2018-04-02 17:04 Real Madrid Por: Redacción MB

Rakitic descubre el chollo que supone jugar en el Barça

Rakitic se convierte en el mejor ejemplo de que no es lo mismo jugar en el Barça que en otro equipo



Que jugar en el FC Barcelona te hace tener diferentes privilegios con los árbitros es un secreto a voces. Pero que se haya demostrado con un ejemplo tan claro como el de Rakitic, ya roza el ridículo.

Y es que el croata, después de estar cuatro años en Barcelona y tras haber pasado otros 4 como sevillista, dejan al centrocampista con unos datos muy llamativos. 



En su etapa en el club hispalense jugó 117 encuentros de LaLiga, en los que realizó 104 faltas. De esas faltas recibió 24 tarjetas amarillas, mientras que en dos ocasiones fue expulsado. Estos datos resultan de lo más normal, pero al compararlos con las estadísticas de su etapa en Barcelona, es donde llama la atención.

Y es que Rakitic, en sus cuatro temporadas en el club blaugrana, lleva 128 partidos de LaLiga, en los que ha hecho 112 faltas (8 infracciones más), pero tan solo ha recibido 11 tarjetas amarillas y ninguna roja.

Esa es la diferencia que existe en esta competición. Si vistes de azulgrana tienes privilegios, y Rakitic ha descubierto en su propia figura que esa es la única verdad. Un total de 15 cartulinas menos han mostrado al croata habiendo hecho 8 faltas más.



 


 

Messi, licencia para abroncar al árbitro

A pesar de que Luis Suárez acostumbra a llevarse la peor parte en lo que se refiere a la polémica con la permisividad arbitral de los culés -el uruguayo ni siquiera disimula en sus agresiones, reproches, quejas y demás-, lo cierto es que Leo Messi tiene una actitud igual de desagradable o incluso peor que su compañero de delantera cuando se refiere a la relación con los colegiados. La prueba que lo confirma está en el encuentro con el Chelsea de los azulgranas en el Camp Nou, donde el argentino amenazó y abroncó al árbitro sin ninguna consecuencia.

Las cámaras captaron un momento de rebeldía cuando Damir Skomina le pidió que bajara las revoluciones al jugador tras quejarse airadamente de una acción. Fue entonces cuando el culé no sólo no acató las órdenes del colegiado, sino que además le hizo callar. Lejos de obedecer, Messi apuntó al árbitro con el dedo y le dijo que no le faltara el respeto y que no le hablara mal.

No es la primera vez que Messi se toma estas confianzas, ni siquiera la primera con Skomina. Este mismo curso, en la fase de grupos, el culé puso su mano en el hombro del árbitro, que se encontraba andando delante de él, para quejarse. Al argentino le han dejado que campe a sus anchas y ha acabado convirtiéndose en el rey del césped, que hace lo que le plazca e incluso tiene licencia para mandar a los árbitros e incluso amenazarles si lo considera pertinente.

Sin duda, esta es la cara que desde Barcelona siempre se han esforzado en tapar: la de un Messi agresivo, lejos del carácter apacible que en el Barça intentan pintar desde hace años.


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