2018-02-19 17:02 FC Barcelona Por: Fede Peris

Desmontando las mentiras y calumnias sobre el Chelsea-Barça de Ovrebo

La prensa de Madrid (y del Real Madrid) ha retorcido y manipulado la realidad de aquella eliminatoria para que parezca lo que no fue.



La prensa madridista, huérfana de alegrías en los últimos tiempos con su Real Madrid penoso, se ha decidido a distraer al personal recordando viejas batallitas en forma de mentiras y calumnias sobre la leyenda negra que en su momento se expandió contra el Barça escogiendo a un arbitro noruego, Ovrebo, como chivo expiatorio. Son los mismos que miraban hacia otro lado silbando cuando el italiano Rocchi masacraba la semana pasada al PSG a favor del Real Madrid con sus decisiones. Los mismos que se han preocupado de tapar los atracos del Real Madrid en la Champions League sólo tienen ahora ojos para Ovrebo y su mentira. Una mentira que por mucho que la repitan mil veces no se convertirá en verdad, pero al menos así sacian su malsana y perversa obsesión antibarcelonista y consiguen anestesiar al personal que no se va a preocupar por confirmar si les engañan una vez más. Ovrebo perjudicó al Chelsea en 2009 y también al Barça en Londres. Y en el partido de ida (porque una eliminatoria consta de dos partidos) el Barça fue atracado. Pero eso no conviene recordarlo. La manipulación de la realidad exige estos peajes. A veces la realidad puede estropear un gran titular. En esos casos, mejor borrarla.

La verdad del partido de Ovrebo

Vamos a explicar aquí, de verdad, lo que sucedió en aquella semifinal Barça-Chelsea de la Champions League 2009 que acabó con el Iniestazo y puso al Barça en la final de Roma, en donde llegaría la tercera Champions para el FC Barcelona ante el Manchester United de Cristiano Ronaldo



Ni el famoso partido de Stamford Bridge dirigido por Ovrebo fue un atraco favorable al Barça ni se ha explicado toda la verdad sobre aquella eliminatoria, que tuvo otro partido en el Camp Nou en el que ocurrieron muchas cosas. 

La sobreactuación de Drogba, el mejor discípulo de Mourinho

En Stamford Bridge, en aquel Chelsea-Barça dirigido por Ovrebo, vimos la obra cumbre de Jose Mourinho. La herencia que dejó en el Chelsea. Vimos a un Didier Drogba, el niño mimado del portugués, sobreactuando. Si ya era famoso en la Premier por su antideportividad simulando lo que no es, ante el Barça su trabajo fue de óscar, aunque no consiguió engañar al árbitro, que bastante hizo con no expulsarle ante tanto intento por equivocarle y ante tanta antideportividad, mala educación y falta de respeto. Drogba estaba ese día sobreexcitado. Algo debía pasarle al discípulo aventajado de Mourinho en el apartado de cuentos, teatros, conflictos y protestas.

La prensa madridista, convertida en defensora del Chelsea, vio en Stamford Bridge cinco penaltis. El primero, de Alves a Malouda se produce claramente fuera del área. Se pidió otro de Abidal a Drogba, pero en la repetición de la jugada por TV se ve claramente cómo Drogba se deja caer después de haber perdido el control del balón y no hay contacto entre él y Abidal. El balón le llega con demasiada potencia y ni puede controlarlo. Su reacción es dejarse caer intentando que el árbitro pique.



Ovrebo, el árbitro de la polémica, le enseñó tarjeta amarilla a Alves y por la misma acción se comió la amonestación a Essien y a Cole en entradas similares sobre Iniesta.

Drogba pidió penalti en una jugada en la que Touré tocó limpiamente el balón mientras él saltaba por encima buscando el contacto. Más clara fue la mano de Ballack dentro del área a disparo de Messi que el árbitro no pitó.

La expulsión de Abidal

El árbitro expulsa a Abidal por una acción desleal de Anelka en la que simula ser derribado por el defensa blaugrana a pesar de que el francés está a más de un metro cuando él se deja caer. Anelka, como Drogba, parecían más predispuestos a buscar expulsiones y penaltis que a jugar a fútbol.

Lo cierto es que el árbitro se lo puso difícil al Barça dejándolo injustamente con diez y no atreviéndose a expulsar a alguno de los jugadores del Chelsea que lo merecieron por entradas contrarias al espíritu del reglamento. Por ejemplo Essien, por entrada por detrás a Iniesta. Por ejemplo Alex, por ponerle la bota en la rodilla a Messi cortando un contragolpe. Sólo vieron la amarilla. Doble rasero en perjuicio del Barça.

Mano de Piqué: Eso sí fue penalti

La jugada más clara: mano de Piqué dentro del área, aunque el balón le va a la mano y no la mano al balón (como suele suceder con Sergio Ramos habitualmente, aunque este tiene la ventaja de que todas sus manos en el área siempre son involuntarias). El árbitro ahí sí pudo pitar penalti, porque lo era.

Ashley Cole vuelve a golpear a Messi sin castigo. Y Ballack pide como un poseso mano de Eto´o en el área. El árbitro entiende que Eto´o está girado de espaldas a la trayectoria del balón y que no existe ninguna intencionalidad. Pero Ballack protesta rozando la agresión al árbitro sin que éste se atreva a aplicar el reglamento expulsándolo. Ahí volvió a perjudicar al Barça tragándose los malos modos de Ballack.

CONCLUSIÓN 

Expulsión injusta de Abidal, que dejó al Barça con diez y a merced del Chelsea. De los cinco penaltis reclamados por el Chelsea, sólo la mano de Piqué admite ser sancionada como tal, aunque queda la duda de si el balón va a la mano o la mano al balón. El ábitro permite el juego sucio del Chelsea y deja sin expulsar a Drogba, por simular faltas que no son, a Ballack, por protestarle de forma barriobajera e intimidante, y a Alex, Cole y Essien por juego violento. El balance global, por mucho que la prensa madridista liderada por el diario Marca se empeñe en creerse sus propias alucinaciones, es que el Barça fue más perjudicado que el Chelsea por el árbitro Ovrebo. Las imágenes están ahí y no engañan, como pretenden hacerlo desde la Caverna radical madridista y antibarcelonista.

El partido del Camp Nou

Pero aquella eliminatoria tuvo más. No se limitó al partido de Londres. También se jugaron 90 minutos en el Camp Nou. Allí arbitró otro "amigo" de Mourinho, Starks, que en contra de lo que nos venden los embustes del técnico del Real Madrid, también perjudicó al Barcelona.

Ballack ve una amarilla por una entrada salvaje a Henry. Luego le da un manotazo en la cara a Iniesta, que el árbitro ve, porque pita falta, pero que no recibe su justo merecido de la expulsión. Por mucho menos fue expulsado Abidal en Londres.

Drogba agrede sin balón a Alves, pero el "amigo" de Mourinho prefirió mirar hacia otro lado.

Jugadores como Ivanovic se dedican a hacer teatro mientras el árbitro parece dispuesto a picar siempre.

El árbitro corta un contragolpe que dejaba a Eto´o solo ante Cech señalando un fuera de juego que sólo vio él. Pudo ser gol.

Se produce un agarrón escandaloso sobre Henry dentro del área. El penalty más claro de los dos partidos, pero el árbitro tampoco lo ve.

Así se escribe la historia de la famosa eliminatoria Chelsea-Barça. Por mucho que desde Madrid nos cuenten sus fantasías, la realidad es la que es. El Barça fue perjudicado en los dos partidos de la eliminatoria ante un Drogba sobreexcitado -él sabrá por qué- y haciendo honor de la fama de cuentista que le acompaña en Inglaterra. Seguramente adquirió los fundamentos del teatro recibiendo lecciones particulares de su ex entrenador Mourinho.

La vergüenza más grande no es ni Ovrebo ni Aytekin

Ni Ovrebo ni Starks. Ni Aytekin. La vergüenza más grande del fútbol persigue al Real Madrid en toda su ejecutoria. Mientras tratan de abducirnos manipulando la realidad para engrandecer una leyenda negra contra el Barça (a 17 puntos no se les ocurre otra cosa para justificar la abismal diferencia), y convierten en legendarios nombres como Ovrebo o Aytekin, nos esconden las perrerías arbitrales gracias a las cuales el Real Madrid puede presumir de éxitos. Y aquí nunca hay sombra de la duda.

No harán famoso a Gianluca Rocchi, el árbitro que la semana pasada falseó el resultado del Real-Madrid- PSG, dando al Madrid un penalti que no era y comiéndose unas manos clamorosas de Sergio Ramos en el área desviando la trayectoria del balón, así como cortando los avances del PSG viendo fueras de juego inexistentes de sus jugadores o preocupoándose de no ver el patadón de Cristiano Ronaldo a un defensa justo antes del segundo gol blanco.

Tampoco convertirán en leyenda a Mark Klattemburg, el árbitro de la final de la Champions League que jugaron Real Madrid y Atlético en Milán. Concedió a Sergio Ramos el gol del Real Madrid en flagrante fuera de juego y luego evitó pitar una mano clamorosa del propio Sergio Ramos dentro del área, desviando también la trayectoria del balón. Ni Rocchi ni Klattemburg formarán parte de la leyenda negra del Real Madrid porque, a diferencia de lo que hacen los medios madridistas que intentan hacerse pasar por "prensa de todas las aficiones", los que no están sujetos a los principios fundamentales del movimiento blanco no pierden el tiempo desempolvando el pasado con maléficas intenciones. Eso queda para periodistas bufanderos acomplejados y enfermos de una obsesión incurable que se llama antibarcelonismo.

Podríamos seguir con la final de La Séptima, la del gol fraudeulento de Mijatovic en fuera de juego, y con... Pero es tan larga la historia negra del Real Madrid con los árbitros, que eso da para otro serial por capítulos. Lo importante es que no se hable de eso (y sí del Barça) no vaya a ser que pueda ponerse en duda la gloriosa historia repleta de fraudes del Real Madrid, el mejor amigo de los árbitros. 


Deja tu Comentario