien se llevó la peor parte de su violenta entrada fue él, que tuvo que ser sustituido cuando restaban nueve minutos para el final del partido. Entró con tanta furia que acabó lesionado.



Con Luis Suárez llueve sobre mojado

En el caso de Luis Suárez urge que alguien hable con él y le calme. Bastante escarnio tuvo ante el mundo entero cuando mordió a Chielini en el Mundial de Brasil (era la tercera vez que lo hacía sobre un terreno de juego). Puso cara de víctima, de chico bueno que inspira lástima y prometió un arrepentimiento máximo que le haría cambiar. Era lo que podía esperarse de alguien que sabe que está en el foco de atención de todos tras el mordisco a Chielini. Sin embargo, desde que está en el Barcelona su violencia va a más, amedrentando a rivales y árbitros de palabra, y descargando toda su violencia física sobre los rivales.

Mientras tanto en Barcelona le ríen las gracias y le dejan hacer. Pero es momento ya de poner fin a este abuso que permite a Luis Suárez arrollar a sus rivales sin que nadie le pida explicaciones. Es momento de que se calme o de que los árbitros midan sus entradas por lo que son: tarjetas rojas. La entrada a Otamendi, como otras muchas, no tiene perdón. Y lo avisamos antes de que sea tarde.


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