2017-09-11 21:09 FC Barcelona Por: Pedro Riaño

El Real Madrid pierde el señorío y se refugia en el llanto del perdedor

El Real Madrid acusa a los árbitros utilizando el recurso del perdedor que busca enemigos externos para justificar sus miserias.



Muchas pataletas se están leyendo y escuchando en las últimas horas en la capital de España para justificar el fracaso estrepitoso del Real Madrid en las tres primeras jornadas de Liga en las que ya ha cedido cuatro puntos al FC Barcelona. Resulta que el Real Madrid fue incapaz de marcarle dos goles al Levante en el Bernabéu, y la culpa es del árbitro y las confabulaciones judeomasómicas organizadas por las fuerzas del mal para perjudicar al equipo blanco. Es el llanto del segundón, el victimismo de quien quiere y no puede. El mal perder que siempre ha caracterizado al Real Madrid, que prefiere llorar antes que hacer autocritica. Esto recuerda al final de la época de los galácticos, cuando Florentino Pérez tuvo que huir en globo para salvarse de la quema. La misma autocomplacencia.

De Florentino a Arbeloa pasando por la prensa palmera

Empezó Florentino Pérez dando un toque a los árbitros con el fin de ganarlos para su causa: "el estamento arbitral es mejorable". Y lo consiguió. Hernández Hernández dio por válido el gol de Lucas Vázquez ante el Levante en  cuya jugada se produjeron dos faltas previas de Sergio Ramos a su marcador: primero un empujón y luego se apoyó en él para impedirle el salto y favorecer el suyo. Lo que fue una injusticia mayúscula para el Levante, la prensa del régimen florentiniano lo convirtió en un robo al Madrid porque no se señaló un penalti que solo vieron los que necesitan del penalti como fundamento de vida. Y es que incluso aunque el penalti hubiera existido -que no existió- no es excusa para que el Real Madrid sea incapaz de ganarle al Levante en su casa.



Y ha salido el i-cono del madridismo, Álvaro Arbeloa, para echar mierda contra el Barcelona. Eso es un alarde de madridismo. Un patriota, sí señor. Pero si es Piqué quien dice algo parecido sobre el Real Madrid es un provocador. Así se escribe la historia del doble rasero en la capital del reino español, en donde la prensa sumisa y genuflexa sólo entiende la competición si la gana el Real Madrid. Nada de autocrítica. Nadie reconoce que los fichajes de este verano no sólo no refuerzan al equipo sino que son pura mediocridad. Nadie denuncia que este equipo tiene ronaldodependencia. Nadie se echa las manos a la cabeza porque se fueron Morata y Mariano y no ha llegado nadie con cara y ojos para motivar a Benzema, ponérselo difícil y cubrir sus lesiones con garantías. 

El método de Mourinho sigue vivo

Es mucho más cómodo acordarse de los árbitros y señalarlos como únicos culpables. Es el recurso del perdedor, del que necesita buscarse enemigos externos para justificar sus miserias. Recuerda al método Mourinho, cuando enviaba a sus hombres contra el Barça a repartir leñazos como hienas esperando una expulsión que luego pudiera servirle para justificar la derrota. "Con uno menos es imposible ganarle al Barça", decía. Y quedaba tranquilo con su conciencia. Él y todos. El Real Madrid, después de un paréntesis de dos años, vuelve a ser un equipo pequeño, vuelve a ser un equipo llorón. Es el victimismo necesario para quien empezó la temporada hablando de sexteto, del mejor equipo de la historia, y a estas alturas ve cómo el peor Barça de la historia, ese que estaba al borde de la desaparición por hacer las cosas rematadamente mal, le da sopa con onda y a estas alturas, después de tres partidos, ya le saca cuatro puntos de ventaja y ve al Real Madrid por el retrovisor.

Mientras el Real Madrid y su entorno palmero sigan con esta absurda táctica del victimismo infantil y no sea capaz de hacer autocrítica de sus propios errores -sólo Zidane parece tener dos dedos de frente ahí-, no saldrán del pozo en el que se han metido. No basta con decir que "somos los mejores". Hay que demostrarlo. Y el Real Madrid, en este inicio de liga, no sólo no es el mejor, sino que da imagen de auténtica banda. Y tanta lágrima derramada no es más que sinónimo de impotencia. Lo que no ganan en el campo lo lloran fuera de él. 



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