2020-09-23 20:09 Leo Messi Por: Redacción MB

El desprecio de Bartomeu a Luis Suárez enfurece (todavía más) a Messi

Messi entiende que el trato que está recibiendo Luis Suárez del Barça también va dirigido a él.



La decisión del FC Barcelona de intentar paralizar la marcha de Luis Suárez al Atlético de Madrid ha servido para enfurecer todavía más a Leo Messi, que sí hasta ahora mostraba una desconfianza total hacia el presidente Bartomeu, ahora ya ha entrado en la fase de indignación.

Las tres razones de la marcha atrás de Bartomeu

El propio Luis Suárez ha agarrado un enfado monumental cuando después de llegar a un acuerdo con el FC Barcelona y con el Atlético de Madrid, Bartomeu se ha echado para atrás. Alguien le ha recordado que el Atlético es un rival directo del Barça en todas las competiciones en las que participa, que con Luis Suárez estaba a punto de repetirse el caso de David Villa (que se fue por 1, 5 millones y luego ganó La Liga y llegó a la final de la Champions League). Finalmente, Bartomeu ha reculado por entender que se lo ponían muy fácil al Atlético, cuando el club colchonero se ha mostrado siempre como un duro negociador cuando el Barça ha abordado operaciones como las de Arda Turan o Antoine Griezmann.



Para colmo, la portada del diario Marca ("Gol del Atleti") ha acabado por convencer a Bartomeu de que Luis Suárez no se podía ir gratis al Atlético y mucho menos pagando el Barça la mitad de la ficha, tal y como ya se había acordado con el jugador uruguayo.

Koeman no quería a Luis Suárez ni en pintura

Lo cierto es que el lío con Suárez lo inició Ronald Koeman cuando en su primer día como entrenador del Barça le dijo que no contaba con él. Luis Suárez no se inmutó y recordó que le quedaba un año más de contrato. Si querían verle fuera del club, sólo tenían que pagarle el año que le quedaba y concederle la carta de libertad para fichar por quien él quisiera.

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Bartomeu estaba muy interesado en su marcha. Por un lado porque en el puesto de mando del club entienden que el uruguayo es una mala compañía para Messi, aunque a estas alturas ya poco parece importar ese detalle. Y, por otra parte, perderle de vista significaba aligerar la masa salarial del club, que roza los límites permitidos por la FIFA y su plan de fair play financiero. El club estaba dispuesto a regalar a Luis Suárez. De esta manera se ahorraba los 23 millones de euros brutos que percibe por temporada. Incluso asumía no obtener ningún beneficio por su marcha.

Al Barça le iba a costar dinero reforzar al Atlético

Pero Luis Suárez llegó a un acuerdo con el Atlético que contemplaba su llegada a coste cero y la ayuda del Barça pagando la mitad de la ficha por los dos años de contrato que iba a firmar. Es decir, que el Barça no sólo no veía un euro con la salida de su goleador (que le costó 81 millones hace seis años), sino que además le iba a costar alrededor de 20 millones de euros reforzar a uno de sus rivales directos.

Bartomeu se lo pensó mejor y paralizó la operación. "Si el Atlético quiere a Luis Suárez, que lo pague", comentó a uno de sus directivos, recordando las dificultades que vivió el Barça en el pasado para incorporar a su plantilla a jugadores colchoneros.

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Ayer por la tarde tuvo lugar una reunión entre el jugador y sus representantes y la cúpula directiva, con el presidente Bartomeu a la cabeza.  El jugador se mantuvo en sus trece de que si no le ayudan a marchar, se quedará, pero advirtiendo que convocaría una rueda de prensa en la que Bartomeu no quedaría en buen lugar. Y Ronald Koeman insistía en que no quiere a Luis Suárez trabajando con él, a pesar de que públicamente ha reconocido que si finalmente se quedaba sería uno más. Y Suárez sabía que no sería uno más. Sería el último a quien recurriría Koeman de la larga lista de delanteros que se disputarán cada partido un hueco en el once titular.

Una partida de poker con muchos faroles

Las dos partes deseaban llegar a un acuerdo. El Barça no quería perder dinero con la operación y Luis Suárez no deseaba pasar un año en blanco. A los 33 años, podría significar el final de su carrera. Y él lo sabía. Las dos partes están librando una partida de poker en la que los faroles están a la orden del día.

El Atlético finalmente se compromete a pagar dos millones por temporada en el caso de que el Atlético consiga entrar con Luis Suárez en los cuartos de final de la Champions League. en el peor de los casos, cuatro millones. Una ganga. La opción alternativa de Cavani nunca la llegó a contemplar.

Bartomeu no ha olvidado que cuando fichó a Griezmann el Barça tuvo que pagar hasta el último euro de su cláusula de rescisión: 120 millones. Y aún tuvo que añadir 15 más porque el club rojiblanco amenazó con llevar al Barça a los tribunales por haber negociado con su futbolista fuera de los plazos contemplados por la FIFA. Eso es lo que le impedía dar facilidades al club madrileño. Pero finalmente tuvo que ceder protagonizando un nuevo sainete que le descalifica como presidente.

El enfado de Leo Messi

El enfado de Luis Suárez llegaba porque en su contrato se advertía de que en ningún caso podrá irse del Barça libre para reforzar a rivales directos. Y en el papel se leían los nombres de Real Madrid, Bayern Múnich, PSG, Juventus y los dos equipos de Manchester. El Atlético no aparecía por ningún lado, por lo que el jugador uruguayo estaba indignado por lo que entendía era una falta de formalidad de los directivos del club.

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El mosqueo del jugador fue tan grande que amenazó con convocar una rueda de prensa en la que lo iba a explicar todo. De ahí nació la reunión en las oficinas del Camp Nou en la que Bartomeu se acobardó y cedió. Y si Suárez está enfadado, Leo Messi, su amigo del alma, más. Messi suma a su indignación con Bartomeu la de su amigo. Las relaciones con el presidente son irreconciliables, pero para fortuna del Barça, los días de Bartomeu están contados. Si la moción de censura prospera, podría saltar de su puesto en el mes de noviembre. Si no, su fecha de caducidad está fijada para marzo, cuando tendrán lugar las elecciones a la presidencia del club a las que él no podrá concurrir.

Lo cierto es que Leo Messi entiende que el trato que está recibiendo Luis Suárez por el Barça va también dirigido a él. Es una manera de recordarle que ya no manda en el club y que su amigo intocable puede ser despedido de mala manera.

Y los candidatos ya han dado los primeros pasos para conseguir de Leo Messi tiempo para negociar una renovación que sólo llegará si los nuevos gestores son capaces de transmitir al futbolista la confianza que no le genera Bartomeu y le presentan un proyecto deportivo acorde con lo que él espera en sus últimos años de carrera como profesional. 

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