2017-10-19 20:10 FC Barcelona Por: Fede Peris

A Piqué no le dejan jugar a baloncesto (o a básket) como a Sergio Ramos

Los árbitros aplican a Piqué el Reglamento mientras hacen la vista gorda con las infracciones con la mano Sergio Ramos en su área.



Gerard Piqué fue expulsado ayer durante el encuentro de Champions League que disputaron en el Camp Nou el FC Barcelona y el Olympiacos. Y su expulsión fue más que justa. El fútbol no se puede jugar con las manos y su acción fue de tarjeta. Nada que objetar. La objección viene con la bula arbitral que disfruta Sergio Ramos.

Mucho se ha quejado últimamente la Caverna radical mediática madridista de que al Barça no le expulsan jugadores, de que al Barça no le señalan penaltis en contra... De todo se quejan mientras el Real Madrid, en silencio, va aprovechando los favores arbitrales partido tras partido. La estrategia consiste en desviar la atención hacia el Barça para que las tropelías que cometen los árbitros para favorecer al Real Madrid pasen desapercibidas.



Piqué no puede tocar el balón con la mano y Sergio Ramos puede jugar a baloncesto

Piqué no puede tocar la pelota con la mano porque es penalti, si es en su área, o puede acarrearle una tarjeta y expulsión si es en el área contraria, como sucedió ante el Olympiakos. Sin embargo, Sergio Ramos puede hacer un despeje con la mano desviando un balón que se colaba en la portería de Keylor Navas y no pasa nada. No se acepta la mano y, si se acepta, involuntaria. Ante el Borussia Dortmund Sergio Ramos desvió con la mano (despegada del cuerpo) un balón que se colaba y que ya había desbordado a Keylor Navas. Ni mano, ni tarjeta. El árbitro no pitó nada. Y ya llueve sobre mojado con Sergio Ramos, que presenta un extenso historial en la Liga española de manos dentro del área que no han sido señaladas. 

Todavía se recuerda el manotazo que le dio al balón en su área en la final de la Champions League de Milán, ante el Atlético (otro título bajo sospecha). Esa jugada pudo decidir la suerte de aquella final y dejar sin título al Real Madrid. Pero esos árbitros que tan bien se portan con el Barça ya se encargaron de evitarlo. Luego se trata de hablar de Obrevo y al final ya nadie se acordará. Y mientras tanto, Sergio Ramos, como sus amigos del colegio, se dedica a jugar a básket o a baloncesto -frase célebre del capitán madridista-, mientras se supone que juega a fútbol, con total impunidad.

Es una suerte jugar en el Real Madrid. Claro que sí.




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