2017-12-24 12:12 FC Barcelona Por: Fede Peris

Sergio Ramos no se entera: Su zafia mezcla de fútbol y política

Su desafortunado recuerdo de Puigdemont confirma el grado de politización que envuelve al Real Madrid.



En la capital de España, los palmeros de la prensa, los encargados de tocar la flauta para hacer sonar las fanfarrias aduladoras de Florentino Pérez, los que manipulan e intoxican a favor de sus propios intereses, sostienen desde tiempos inmemoriales que en el Barça se mezcla política con deporte. Ahora callan ante la salida de tono inadmisible de Sergio Ramos, un tipo que no sabe ganar y mucho menos sabe comportarse como un deportista en la derrota. Ayer lo dejó claro.

Las pocas luces de Sergio Ramos

"En Barcelona dirán que tengo que ir a la cárcel con Puigdemont. Voy al choque y me lo quito de encima, pero en ningún momento le doy ni tengo intención de darle". Son palabras de Sergio Ramos al término del repaso del Barça al Real Madrid ayer en el Bernabéu. Son palabras de alguien que no sabe ser deportista y no sabe perder. Son palabras cargadas de rencor político por cosas que han pasado en los últimos meses, son palabras pronunciadas bajo los efectos del odio... Son ganas de mezclar la política con el deporte y la evidencia de que Sergio Ramos, además de dar coces, puñetazos, pisotones, codazos y jugar un poco a fútbol, confirma la imagen de pocas luces que ha extendido sobre su persona a lo largo de su trayectoria con sentencias memorables.



¿Actuará la Comisión Antiviolencia contra Sergio Ramos?

La de ayer no es memorable. Es el reflejo del desconocimiento y la ignorancia de que no sabe de lo que habla (Pugidemont no está en la cárcel) y la prueba de que el Real Madrid está politizado. Que el capitán del Real Madrid se acuerde de Puigdemont después de que el Barça le pase por encima en casa con un 0-3 y le deje a 14 puntos en la clasificación deja retratado al personaje que, por otra parte, protestó, protestó y protestó su agresión a Luis Suárez con intención de hacer daño. Quiso pegarle y le pegó. Y en lugar de agradecerle al árbitro que no le expulsara, como merecía, negaba que hubiera tocado a Luis Suárez. Son así. 

Que alguien le diga, con el lenguaje inteligible de Epi y Blas, que en el campo hay 40 cámaras y por mucho que mienta no conseguirá cambiar la realidad. El mundo entero, 650 millones de personas, entendieron ayer, incluso los chinos, por qué Sergio Ramos es el futbolista más sucio de la historia  Liga española. Y encima lo niega. En el Barça ya han surgido voces como la de Toni Freixa exigiendo a la Comisión Antiviolencia que actúe contra las palabras cargadas de odio político de Sergio Ramos.


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