2018-07-03 18:07 FC Barcelona Por: Ricard Cardona

Neymar y Cristiano Ronaldo, los más odiados del Mundial

El delantero brasileño del PSG y el portugués del Madrid se han convertido en personas 'non gratas' en el Mundial de Rusia por su actitud



El último partido de Brasil ante México hizo encender la mecha definitivamente: el mundo del fútbol no traga a Neymar. Al igual que pasase con Cristiano Ronaldo durante la fase de grupos, Neymar se ha convertido en el protagonistas de todas las críticas durante el Mundial. Tanto el brasileño del PSG como el portugués del Madrid se han convertido en los más odiados de Rusia por méritos propios.

Tras la nueva exhibición de teatro de Neymar, el legendario futbolista británico Alan Shearer también ha aprovechado para atizar a Neymar por su actitud. "Es absolutamente patético. No hay ninguna duda de su habilidad, es un jugador magnífico... pero es realmente patético cuando se revuelca como si estuviera agonizando", dijo. El mito del fútbol inglés también mandó un mensaje al brasileño en las redes sociales: "Basta. Estamos hartos".



Neymar y Cristiano se ganan el odio del mundo del fútbol

El caso es que Neymar se está ganando el odio de todos los aficionados y del mundo del fútbol en general. De hecho, Shearer es solo un ejemplo. Otro gran futbolista que se mostró en contra de la imagen de Neymar fue Peter Schmeichel, exportero internacional para Dinamarca, que tras el encuentro criticó al brasileño en BT Sport. “Dios mío, Neymar ganó el premio a mejor jugador, pero la FIFA debería haber mirado cómo se comportó. No consigo otra palabra para describirlo que lamentable. Irrita solo con ver cómo intenta forzar las cartulinas. Era como si se fuera a morir. Pensé que se iba a ir en camilla o en ambulancia y nunca pasó nada”.

Pero la realidad es que Neymar no es el único que ha despertado el odio en Rusia. Aunque ya está eliminado, Cristiano también sacó de quicio a las aficiones con su actitud durante la fase de grupos. Cada vez que salía a jugar era objeto de sonoras pitadas. Una demostración más de que el portugués nunca se ganará el respeto del público.


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