2021-07-21 19:07 El Lado Oscuro de Laporta Por: Administrador

El lado oscuro de Laporta. Capítulo 44: Se va a la Eurocopa a apoyar a la selección de España

Animando a España / El rey de la improvisación / El 60% para él sólo es un 15% / Agradecimiento a su amigo Villar / Auge y caída de Laporta  / Relaciones sentimentales / Cruyff no asesora, sólo vota Laporta  / Recorta protagonismo a sus directivos / El pr



Capítulo 44 del libro "El lado Oscuro de Laporta", de Pedro Riaño, en el que repasamos todos los detalles del primer mandato de Joan Laporta como presidente del Barça para entender su comportamiento en la actualidad. 

Animando a España

En pleno proceso de la moción de censura y poco después de pronunciar en Olot su polémico e ilustrativo “Visca Catalunya Lliure!”, Laporta se fue a Viena junto a Albert Vicens para apoyar en la Eurocopa a la selección española de sus amigos Villar y Gaspart. Los buenos jugadores saben jugar a todas las barajas. También los jugadores independentistas.




EL Lado oscuro de Laporta


Utiliza a la Asamblea en beneficio propio

Superada la moción de censura por los pelos, Laporta echó mano de la sibilina treta de dejar su futuro en manos de la Asamblea, un órgano en el que él nunca creyó como opositor –llegó a comparar a los asambleístas con una pandilla de beneficiarios del Imserso-. Entre sus atribuciones no tenía la de ratificar o despedir a presidentes. Pero a algo tenía que agarrarse. También se agarró a Josep Guardiola como a un clavo ardiendo. Desde el 6 de julio, día en que los socios le hicieron llegar su rechazo mayoritario, hasta el 24 de agosto, fecha de la asamblea, Laporta se apoyó machaconamente en el concepto de la ilusión que Guardiola generaba en todos. Y no perdía una sola ocasión para tratar contagiar a todo el barcelonismo de esa ilusión que debería permitirle seguir en el cargo, aún sabiendo que la mayoría de los socios no le querían.

Un gol lleva a Guardiola al banquillo del Barça

En una entrevista concedida a El Periódico, Laporta decía el 13 de julio de 2008: “Espero que tomen conciencia de que se ha de acabar esta actitud de erosión permanente”. Viniendo de él, la frase tenía su miga. “Ha sido una gran decisión confiar en Pep Guardiola. Transmite entusiasmo, conocimientos y capacidad de trabajo, y todo ello motiva. Si he decidido continuar, una de las razones es la ilusión que me genera este proyecto. Quizá me habría costado más según qué determinaciones hubiéramos tomado. Pero, sinceramente, este proyecto me da mucha fuerza, mucha energía, mucha ilusión”. El que estaba unos días antes buscando fuerzas par no hundirse había encontrado en Guardiola a su propio salvavidas. La palabra “ilusión” sería repetida por el presidente con aburrida insistencia. Y fiel al guión preparado para su defensa, tampoco olvidaba su segundo gran argumento: la crisis es exclusivamente deportiva. Lo decía en la misma entrevista de El Periódico: “Si llegamos a ganar la Champions no estaríamos así. Y nos fue de un pelo. Un gol. Yo habría defendido la continuidad de Rijkaard y no habríamos vivido esta situación de convulsión institucional. No se habría activado una moción de censura, estoy convencido”. Seguía sin entender que el tema deportivo influía, pero no de manera decisiva, en el rechazo generalizado del socio hacia su persona. Otros presidentes estuvieron años y años sin ganar nada y a nadie se le ocurrió plantearles mociones de censura… hasta que llegó él, claro. Lo preocupante era el reconocimiento de que si hubiera llegado ese gol en Old Trafford, Guardiola no se habría sentado en el banquillo del Camp Nou y se habría prolongado la agonía de Rijkaard. Así improvisaba Laporta sus proyectos, en función de un gol de más o de menos.



 


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El 60% para él sólo es un 15%

Decía el locuaz Laporta en Catalunya Ràdio el 11 de julio: "Es la asamblea quien me ha de orientar, no los periódicos ni las tertulias. No dejaremos el Barça en sus manos". Qué curioso. Diez años atrás Núñez tenía que dimitir porque se lo exigía él desde las tertulias (acudía a todas). Y entonces la asamblea para él no era más que una vulgar representación del Imserso.
Más. Decía Laporta que los 23.870 (60,6%) que votaron a favor de la moción sólo “representan al 15% de la masa social”, argumento que jamás utilizó cuando presumía de una victoria histórica y abrumadora en 2003 que se produjo con los votos de una inmensa minoría de la masa social (tres de cada cuatro socios no le votaron). Los datos los manejaba según le iba en la feria. Otro ejemplo: “80.000 han considerado que no hacía falta votar”, apropiándose así de la abstención.

Núñez le pone nervioso

Instalado en su atalaya de gloria, seguía sin entender que era precisamente eso, su prepotencia, su chulería, su demagogia lo que había llevado al socio a rechazarle mayoritariamente en las urnas por encima de dos temporadas pobres de resultados. Pero él seguía sin darse por enterado y continuaba embaucando. También le daba a Núñez, al que acusaba de que “sólo sale cuando la situación del club es complicada”. Se refería al periodo de ocho años de silencio únicamente roto cuando acudió a ejercer su derecho a voto y se le echaron encima 20 micrófonos. Eso le ponía nervioso a Laporta, el mismo que echaba pestes a todas horas contra el presidente contra el que le tocó perder siempre. Siempre. Y eso que Núñez se presentó en las votaciones a las siete de la tarde, restando así valor a la capacidad de persuasión de sus palabras entre el electorado. Era evidente que si a Laporta le molestaban unas breves declaraciones de alguien que llevaba ocho años de prudente silencio, no habría podido soportar la presión de un Elefant Blau desbocado y dispuesto a todo con tal de acceder al poder a cualquier precio. Y se agarraba al apoyo de sus amigos. Ángel Villar, por ejemplo: “Villar es una persona absolutamente respetable que ha demostrado que resistir es ganar contra un grupo poderoso de comunicación”. En eso estaba él, emulando a su maestro y amigo en el arte de atrincherarse en el sillón y pelearse contra todo aquel que no le ovacionara. Y ya metido en campaña electoral dos años antes de la fecha de las elecciones, afirmaba que “Rosell no sería un buen presidente. Sé cómo es y, aunque tiene virtudes, no posee el perfil, no es la persona adecuada”. Una vez más volvía a demostrar su falta de sintonía con el socio.  Seguía sin conocer cómo respiraba el electorado.


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Auge y caída de Laporta

El 13 de julio de 2008 Luis Gómez escribía en El País un durísimo artículo en el que el presidente no salía precisamente bien parado: “Cinco años después queda Laporta rodeado de amigos de la infancia (el perfil de directivo que no pregunta). Es un esquema harto conocido en el mundo del fútbol: el presidente con su junta de floreros (…) Laporta ha participado muy poco en la gestión del club. De hecho, su participación fue nula en los primeros momentos. Sin embargo, ha quedado la conclusión de que la gestión ha sido suya (…) “Su radicalismo político no era un problema en principio", cuenta un ex asesor de Laporta. "Sus ideas nacionalistas e independentistas eran conocidas, pero no habrían sido un problema si no las hubiera ligado a sus actividades como presidente”. "En ese sentido", explica un ex directivo, "Laporta lo hizo mal. Falló en los gestos. Nadie le escribió en ningún discurso lo de Visca Catalunya Lliure. Ni siquiera era necesario en un club como éste decir Visca Catalunya. Lo apropiado era decir Visca el Barça” (…) Sus andanzas comenzaron a hacerse públicas o a correr en voz baja. Los éxitos del equipo garantizaban cierta cobertura, una impunidad gratuita: los medios silenciaron algunos hechos por preservar la inmaculada popularidad del equipo y con ella la de su presidente. Pero algunas cosas no estaban funcionando bien”.

Relaciones sentimentales

Seguía Luis Gómez: “Ebrio de popularidad, no midió ninguno de sus actos, ni siquiera aquellos que podían afectar a su vida privada. Empezaron a ser públicos, que no publicables, las relaciones sentimentales de algunos altos cargos con personal del club, y entre ellos el propio presidente. Había un ambiente interno de euforia sin freno tal que la mezcla de camaradería, goles, celebraciones y amoríos entre algunos de sus protagonistas parecían confundir el Edén con el Barcelona… Algunas leyendas urbanas corrieron por la ciudad relacionadas con los jugadores, Laporta y algunos de los suyos. No se ha hecho un gran esfuerzo por verificarlas en algún caso. En otros, hay testigos presenciales. La ciudad ha sido un hervidero de rumores … Los rumores sobre la vida alegre de algunos jugadores no son nuevos cuando corren tiempos de crisis deportiva. Pero en este caso, se les incorporaba un elemento nuevo: el propio Laporta. Como si fuera un protagonista más. Los rumores sobre su separación matrimonial aumentaron y en esas saltó el episodio del robo de su ordenador. Alguien sustrajo el ordenador del presidente en las oficinas del club. Parece que fue intencionado. Alrededor de ese ordenador y su presunto contenido se han disparado todo tipo de versiones. Como siempre, Laporta estaba en medio. Y el prestigio del Barcelona, en entredicho”.

Cruyff no asesora, sólo vota Laporta

Y añadía: "Del club se comentaban algunas cosas que eran falsas. Una de ellas era el caso del asesoramiento de Johan Cruyff", explica un directivo. "Cruyff no asesoraba al club, de hecho se quejaba de que ya no le preguntaban, pero cuando llega la hora de votar en la moción, Laporta lo hace con Cruyff. Otro error".


EL Lado oscuro de Laporta


Recorta protagonismo a sus directivos

Para Luís Gómez, en El País,la gestión de Laporta comenzó a ser juzgada por lo que sucedía en el terreno de juego y por sus comportamientos fuera del estadio. En noviembre de 2007, recomponía el organigrama de su junta para limitar las competencias de algunos de sus directivos más brillantes y evitar que adquirieran un protagonismo que reservaba para él. Ese comportamiento neurótico propio de quienes creen que hay conspiraciones contra él ya se había manifestado en otro turbio suceso relacionado con el descubrimiento de unos micrófonos ocultos en el club. Por otro lado, Laporta había llegado a la conclusión de que él representaba mejor la esencia del aficionado culé: mientras los tecnócratas ganaban dinero en el extranjero, él había permanecido años escuchando las inquietudes del socio”.

El problema es Laporta, no su gestión

Y concluía El País: “Una encuesta realizada por TV3 días antes del voto de censura proclamaba que el 77% de los socios aprobaban las últimas decisiones del club: el fichaje de Guardiola como entrenador y la marcha de Ronaldinho y Eto'o. Estaba claro que los socios daban por buena la gestión, pero no quieren a Laporta", concluye un ex directivo”.

 

MAÑANA, CAPÍTULO 45

El escándalo de las tribunas / Negocios en Miami, bolos en Uzbekistán / Vitoreando a Antoni Bassas / Dando la nota con Bruce Springsteen / Lío con Messi / Numerito con Air Berlín / Abre la Bolsa en Wall Street


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