El partido contra el Villarreal terminó de la peor manera posible para Julián Álvarez. El argentino entró en los últimos minutos, pero apenas pudo intervenir en el juego y vivió un nuevo episodio de tensión con la grada del Metropolitano.
Cuando llegó el momento de agradecer el apoyo de la afición, sus compañeros se quedaron sobre el césped y Julián tomó otro camino.
El último gesto de una ruptura anunciada
Julián salió al campo en los últimos minutos. No tuvo tiempo para cambiar el partido ni consiguió convertirse en protagonista. Pero lo verdaderamente significativo ocurrió después del pitido final.
Mientras sus compañeros se acercaban a la grada para agradecer el apoyo, Julián se marchó solo hacia los vestuarios. No quiso participar en el saludo.
Después de lo ocurrido durante el encuentro, el gesto resulta difícil de interpretar como una casualidad. La afición llevaba todo el partido mostrando su enfado con el delantero argentino. Y el desencuentro ya parece total. Incluso irreversible.
La grada pide que le echen
La relación entre Julián y los aficionados del Atlético ha llegado a un punto límite. Durante el partido se escucharon insultos contra el delantero y también cánticos reclamando a la directiva que lo deje salir: "Que se vaya, dile que se vaya, de una p... vez".
Es la consecuencia de una historia que lleva semanas deteriorándose. Julián quiere marcharse al Barcelona, pero el Atlético no quiere facilitar su salida a ese destino.
Y la afición considera que el jugador ya no está plenamente comprometido con el proyecto. El divorcio que comenzó en los despachos ya se ha trasladado al césped y a las gradas.
Julián nunca se declaró en rebeldía
Y aquí está una de las claves de lo ocurrido. El delantero argentino nunca optó por el enfrentamiento abierto.
Pidió disculpas a los capitanes y aceptó continuar trabajando con normalidad. No dejó de entrenarse ni se negó a jugar. Pero tampoco cambió su posición. Julián seguía queriendo marcharse.
Esa postura ha provocado una situación cada vez más incómoda para el Atlético, que necesita jugadores completamente comprometidos mientras mantiene abierta una operación que puede terminar con una salida.
Ahora la tensión ya no se puede esconder. Y, como dice Mateu Alemany, la situación ha puesto a todos en su sitio, a él también.
El Barça sigue esperando
La gran incógnita continúa siendo su destino. Julián quiere jugar en el Barça y el Barcelona mantiene al argentino como una de sus prioridades para reforzar la delantera. El problema sigue siendo el Atlético.
El club rojiblanco no quiere vender a Julián al Barcelona y ha estudiado otras posibilidades, entre ellas la del Arsenal. Pero hay una variable que puede cambiar la negociación.
Mantener a un futbolista que ya no tiene el respaldo de su afición puede convertirse en un problema mayor que aceptar su salida. Y el Atlético acaba de vivir una prueba evidente.
Una despedida sin despedida
Julián no ha anunciado que se marcha. No hizo declaraciones diciendo que aquel era su último partido. Pero los gestos también hablan.
Entró en los últimos minutos. No encontró protagonismo. Escuchó los reproches de la grada.
Y cuando llegó el momento de compartir con sus compañeros el reconocimiento de la afición, se marchó solo al vestuario. Él no tenía nada que reconocer al público del Atlético.
La relación parece rota y ya no hay demasiado margen para reconstruirla. Ahora falta saber una cosa. Si Julián Álvarez no volverá a vestir la camiseta del Atlético, ¿será el Barça quien termine recogiendo al delantero del naufragio?