2019-02-18 14:02 FC Barcelona Por: Fede Peris

"Debe ser jodido que al final del atraco te quiten el botín"

El Real Madrid busca razones en el pasado, pero ni habla de la falta antideportiva de Randolph ni del campo atrás de Llull que eliminó al Andorra en uno de los escándalos más sonados de la historia hace dos años.



Una vez más el Real Madrid del señorío ha vuelto a traicionar su himno, el que dice:  "Enemigo en la contienda,  cuando pierde da la mano sin envidias ni rencores, como bueno y fiel hermano". El Real Madrid, al menos el Real Madrid de Florentino Pérez, lleva muy bien las victorias. Con Cristiano Ronaldo en fútbol en los últimos años y con Llull en  baloncesto. Mucha chulería, mucho gesto, mucha provocación. Somos los mejores. Eso es el Real Madrid, prepotencia, prepotencia y prepotencia. Es tanta su prepotencia que no pueden asumir las derrotas. Sólo están preparados para ganar. No son deportistas.

Por eso hay que inventarse villaratos o campañas de VAR para justificar los desastres de gestión de ese club que tiene a su equipo de fútbol a nueve puntos del Barça y en la misma línea del pasado año, cuando acabó tercero y a 17 puntos del campeón.



"Debe ser jodido que al final del atraco te quiten el botín"

Pero al mal perder madridista se une ahora su equipo de baloncesto. Debe haber un virus expandido por el club blanco que convierte a todos en llorones, en plañideras con lagrimones que se lamen las heridas de las victorias que no han sabido conquistar.

Y como es habitual, ahí tiene el Real Madrid a su aparato mediático de propaganda, que nace en casa, para distraer atenciones y echar la culpa a los demás de sus propias miserias. Leído en twitter: "Entiendo el cabreo blanco. Debe ser jodido que al final del atraco te quiten el botín".

Eso es exactamente lo que pasó ayer en la final de la Copa del Rey de baloncesto. Después del atraco mayúsculo con la agresión de Randolph a Singleton a 11 segundos del final, con un zurriagazo que pudo haber enviado al americano blaugrana al hospital, los árbitros no sólo no pitaron falta descalificante. ¡No vieron ni falta! Y era una jugada que no necesitaba de repeticiones de vídeo. La vio todo el mundo menos los árbitros. Pero de eso no hablan en el Real Madrid.



¿A que no se van de la ACB? ¿A quién quieren engañar?

Y no hablan porque todo lo que vino después hubiera quedado anulado. El Barça ganaba por 90-92 a once segundos del final, debió lanzar dos tiros libres y luego posesión de balón por la falta descalificante y antideportiva de Randolph. Eso es lo que debió pasar. Pero en el Real Madrid de la intoxicaciones y las manipulaciones, en el Real Madrid de los malos perdedores y peores deportistas y profesionales, en el Real Madrid en donde impera la mala educación cuando se trata de conjugar el verbo perder, ahora dicen que se plantean abandonar la ACB y que lo van a consultar con sus socios.

¿A que no? Otra mentira, otra intoxicación, otra manipulación. Tiene gracia que el Real Madrid se queje de los árbitros y que se remonte incluso al pasado cuando aún está fresco el atraco que sufrió el Morabanc Andorra, hace dos años en esta misma competición, que fue eliminado por el Real Madrid en cuartos de final por un campo atrás de Llull de libro. Incluso de eso el madridismo hizo un motivo de orgullo coreando el "¡era campo atrás!" e incluso fabricando camisetas con la frase "era campo atrás" para regodearse de su victoria conseguida con trampas, algo que entra dentro de la normalidad en el Real Madrid.

De eso no hablan en el Real Madrid. No les interesa. Su capacidad de manipulación exige inventar lo que no es y borrar lo que es. Nada que ver la pataleta de club pequeño mostrada por el Real Madrid con la grandeza con la que todos los miembros del Barça afrontaron la victoria, reconociendo los méritos del rival y sin acordarse para nada de la entrada de juzgado de guardia de Randolph que quedó impune y que a punto erstuvo de decidir el partido.

Buena señal cuando el equipo que más tiene que callar se dedica a llorar. Buena señal. Algo está haciendo bien el Barça. Que dure el pataleo blanco. Cuando pierde no da la mano, se lo impiden las envidias y rencores que les comen por dentro y pueden con ellos. Ver a Felipe Reyes, a su edad, haciendo el ridículo y quedando retratado como un mal deportista da mucha pena. El caso de Rudy Fernández es diferente. Es así y no cambiará. Ni siquiera ahora que ya, el pobre, es una sombra de lo que en algún momento pareció ser. Pareció.

 

 


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